jueves, 26 de junio de 2014

Gran Premio de Madrid 2014.

El REY, LA REINA Y EL PRÍNCIPE.


Esta nueva edición del Gran Premio de Madrid se presenta como una de las más apasionantes de los últimos tiempos. La presencia de un potro de tres años, Arkaitz, que ha deslumbrado a lo largo de toda la temporada de primavera, ha disparado el interés de la carrera. La yegua Friné encabeza la representación del preparador Joanes Osorio, quien con cinco efectivos puede revolucionar la carrera. Por si faltasen alicientes, el eterno Entre Copas y el descalificado vencedor de 2013, Achtung, estarán presentes en un Listed al que solo se echa en falta una presencia internacional algo más lustrosa.

ACHTUNG. (0)

La memoria de Roberto López estará muy presente en el hipódromo en el aniversario de su muerte. Achtung, el ángel que aquel día hizo derramar lágrimas en las tribunas, puede demostrar que aquello fue algo más que un espejismo fugaz. Llega a la cita con menos rodaje que el resto y hay mejores rivales que hace un año. Su victoria sería, en todo caso, menos poética que entonces.

AVANTE. (0)

Siendo un caballo de remate progresivo, quedó fuera de juego al toque de corneta en el lento premio Rheffissimo. El borrón no ensucia un historial repleto de colocaciones en grandes premios. Puede faltarle chispa en los metros finales, pero su honestidad, junto a la casi segura certeza de que esta vez se correrá de verdad, puede acercarle de nuevo al podio.

BILADI. (-1)

Rinde mejor cuanto más dura es la carrera. Y este Gran Premio tiene toda la pinta de que va a suponer un esfuerzo titánico desde la salida. Lo normal es que Urbina repita la táctica que le ha servido para hacer gemela en sus dos únicos compromisos de la temporada: retenerlo al principio, soltarlo poco a poco y progresar en la recta hasta donde le dejen sus rivales. El trío está a su alcance.

BLUES WAVE. (¿?)

Sorprende su reenganche. Igual que llama la atención que ningún otro caballo entrenado fuera de España (con la excepción de Andry Brusselles) haya querido pelear por los 60.000 de premio al ganador. Ganador en Alemania, fue discreto octavo en una prueba de categoría D en Francia. Sería una decepción para los nuestros verlo en la llegada, pero no creo que eso suceda.

CAMPILLO. (+1)

Siempre me ha parecido más un caballo de preparatorias que de grandes premios, pero su valor francés (44) es suficiente para alcanzar aquí una de las cuatro plazas remuneradas, más aún cuando estuvo cerca de ganar en Burdeos en su última carrera. Le gusta correr en punta, pero a un ritmo no demasiado severo, táctica que beneficiaría a su compañero de preparación, Fortun, y perjudicaría a la Armada del Duque. Por eso no creo que le dejen hacer su carrera.

ENTRE COPAS. (+1)

Habrá que rendirle honores una vez más, gane o pierda. Ésta será su séptima presencia en una carrera que ha ganado en dos ocasiones, ha sido segundo en otras dos y tercero en otra. A sus diez años, merece todo el respeto del mundo. Otra cosa es que inspire temor. Pero que nadie se olvide: Entre Copas sigue siendo el Rey, el caballo que jamás abdica cuando galopa sobre la hierba.

FORTUN. (-2)

Vencedor en tres de las cuatro carreras que ha disputado desde su regreso. Ganó el Derby cuando casi nadie lo esperaba, ganó después de más de un año sin correr cuando casi nadie lo esperaba y ganó la preparatoria de esta carrera cuando, de nuevo, casi nadie lo esperaba. ¿Outsider? Sin duda, merece serlo. Tiene el don de la oportunidad. La paciencia de Maroto y los brazos de Fayos pueden hacer el resto.

NESO. (-5)

Si el Duque desea una carrera rápida, Neso parece el más indicado para jugar el papel de liebre. El caballo luce el perfil clásico made in Algete –fondista, atrasado, calidad a raudales- y tiene pinta de que en el futuro será protagonista en los grandes premios, aunque puede que todavía le falten algunas carreras para eso.

ANDRY BRUSSELLES. (-1.5)

Ganó un Villamejor algo devaluado -la generación del 2010, me temo, no pasará a la historia de nuestro turf- pero en Francia ha acreditado un valor 40 nada desdeñable. Su preparador, Christian Délcher, sabe muy bien lo que hace cuando viaja a España (por si alguien lo había olvidado, me remito a Filly Medi). Conviene no quitarle el ojo, aunque insisto: este Gran Premio es mucho Gran Premio.

FRINÉ. (+5.5)

Laureada en Grupo III en Francia. Con las tablas en la mano, su victoria no debería peligrar. Pero hay argumentos en contra: una preparatoria que sembró dudas, poca experiencia en carreras frente a machos y un enemigo, Arkaitz, con ganas de comerse el mundo. Friné es la Reina de nuestro turf y merece, como Entre Copas, el máximo respeto. Sus colores, por cierto, no ganan la carrera desde la hazaña protagoniza por Tebas (y el Duque) en 1968.

NAVARRA. (-5.5)

En 2013 ganó el Oaks, pero desde entonces –como le ha sucedido a Rilke, vencedor del Derby y compañero de preparación- no conoce la victoria. En el premio Rheffissimo corrió con dignidad y ése ha sido seguramente su pasaporte para estar en la salida del Gran Premio. Presumo para ella una cotización muy alta en las apuestas, algo extraño tratándose del tándem Janácek-Arizkorreta.

ARKAITZ. (+4)


Su trayectoria hasta ahora es impecable. Y su forma de ganar, implacable. Si no está imbatido es porque un tal Noozhoh Canarias le sacó de paso en los 1400 metros del Torre Arias, pero aquel día él batió a todo un especialista en la distancia como Buscavidas. En las últimas ediciones del Gran Premio los tres años no han podido con los viejos, pero en el pasado ésta fue una carrera muy favorable para los jóvenes. El Príncipe Arkaitz espera coronarse ante Friné y Entre Copas. Su generación merece el trono.

Pronóstico: ARKAITZ-FRINÉ-ENTRE COPAS

miércoles, 25 de junio de 2014

Jaime Gelabert.

GELABERT: LA SAGA QUE NO CESA.

Jaime Gelabert escucha atentamente las instrucciones de su preparador antes del inicio de la tercera carrera, un tupido y bullicioso hándicap. Su padre y su hermana parecen algo más nerviosos que él. Solo tiene 17 años y está será la octava monta de su vida, pero transmite confianza al tiempo que se expresa con humildad: “Lo mejor que tengo es mi peso: 41 kilos. En todo lo demás debo mejorar”.

DE TAL PADRE…

Seguridad en sí mismo y ganas de aprender. Puede que ambas cualidades tengan relación con la genética, porque ciertas historias se repiten. Jaime Gelabert, por ejemplo, debutó el 1 de agosto con Deseado. En aquella carrera nocturna, sobre la fibra madrileña, hizo casi todo el recorrido cerca de la punta, emparejado con José Luis Martínez: “Se puso a mi lado y me ayudó. Es uno de los jockeys a los que más admiro, junto a Janacek y Soumillon. Hace ahora 34 años, otro joven aprendiz llamado Bartolomé Gelabert –su apodo, Tolo, se haría pronto popular- decidió atacar en la curva de El Pardo montando a una yegua llamada Surfer Girl; en ese momento escuchó cómo alguien, a su lado, le gritaba: “Espera, niño, que todavía queda mucho”. Era Claudio Carudel. El niño esperó y ganó la carrera.

La ascensión de Tolo Gelabert fue meteórica; con 18 años se convirtió en el jockey titular de la cuadra Mendoza, con 20 ganó la Copa de Oro de San Sebastián con La Novia, batiendo a Raiponce en una recta final que todavía recuerdan los viejos aficionados. Era el sustituto de Román –de baja por lesión-, el rival de Claudio, el elegido para convertirse en su heredero: Carudel y Román Martín eran los mejores, pero había ocho o diez jinetes de primer nivel. Sin embargo, para los jóvenes era más fácil llegar. Había carreras para aprendices y hándicaps en los que podíamos montar con 40 kilos. Existía una escuela de aprendices y los jockeys veteranos nos ayudaban.”

Existen otras diferencias entre su generación y la de sus hijos. Tolo dejó pronto los estudios para poder convertirse en jockey. Jaime compagina ambas tareas: “Voy al instituto por las mañanas y estudio por las tardes. Solo monto los sábados y alguna vez entre semana, pero me gustaría dedicarme a esto”. Lucía, su hermana, acaba de terminar la carrera de Magisterio y monta cada mañana en el hipódromo, ahora en la preparación de Guillermo Arizcorreta: “Entrenar es muy duro, sobre todo cuando hace mucho calor o mucho frío, pero cuando ves ganar a un caballo que estás montando todas las mañanas merece la pena. Quiero seguir montando como amazona. Es mi gran pasión. Pero también quiero ser maestra. Espero poder compaginar las dos cosas”.


Jaime, junto a su hermana Lucía y su padre, en el paddock de La Zarzuela (Foto: A Galopar)


UNA HISTORIA MUY ANTIGUA.

Explorar el árbol genealógico de la familia Gelabert es cómo como bucear en el pedrigrí de un potro de dos años con maneras de campeón. El abuelo de Lucía y Jaime fue Bernardo Gelabert, jinete en los años 60 y 70; pero su bisabuelo fue Máximo Beguiristáin, uno de los jockeys más populares de la posguerra. El propio Tolo ganó tres veces la estadística de jockeys en los años 80 y fue segundo en otras tres. Fue el primer jockey de Mendoza y de Rosales, las dos grandes cuadras de su tiempo. Con sus hijos, en cambio, pide paciencia. Les dice una y otra vez lo duro que es el oficio, la gran afición que se necesita para poder dedicarse a él: “Están aprendiendo y todavía les falta fuerza, pero Lucía tiene muy buenas manos, sabe llevar muy relajados a los caballos. De Jaime me ha sorprendido la tranquilidad que tiene. Se acopla muy bien en la recta, arreando y sacando el látigo al mismo tiempo. Tiene con mucha coordinación”.

Lucía y Jaime aprendieron a montar en los clubes hípicos donde comenzó a trabajar su padre, como profesor de equitación, cuando el Hipódromo de La Zarzuela fue clausurado. Una década después, con la reapertura, Tolo regresó, perdió muchos kilos y volvió a ganar carreras. Sus hijos descubrieron entonces que los caballos del hipódromo eran muy distintos a los de hípica. Para Jaime, que monta a caballo desde los siete años, aquello fue una revelación: “La primera vez que me subí a un purasangre fue en Mijas, estando de vacaciones. Jorge Rodríguez me dio la oportunidad. No tenía nada que ver. Me encantó. Poco tiempo después ya estaba trabajando en su preparación.”
Lucía ya acumula bastante experiencia. Debutó hace más de cinco años y ha ganado siete carreras, la mayoría con caballos poco o nada favoritos, aunque reconoce que le gustaría montar más a menudo los domingos. “Entre semana somos muchas las chicas que montamos, pero el día de las carreras es más difícil. Aún me falta coger músculo, pero tengo afición, paciencia y constancia. Mi padre siempre me da los mismos consejos: no pises al de delante, no molestes a nadie, haz lo que todo lo que te diga el preparador. Algún día me gustaría montar para él”.

EL NUEVO DESAFÍO.

Ese día puede llegar muy pronto. Tolo Gelabert ha dado el paso que algunos llevaban tiempo reclamándole. Ha obtenido la licencia de entrenador: Mauri Delcher ha sido el que más me ha animado a hacerlo. Y no solo eso. También me ha buscado los clientes. Cuando se marchó a Francia, me quedé con algunos de sus caballos, aunque él seguía figurando como titular de la preparación. Le estoy muy agradecido por todo”.

Su vida también ha cambiado. Un jockey se sube a un caballo, hace su trabajo y después se baja. Ahí termina todo. Un preparador tiene otras preocupaciones: “Mañana y tarde estás pendiente de los caballos: si comen o no comen, si tienen alguna pequeña herida o sangran. El preparador nunca descansa”.

El 6 de diciembre debutará con Baruk, una potra hija de Faramir; y con Saduceo, un tres años de la cuadra Alisares. De los ocho ejemplares que tiene en sus boxes, la mitad son yearlings: “Hay que ir despacio con ellos” –afirma con cautela. Bartolomé Gelabert, en el fondo, lo sabe muy bien: en el turf es mejor tomarse las cosas con paciencia, ir tapado, esperar hasta el final para atacar y meter la cabeza justo en el poste de llegada, como le decía Claudio.

En el paddock Tolo y Lucía le desean suerte a Jaime antes de subirse al caballo que monta en la tercera. Según los especialistas en pronósticos hoy no tiene muchas opciones, pero… ¿quién sabe? Es posible que lo mejor de la saga esté aún por llegar.

Noviembre de 2013 (Publicado en A Galopar).

Carlos Guiñales.


viernes, 20 de junio de 2014

Vídeo sobre el turf.




A pesar de que el hipódromo de La Zarzuela se encuentra situado a muy cerca del centro de la capital, la mayoría de los madrileños no lo ha visitado nunca. El turf continúa siendo un espectáculo muy minoritario y apenas es conocido en España.

En otoño de 2013 animé a mis compañeros de Tmex (Televisión Online creada por los trabajadores despedidos de Telemadrid) a realizar un vídeo sobre las carreras de caballos. Quería que fuese un trabajo lo más didáctico posible porque estaba dirigido precisamente a esa mayoría que lo desconoce todo sobre el turf, pero también me propuse transmitir ese cúmulo de sensaciones que se viven cada día en un hipódromo.

El resultado, por supuesto, es solo un pequeño esbozo de todo eso. El turf es un mundo inabarcable, imposible de condensar en un vídeo de solo unos minutos, pero espero algún pequeño detalle haya servido para despertar el interés de los aficionados del mañana.

Quiero dar las gracias a Jorge Rodríguez, Nicolás de Julián, Julio Díez, Jesús Fernández Mur, Abraham García y Fernando Savater por sus valiosos testimonios y a Tmex por haber accedido a una petición que, sin duda, al principio les sonó extraña.

Carlos Guiñales.

jueves, 19 de junio de 2014

La Yeguada Cortiñal.

JUAN MANUEL LORO, EL CRIADOR TENAZ.

Charlamos con Juan Manuel Loro en la cuadra de Jorge Rodríguez. Allí se encuentran estabulados los catorce caballos que la Yeguada Cortiñal tiene en entrenamiento. Al llegar, observa a cada uno de ellos en su box, pero se fija especialmente en los más jóvenes (Shiba, Oregón, Montenegro y Comanchero) y muestra un singular afecto por el viejo Rubens. A todos los ha visto salir del vientre de sus madres.

Juan Manuel Loro y Rubens, uno de sus últimos campeones



De Extremadura a Madrid.

La aventura de Cortiñal comenzó hace 28 años, casi sin querer: “Antonio Picado y yo criábamos ganado en Valencia de Alcántara, un pueblo de Extremadura. Nunca habíamos pisado un hipódromo. Un día Antonio fue a Madrid y un amigo le llevó a las carreras. Le pareció muy divertido. A los quince días compramos una yegua, Nebraska, y tuvimos la suerte de ganar. Así empezó todo”.

A Juanma Loro le parecía muy triste criar animales destinados al matadero, así que la idea de cambiar los cerdos y terneros por caballos de carreras le pareció estupenda. Compraron algunas yeguas en Deauville y comenzaron a criar purasangres con Egibi como semental. “Después llegaron Midway Dancer y Society Boy. Criábamos en una dehesa preciosa, con un microclima ideal y buenos pastos. Empezamos a traer caballos al hipódromo para venderlos, hasta que un mosquito nos cambió la vida”.  Ocurrió en 1987. Un mosquito, en efecto, introdujo la peste equina en España, las fronteras se cerraron y los caballos estabulados en la mitad sur de la península fueron inmovilizados: “Nos quedamos atrapados, muchas yeguadas tuvieron que cerrar. Al cabo de un tiempo, cuando se levantó la prohibición, decidimos trasladarnos a Madrid. Volvimos a empezar casi desde cero.”

La Yeguada Cortiñal estableció su nuevo campo base en Villamanta, a solo 50 kilómetros del hipódromo, aunque lejos del idílico prado extremeño: “No sabíamos si iba a funcionar, pero salió bien. Descubrimos que el secreto estaba en la alimentación. En la dehesa los animales se criaban solos, pero físicamente no se desarrollaban tanto como los de Luis Álvarez Cervera o la Yeguada Rosales, que básicamente utilizaban piensos. Aprendimos a controlar mejor su alimentación”.

La sociedad volvía a funcionar. Antonio Picado, más científico, se ocupaba de la genealogía; Juanma Loro analizaba, sobre todo, el físico y el carácter de los animales para decidir qué cruces eran los más idóneos: “No todas las yeguas, por muy buenas que hayan sido, sirven para criar. Lo importante es cuidar su alimentación y evitar que sufran estrés”.

Y entonces llegó Sherman.

Sherman era el Rey, según titulaba
Recta Final en 1990.
Sherman nació en 1987. Su madre, Pomarelle, era una yegua robusta que había sido enviada a Francia para para ser cubierta por Recitation, un semental con escasas referencias. Cuando el resultado del cruce cobró forma, Loro pensó que se habían equivocado: “Era un yearling grande, tosco y destartalado, con las extremidades deformadas. Solo pensaba en comer y dormir. Era el patito feo de la cuadra. En la subasta nadie lo quiso comprar.” Sherman regresó a la dehesa extremeña con la certeza de que nunca más volvería a pisar el hipódromo, pero allí tampoco lo quiso nadie, ni siquiera como caballo de paseo. Así que decidieron darle una última oportunidad: “Se lo llevamos a Juan Jesús Ceca para que lo utilizase como sparring para los caballos de Lorenzo Sanz. Un día decidimos inscribirlo en una carrera y quedó segundo. La siguiente la ganó. Y la siguiente. Y la siguiente”. Sherman logró un total de once victorias, entre ellas la Poule, el Gobierno Vasco y el Hispanidad. Fue el mejor caballo de su generación. Algunos de su hijos -Red Bull y Don Tarik, principalmente- fueron dignos herederos, aunque “como semental no recibió las oportunidades que merecía”, lamenta todavía su criador.



El exilio forzoso.

El noviembre de 1996 el Hipódromo de la Zarzuela celebró su última carrera del siglo XX.  Numerosos propietarios, criadores y profesionales decidieron abandonar o emigrar. La Yeguada Cortiñal y Ovidio Rodríguez, su preparador entonces, eligieron continuar. Durante una década hicieron juntos la travesía del desierto: “No sabíamos hacer otra cosa. Tuvimos que irnos a Sevilla. Un día me llamaron para que me llevase los dos últimos caballos que quedaban en La Zarzuela. Ovidio y yo los metimos en el remolque y el vigilante de seguridad echó el cerrojo de la puerta del hipódromo. Fue como abandonar una casa: uno de los días más tristes que recuerdo. Pero prometimos volver”.

Sin carreras en Madrid, el turf español siguió con vida gracias a los hipódromos de Lasarte, Pineda, Mijas y Dos Hermanas, pero también al empeño de criadores y propietarios numantinos. Cortiñal redujo el número de efectivos, muchas de sus yeguas regresaron a Extremadura, pero aun así consolidó su hegemonía: “Con una media de 25 caballos no era difícil. Ganamos las dos estadísticas durante varios años. Madroños y Cielo de Madrid eran nuestros principales competidores”. Don Tarik, Red Bull, Luna Ridge y Lili D’Aubuis, entre otros muchos, hicieron posible que los años del destierro fuesen para la chaquetilla roja y gualda los años del éxito.

El regreso.

En otoño de 2005, Cortiñal saludó con entusiasmo la reapertura del Hipódromo de la Zarzuela. El futuro era prometedor: “Llegamos a tener cerca de 40 caballos en entrenamiento. Compramos ejemplares con excelentes orígenes que habían fracasado en otros países, puede que por falta de paciencia, y los recuperamos”. Dos de ellos fueron, sin duda, Trueno NegroSliploge. Ambos hicieron gemela en El Gran Premio Claudio Carudel de 2007. Aquel año y el siguiente la cuadra volvió a encaramarse a la cima de la estadística de propietarios (con 274.000 y 356.00 euros en premios, respectivamente).

Yearlings de Cortiñal pasean libres
en la finca de Villamanta
Después llegó la crisis económica, de la que el turf no ha salido indemne. Y la Yeguada Cortiñal, como había hecho en otras ocasiones, vuelve a replegarse: “Este año en Villamanta solo han nacido 11 potros y para criar nos hemos quedado con 15 yeguas. Otras 25 han vuelto a la reserva, a Extremadura, esperando que la situación mejore pronto. No queremos enviar animales al matadero. Es muy cruel lo que se está haciendo en España con los caballos. Es un holocausto, una barbaridad”.



En la última subasta de criadores la Yeguada Cortiñal solo presentó dos yearlings: “Fue algo testimonial. Como los potros no se venden, si queremos que corran se los tenemos que ceder a propietarios dispuestos a pagar su estancia en el hipódromo. Los premios son para ellos. Nosotros solo nos quedamos con el reconocimiento como criadores. Cuando dejan de correr, nos los devuelven. Es una manera de reducir costes”.

La visita –y también nuestra charla- concluye. Juan Manuel Loro se despide de su adorado Rubens y del Bolaños Camuray –otro viejo guerrero made in Villamanta-, y observa de nuevo a los potros, tratando de advertir en alguno de ellos un gesto que le recuerde a Sherman.



Nóviembre de 2013 (Publicado en A Galopar).

Carlos Guiñales.


miércoles, 18 de junio de 2014

Nace una afición.

ASÍ NACIÓ MI AFICIÓN A LAS CARRERAS

Mi primer recuerdo hípico se remonta a la primavera de 1982. Yo tenía entonces diez años. Era sábado por la tarde y TVE retransmitía en directo una carrera de caballos. Por supuesto, se trataba del Grand National. Aquel mismo día, el Diario As había publicado un magnífico artículo a doble página sobre la prueba, con todos los detalles sobre su particular historia, el recorrido, la lista de participantes y sus favoritos, además de unas poderosas fotografías en blanco y negro. De modo que aquella tarde decidí pasar de la película de vaqueros y prestarle un poco de atención a aquel prometedor espectáculo. Muy pronto entendí que el asunto iba de apuestas, así que me jugué cincuenta pesetas (nunca he arriesgado demasiado) con mi hermano a que ganaba un caballo tordo cuyo nombre ya he olvidado. Él, sin duda mucho más sabio que yo, apostó por el favorito, Grittar, y acertó. Yo perdí mis diez duros, pero a cambio descubrí una nueva pasión (recuerdo que en aquella época jugaba a las chapas y cambié los nombres de Hinault, Arroyo y Lejarreta por los de Corbiere, West Tip y Hallo Dandy).
   
Ni mi familia ni mis amigos, lamentablemente, compartían esa extraña afición, así que durante un tiempo tuve que conformarme con esperar a la primera semana de abril para poder vibrar, a través de la pequeña pantalla, con una nueva edición de la carrera de Aintree y, no mucho después, con las carreras de caballos que se disputaban en nuestros hipódromos: fue aparecer la QH por la tele y, de pronto, los caballos se hicieron populares en toda España.
   
Así que mi gusto por las carreras no debía ser, en el fondo, un vicio tan raro como creía mi padre, y un domingo de marzo de 1985 logré convencerle para que me llevase por primera vez al hipódromo de La Zarzuela. La primera carrera la vimos junto al seto. Mayorazgo y otro caballo pasaron como flechas ante nosotros cerca de la meta. Fue alucinante.
  
En la segunda carrera apostamos a ganador –yo elegía el caballo, mi padre pagaba la apuesta- por un caballo que se llamaba Nino: todavía recuerdo la emoción que sentí al ver cómo la chaquetilla azul y naranja del jockey se lanzaba hacia la victoria de aquel modesto hándicap.
   
La quinta carrera fue otra historia. Era la más importante del día (un Grupo III sobre 1800 metros) y yo la había estudiado a conciencia. Estaba convencido de que iba a ganar Sí Señor, un caballo de Ramón Mendoza que había sido bueno en el pasado. Portaba la banda –es decir, defendía los segundos colores de su cuadra- pues el propietario y su jockey titular, Tolo Gelabert, parecían confiar más en El Señor Arenas. Raiponce e Higinio, que el año anterior había ganado el Memorial Duque de Toledo, eran los favoritos. A mi caballo lo montaba Paulino García y su cotización a ganador era superior a 20 a 1, al menos eso decía el totalizador cuando hicimos la apuesta.
   
Sí Señor salió el último de los cajones y permaneció detrás, casi invisible, hasta la salida de la curva. En ese instante apareció por el exterior y comenzó a progresar. A mitad de recta, cuando pasó por delante de nosotros ante la primera tribuna, ya estaba seguro de que ganaría. Pese a todo, continué animándole hasta después incluso de cruzar la meta. Creo que el ganador pagó al final solo 8 a 1 porque en entonces se sumaban las apuestas cuando corrían dos o más caballos de una misma cuadra. Aquella decepción, sin embargo, fue insignificante comparada con la alegría de haber confiado en un caballo en el que casi nadie creía. Hoy estoy seguro de que mi acierto se debió, más que nada, a la suerte.

Últimamente, cuando voy al hipódromo me fijo en los aficionados más jóvenes, esos que con 10 años o menos disfrutan viendo el paseo de los caballos en el paddock y al tiempo predicen cuál de todos ellos va a cruzar primero la meta (por un nombre gracioso, un número de la suerte, una chaquetilla llamativa o el singular look que luce cada purasangre: no siempre es fácil elegir). Estoy seguro de que muchos de ellos serán grandes aficionados en el futuro. Los medios de comunicación, desgraciadamente, no facilitan las cosas para atraer a nuevos aficionados. A veces pienso que si yo no hubiese leído aquel día el espléndido artículo del As o TVE no hubiese retransmitido en directo aquel Grand National, probablemente yo nunca habría pisado un hipódromo ¿O tal vez sí? ¿Cómo y cuándo nace una afición?
   
No es fácil cambiar la tendencia en un solo día. En mi última etapa como redactor de informativos en Telemadrid, cuando la televisión pública ya había iniciado su camino hacia el abismo, le propuse a mi editor realizar un reportaje sobre un caballo de carreras: se llamaba Bannaby y acababa de ganar un Grupo I en París. Ante su negativa inicial, tuve que persuadirle explicándole que si un torero londinense hubiese triunfado en Las Ventas, seguramente la BBC tendría mucho interés en entrevistarle. Al final accedió. Y durante un minuto y medio Bannaby se codeó con El Real Madrid y Fernando Alonso: quién sabe si en aquel instante fuimos capaces de despertar en alguien la curiosidad por los caballos de carreras. Os animo a que contéis cómo empezó vuestra afición a las carreras. Tal vez entre todos sepamos qué podemos hacer para garantizar algún día el relevo.

Carlos Guiñales.