jueves, 27 de noviembre de 2014

Un hipódromo en el exilio

UN HIPÓDROMO EN EL EXILIO

En su libro El Juego de los caballos, Fernando Savater escribió lo siguiente: “El hipódromo de La Zarzuela fue –y aún le sigo agradecido por ello- la primera sucursal de mi San Sebastián en el exilio madrileño. A partir de entonces he notado que siempre, cuando llego a una ciudad desconocida, me basta instalarme una tarde en el hipódromo para encontrarme en casa…”. Otros aficionados  han vivido una sensación parecida a la suya, pero en algunos casos sus viajes fueron todavía más largos. Dejaron atrás sus vidas pasadas, sus costumbres; y se separaron de sus familias y amigos. Cambiaron de patria, pero el hipódromo de La Zarzuela ayudó a que su exilio voluntario fuese menos traumático. Más allá de las diferencias entre unos y otros recintos hípicos, volvieron a respirar el aroma universal del turf.

EL RECUERDO DE LAS CUADRERAS URUGUAYAS

A pesar de vivir en España desde hace cuatro décadas, a Emerson Reduga (el nombre es ficiticio) aún le delata su acento rioplatense. Entonces, cuando vino a Madrid para enseñar Historia, lo primero que hizo fue preguntar dónde estaba el hipódromo: “Descubrí un lugar maravilloso. Era la gran época de Rosales y Mendoza, y me hice muy amigo del preparador Gualberto Pérez, que era uruguayo como yo”.

Emerson se había aficionado a las carreras en Minas, un pueblo cercano a Montevideo donde no había hipódromo pero sí una pasión desmesurada por las apuestas: “Hacíamos una senda y cortábamos la hierba. Purasangres y cruzados galopaban en línea recta y sin montura. Las carreras se llamaban pencas o cuadreras. A los doce años me escapaba de casa para ir al hipódromo de Maroñas y allí me jugaba el poco dinero que me daban. Mis primos hermanos eran jockeys y uno de ellos ganó con Loco Loco la Triple Corona de mi país”. 

En la Zarzuela es habitual verle en la tribuna norte y cerca del paddock, observando a los caballos en primera línea: “En un hipódromo tan acogedor como éste es muy fácil establecer relaciones. Aquí no se juega tanto como en Uruguay, pero el amor a los caballos es impresionante. Se me puso la carne de gallina con Baldoria en el Gran Premio de Madrid y se me saltaron las lágrimas el día que ganó Achtung horas después de la muerte de su preparador”.

Conoce todos los hipódromos de España y algunos de Europa, pero la etiqueta de aficionado y nada más no se la quita nadie: “¿Propietario? Nunca he querido serlo. Si amas a los caballos, disfrutas, pero también sufres por ellos”.

GINOLAT Y LOS TROTONES

Edouard Wouivre es conocido en La Zarzuela como Ginolat. Nacido en París, se casó con una española y vive en Guadalajara desde hace 25 años: “Mi tío era entrenador de trotones en Francia. De ahí viene mi afición a los caballos. La Zarzuela me gusta porque es como un hipódromo francés de provincias. En París la gente va a las carreras a ganar dinero; aquí son apasionados y vienen a disfrutar de todo, pero comparar el turf español con el turf francés es como comparar el fútbol de ambos países. No entiendo a los propietarios españoles que se gastan tanto dinero para correr premios de 4.000 euros”.

Ginolat es un gran estudioso del turf. Todos los días ve carreras de trotones a través de Equidia y su sistema de apuestas es tan personal como meticuloso: “Los caballos son cíclicos. Siempre me fijo en cómo corrieron hace doce meses, porque es entonces cuando repiten valor, pero en el hipódromo suelo perder. Gano más en las apuestas del PMU”, dice con un guiño.

Recuerda a Vichisky, el caballo de la Marquesa de Santa Cruz de Paniagua que lo ganaba todo cuando conoció España, y a Florentino González, por quien todavía siente gran aprecio: “Me gustaba porque siempre montaba igual. Ahora tengo predilección por José Luis Martínez; por Borja Fayos, que ha mejorado mucho desde que regresó; y por los hermanos Matías y José Luis Borrego, que montan bastante menos de lo que merecen. Entre los caballos me encanta Madrileña desde el primer día que la vi. Gane o pierda, es una yegua que para mí tiene algo especial”.

ROMEO CALLE, EL HERMANO DE SANTIAGO.

Romeo es el hermano menor de Santiago Calle. Ambos hicieron el viaje a España desde  Medellín, junto a su sobrino Chucho Machado: “Todos los hipódromos de Colombia cerraron por culpa de las mafias y los impuestos y nos quedamos sin trabajo. Manuel Abajo, propietario de la cuadra Las Águilas, se trajo a Madrid algunos caballos y nos contrató”. Santiago y  Chucho ganaron numerosas carreras en España, pero Romeo confiesa con humildad que él nunca tuvo cualidades para ser jockey y quedó en segundo plano: “Yo disfrutaba cuidando a los caballos, preparándoles la cama y luego viéndoles ganar. Santiago era espectacular, montaba diferente a todos. Le gustaba que la gente se emocionase, como hacía con Partipral, viniendo siempre desde muy atrás. Montaba igual en Medellín. Ganó la primera carrera a los 12 años, con un caballo de nuestra madre”. 



Trabajó con Juan Campos y Juan Jesús Ceca, de quienes guarda un gran recuerdo. Se quedó sin empleo hace tiempo, pero no se pierde un día de carreras. Le gusta verlas frente al espejo de llegada: “Compro el programa los martes y lo estudio hasta el domingo. Antes venía también a ver los galopes, pero un día me dijeron que si no trabajaba en ninguna cuadra no podía entrar al hipódromo y deje de venir”, afirma sin un ápice de resentimiento.

De los jockeys de ahora le gusta Crocqueville “porque no castiga mucho a los caballos” y tiene su propio método para apostar: “Me lo enseñó Santiago. Se basa en los pesos y las distancias. En mi familia todos nos hemos dedicado a los caballos. Yo mismo tengo sangre de caballo”, dice esbozando una sonrisa.

DAVID SNADDON, AÑORANDO A LOS BOOKIES.


Siendo británico, David Snaddon tenía muchas posibilidades de aficionarse al turf. Sus padres y abuelos ya fueron propietarios y él mismo tiene un caballo de obstáculos llamado The Goldmeister, al cual sigue desde la distancia porque está en Chentelham. Desde hace 20 años trabaja como profesor de Inglés en Madrid: “Está bien La Zarzuela. Me sirve para matar el gusanillo, pero echo de menos las carreras de Steeples y a los bookies, que en mi país son una tradición y animan mucho el espectáculo”. El mejor caballo que ha visto correr en España es Noozhoh Canarias, tiene cierta debilidad por Baby Cookie y suele apostar por José Luis Martínez, sobre todo en los grandes premios: “Como Chentelham está muy lejos, mi hija y yo estamos pensando comprar un caballo de carreras en España, para poder animarlo siempre que corra”.


Mayo de 2014 (publicado en A Galopar)

Aunque todos ellos confluyeron en el hipódromo de La Zarzuela, poco tienen que ver entre sí las historias de estos cuatro aficionados. Tan solo Romeo Calle, profesional del turf, vino a España en busca de trabajo cuando cerraron todos los hipódromos de su país, tal y como tuvieron que hacer algunos profesionales españoles cuando el hipódromo de La Zarzuela dejó de celebrar carreras entre 1996 y 2005 (otros han seguido haciéndolo, en busca de mejores oportunidades, incluso después de la reapertura).

Desgraciadamente el turf español siempre ha vivido en el filo de la navaja, incapaz de generar beneficios y de atraer a un número respetable de nuevos aficionados. Lo incomprensible, al menos para mí, es que las carreras puedan desaparecer de nuevo –aunque sea temporalmente- por la ausencia de un órgano regulador legitimado y reconocido por todos. Hoy, por cierto, he leído dos cosas bastante curiosas: que “entre 1990 y 2005 las carreras se celebraron en un limbo legal resuelto por el convenio firmado entre Sociedad de Fomento y RFHE” (Faina Zurita, vía Gaceta Hipódromo) y que “según una sentencia judicial, ese convenio nunca ha tenido validez” (Diego Sarabia, vía A Galopar), de donde podría deducirse que el turf español lleva 25 años viviendo en una sorprendente inopia legal y que ha sido precisamente su intento de legalización lo que nos ha conducido al precipicio.


En El desaparecido, novela inacabada de Franz Kafka, el escritor de Praga inventó el hipódromo de Clayton -un hipódromo donde cualquier caballo podía convertirse en caballo de carreras- e instaló allí la agencia de contratación para el gran teatro de Oklahoma -un teatro donde cualquier asistente al espectáculo podía convertirse en protagonista de la función-. Tanto la pista de carreras como el escenario del teatro simbolizaban, por supuesto, la confusión y el caos de la sociedad moderna (la de principios del siglo XX, claro). Tengo la impresión de que si Kafka levantase hoy la cabeza y pudiese acabar su novela, situaría Clayton en algún lugar España.

Noviembre de 2014

Carlos Guiñales

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Carlos Pellón

CARLOS PELLÓN, EL HOMBRE DE LA TIMBA.

Carlos Pellón me recibe en La Timba, el despacho de loterías más conocido entre los aficionados al turf. Fotografías en blanco y negro de campeones del pasado, viejos recortes de prensa, algún llamativo cuadro hípico y trofeos ganados por los caballos de la peña adornan el interior del local. De una de las paredes cuelga también el último cartel diseñado por LAE para promocionar la Apuesta Hípica. Pellón lo señala y se lamenta: “Es una publicidad sin pasión”.

EL GURÚ DE LAS APUESTAS.

Con 14 años ya ayudaba a su padre en la administración de loterías que poseía la familia. Eran los años 60, la fiebre del 1X2 estaba en plena efervescencia y acertar una quiniela de 14 se había convertido en el sueño de millones de españoles. A Carlos además se le daban muy bien los números: “Aprendí a hacer múltiples, algo que nadie intentaba en aquella época. Teníamos una peña con Puskas y Enrique Mateos, ambos jugadores del Real Madrid, y nos gastábamos 50.000 pesetas cada semana en quinielas. Con 16 años descubrí lo que era el estrés. Lo tuve que dejar un tiempo por prescripción médica”. Cuando volvió fue para independizarse. Con 21 años adquirió el actual despacho de Francisco Silvela y diseñó apuestas cada vez más complejas y sofisticadas. Se convirtió en un precursor: “La informática no llegó hasta 1982. Había que hacerlo todo a mano. En los años 70 éramos los que más recaudábamos en quinielas de toda España. En 1977, el día que el Rayo Vallecano subió a Primera, acerté una de 14 y me compré un piso en Vallecas”.

Apareció entonces la Quiniela Hípica. Carlos, cuyo abuelo tuvo caballos que llegaron a correr en el hipódromo de La Castellana, había frecuentado el de La Zarzuela desde muy joven. Así que aplicó para la apuesta exterior creada por Ramón Mendoza el mismo método que para el 1X2. Sin apenas competencia –Primitivas, Bonolotos, Sorteos de la ONCE y otros juegos llegaron tiempo después-, la QH hizo furor. Los domingos TVE conectaba cada 30 minutos con el hipódromo para emitir en directo la carrera de turno. El 4 de junio de 1984 –el mismo día que Falla y Travesura hicieron gemela para Rosales en el Beamonte- se recaudaron más de 225 millones de pesetas. La Timba se apuntó al carro del éxito y la suerte no tardó en llegar. Carlos Pellón recita los de memoria los ganadores de un domingo de primavera de 1985: Belicoso en la primera de vallas, Caruchita en la segunda, Tronic en la tercera, Kwarra en la cuarta; Chayote en la quinta y Shaprizti en la última. Hicimos pleno y cobramos 50 millones de pesetas de entonces. A mí me tocaron 15. Por eso le debo tanto a los caballos”.

Aquella máquina de hacer dinero que era la QH no duró demasiado. A principios de los años 90 la recaudación había caído a 18 millones de pesetas. Pellón fue nombrado entonces Jefe de Apuestas por la Sociedad de Fomento. En la era previa a la revolución digital, mucho antes de la llegada de Internet, actúo de nuevo como un visionario: “Me pasaba el día enviando y recibiendo faxes de despachos de lotería de toda España con información sobre las carreras. Cuando dejaron de televisarse, en La Timba poníamos los vídeos grabados por la señal interna del hipódromo”. Aficionados, profesionales y propietarios se lo agradecieron, pero la suerte estaba echada. Los intentos de relanzamiento de la apuesta exterior –como aquella Quíntuple QH consistente en acertar los cinco primeros clasificados de una sola carrera- no llegaron a cuajar: “Le vaticine el fracaso a Enrique Sarasola”, asegura Pellón.

FÚTBOL Y CABALLOS.

En España siempre ha existido cierta afinidad entre el fútbol y el turf. Ramón Mendoza y Lorenzo Sanz dirigieron la Sociedad de Fomento antes de presidir el Real Madrid, y el propio Alfredo Di Stéfano era –como recuerda Carlos Pellón- un gran aficionado a las carreras: “Siempre nos preguntaba qué caballos podían dar el pelotazo, pero luego no se jugaba demasiado”. Por eso cuando la Peña Hípica La Timba decidió crear una cuadra multipropiedad, los futboleros se apuntaron. Hubo caballos para todos los gustos y colores: Hala Madriz, Little Messi, Aupa Atleti y hasta uno, de discreto valor, llamado Don Florentino: “Los socios de la peña pagan sus participaciones en función de lo que pueden y cuando pueden. Little Messi fue la mejor de todos, pero se lesionó pronto y ahora está criando. Tiene un yearling por Diktat y acaba de tener un foal por Caradak, además de un dos años que ya está en el hipódromo. Se llama El Impuestazo, en alusión al desafortunado impuesto del 20 por ciento que tanto daño está haciendo a todas nuestras apuestas”.

Little Messi, ganando en Dos Hermanas para La Timba


Una de las mayores alegrías que ha vivido como aficionado se la dio Rose de Loire una tarde en el hipódromo de Lasarte: “Fue la primera yegua que corrió para nosotros. Tenía mucha clase, llegó a disputar el Oaks y ganó en San Sebastián el Gran Premio de la Real Sociedad, un trofeo muy bonito que nos entregó Roberto López Ufarte. Fútbol y caballos, de nuevo, unidos por el destino.

LA APUESTA EXTERIOR.

Carlos Pellón había pensado bautizar al nuevo hijo de Little Messi con el nombre de Apuesta Exterior. Al final se arrepintió, pero el tema está siempre en su cabeza: “Es la prioridad absoluta. Nos dicen que es inminente, pero luego siempre hay trabas. Llevamos así desde antes incluso de la reapertura del hipódromo. Habría que hacer una apuesta lo más sencilla posible: Ganador, Gemela y Colocado, con los mismos dividendos que en el hipódromo y garantizando que las carreras se televisen en directo, todo ello apoyado con el juego en Internet desde la página de LAE”.

Regentar un despacho de apuestas tan popular le sirve para recabar muchas opiniones y formular propuestas. “Debemos fijarnos en el turf francés, donde hay toda una industria que gira alrededor de las carreras. Soy partidario de cobrar la entrada al hipódromo incluso a un precio superior, pero buscaría la fórmula para que ese dinero se pueda canjear en apuestas. Es algo que hicimos a principios de los 90, cuando fui Jefe de Apuestas. Las mil pesetas que costaba la entrada se podían reinvertir en boletos y se recaudaban unos 28 millones de pesetas de la época. Te pongo un ejemplo: hace tiempo un amigo que llegaba a jugarse en tríos dos mil euros a la semana vino a pedirme invitaciones porque le fastidiaba tener que pagar la entrada; le dije que no tenía y me respondió que por fin había encontrado la excusa perfecta para no volver al hipódromo”.

Pellón, en cambio, siempre vuelve: “El otro día tuve que ponerme el traje y todo: un amigo propietario no podía ir y me encargó recoger el trofeo que ganó su caballo”. Así es el hombre de la Timba, para los turfistas algo más que una simple casa de apuestas.

Mayo de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales


lunes, 10 de noviembre de 2014

Javier Aznar

JAVIER AZNAR. CANTABRIA EN LOS HIPÓDROMOS.

Javier Aznar repasa el mapa de Cantabria en busca de nombres para los cinco potros de dos años que ha comprado en las subastas, pero los topónimos de la comunidad (Besaya, Langre, Altamira, Somo, Cabárceno, Liébana, Galizano, Barreda, Ruiloba, Esles, Arnuero…) comienzan a agotarse. Y eso nos recuerda el gran número de caballos de la cuadra Bering que han corrido en los hipódromos de todo el mundo. Entre ellos sobresalen dos ganadores de Grupo I: Suances y Portus Blendium (nombre romano, precisamente, de Suances). Javier Aznar cree que ciertos nombres traen suerte.

DE LA CUADRA ENVITE A LA CUADRA BERING.

Lo curioso es que Javier no nació en Cantabria, sino en Madrid, y fue el hipódromo de la Zarzuela el primero que frecuentó desde muy joven. Con apenas ocho años, él y su hermano se hicieron fans de Todo Azul, el caballo que ganó el Gran Premio de Madrid de 1965 para la cuadra Esperanza. El amor por Cantabria llegó después: “He vivido muchos años en Santander. De allí es mi mujer y allí han nacido mis hijos. Es una tierra que me gusta mucho”.

Sus primeros caballos los compartió con José González Mayo y Alejandro Calonje. Los tres crearon la cuadra Envite, cuyos primeros defensores, Lansdowne Road y Rua Ruera, no hicieron maravillas, pero descubrió que ser propietario podía ser divertido y compró a Loonika. Con ella debutó la cuadra Bering en 1991 y ganó su primera carrera en 1992. Al año siguiente llegó Cumbrales: “Lo compramos en Deauville. En la Poule se dio un golpe muy fuerte y nunca llegó a recuperarse del todo, pero aun así fue capaz de ganar el Derby y el Romanones (G.P. de Madrid de 1995)”.

En poco tiempo los éxitos de Cumbrales, Usgo, Oleada, Tell y Prior Tempore –al principio bajo la tutela de Carudel y después con la familia Chavarrías al frente- convirtieron a Bering en una cuadra relevante y con futuro, pero fue entonces cuando el hipódromo de La Zarzuela echó el cierre, provocando la mayor diáspora del turf que ha habido en España.

LASARTE, DÉLCHER Y SUANCES.

Algunos profesionales emigraron al extranjero. Otros cambiaron de oficio o se retiraron. Solo unos pocos continuaron en España. Viajaron con sus caballos y sus bártulos a San Sebastián o Sevilla y allí iniciaron una nueva vida. Javier Aznar fue uno de los propietarios que les dio su confianza: “Me tuve que llevar casi todos los caballos a San Sebastián, donde se instaló Mauricio (Délcher Sánchez). Lasarte no era el hipódromo que conocemos hoy. Cuando llegamos los boxes estaban en ruina y la pista era un desastre. Tuvimos que insistir mucho con los políticos para que se hiciesen reformas y al final lo conseguimos. Fue una época muy dura, pero la recuerdo con cariño. Lo que hicieron los Délcher, los Imaz, los Covarrubias, Román Martín, Leopoldo Michelena, Ovidio Rodríguez, Félix Sanz y algunos otros permitió que las carreras pudiesen continuar en España. Y eso es algo que nunca se ha reconocido lo suficiente”.

En Lasarte debutó precisamente Suances. El público donostiarra quedó cautivado por el espectacular galope de un caballo llamado a conquistar Europa: “Lo compramos en la subasta de Deauville a un precio muy razonable. Nos gustó en cuanto lo vimos. Mauricio tuvo una especie de corazonada con él. Era un portento físico, un fuera de serie”. Con José Luis Martínez ganó el Prix de Guiche (Grupo III) en Longchamp y con Gerard Mossé el Jean Prat (Grupo I) en Chantilly. El paralelismo de Suances con Noozhoh Canarias es inevitable. “Cuando tienes un caballo tan bueno se te va de las manos. Es un sueño, pero también es una preocupación. Me hicieron una oferta muy importante por él y tuve un gran dilema. Me dio mucha pena tener que venderlo, pero al final se convierte en un acto de responsabilidad si quieres seguir financiando tu afición de alguna manera”

Suances, ganador de Grupo I en Francia. I
magen: EquipoZoom
Suances, ya con su nuevo propietario, viajó a Estados Unidos y allí continuó maravillando a unos aficionados que, al buscar su nombre en Google, descubrían una pequeña población costera situada al norte de España. En Inglaterra, al mismo tiempo, los turfistas más curiosos advertían la presencia de la playa del Puntal al final de la bahía de Santander, pues Puntal se llamaba el caballo de Aznar que se hizo vallista a las órdenes de Martin Pipe y disputó el Grand National. ¡Lo hizo hasta en cinco ocasiones! Y quien haya querido husmear en la etimología de los caballos también habrá podido saber que Portus Blendium (ganador de la Copa de Oro de Hong Kong, Grupo I) y Suances son, en realidad, la misma cosa.

Suances se convirtió además en la punta del iceberg de un turf herido que luchaba con bravura por sobrevivir: Okawango ganaba un listed tras otro, Persian Ruler disputaba grandes carreras around the world y Califet se colocaba en el Arco del Triunfo: “Cuando corríamos en Francia –recuerda Aznar- lo hacíamos siempre con mucha dignidad. En aquella época conseguimos recortar las diferencias gracias a los grandes profesionales que había en España. El mérito de Mauricio Délcher, por ejemplo, ha sido brutal”.

APOSTAR EN LAS SUBASTAS.

El propietario de Bering no apuesta en las carreras jamás, ni siquiera a sus propios caballos cuando corren, pero le encanta ir a las subastas de yearlings y -asesorado por el director de Stamina, Rafael Rojano- apostar sobre los campeones del futuro: “Podemos estar diez horas viendo caballos sin parar. Suelo guiarme por la impresión. Hago una selección previa y, si no es un disparate, compro lo que me ha gustado”.

Cántabro, uno de los caballos con más futuro de la cuadra Bering


La cuadra tiene en la actualidad potros de tres años muy prometedores: Cántabro es muy bueno, aunque todavía no está a su máximo nivel. Yuso será mejor en más distancia. Alfoz, por ahora, es ingobernable. Tengo un excelente entrenador, Jesús López, que además en una magnífica persona”.

Más crítico es cuando valora la gestión que en España se hace de las carreras: “Hay que sacar la apuesta exterior y hacerla lo más sencilla posible. También hace falta una escuela de aprendices. Y hay que promocionar turf todos los días, no solo cuando corre Noozhoh Canarias o montando un espectáculo en La Castellana. Lo que hace falta es que la gente venga al hipódromo todos los domingos y se fabrique sus propios favoritos”.

Javier Aznar vuelve a ilusionarse cuando habla de los potros de dos años: “Una hija de Duke of Marmalade, un hijo de Vale of York, un hermano de Cielo Canarias por Dylan Thomas… Todavía no sé qué nombres tendrán. Existe un pueblo en Cantabria llamado Correpoco, pero no sé si será una buena idea…”, dice entre risas, recordando que los nombres traen suerte.

Mayo de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales