viernes, 30 de diciembre de 2016

Más allá del paddock

El tweet cayó como una losa. No me lo esperaba. Algunos se agarraban a la posibilidad de que se tratase de una inocentada, pero yo sabía que eso no era posible. Julio nunca hubiese bromeado con un asunto tan serio. La decisión estaba tomada.

Conozco a Julio y Fernando desde principios de los años 90, cuando me animé a participar en el concurso de pronósticos de prensa y radio. En aquella época hacía mis prácticas en pequeños medios de comunicación al tiempo que estudiaba Periodismo en la UCM. La calle Lérida donde se imprimía Recta Final estaba a mitad de camino entre la Facultad y mi casa, así que cada martes a mediodía les hacía una visita, leía con detenimiento los partants del domingo e intentaba afinar mis pronósticos (generalmente fallidos), mientras observaba cómo trabajaban a toda velocidad para poder tener la revista en la calle cuanto antes. Un día, armado de valor, me ofrecí a echarles una mano. Fernando me señaló con ironía el lugar dónde estaba la escoba. Después me explicó que, a pesar de la larga lista de redactores y colaboradores que aparecían en la primera página, la revista la hacían básicamente entre tres personas. Aquello no daba para más.

Recta Final desapareció y apareció A Galopar. La Zarzuela cerró y durante un tiempo me olvidé del turf. Cuando volví, unos años después, allí seguían. No sé cómo, pero habían resistido. Y, 20 años después del tímido escarceo de la calle Lérida, fueron ellos quienes me ofrecieron colaborar en la revista. Julio me propuso escribir un artículo semanal de opinión. Dudé si debía aceptar porque siempre he creído que para opinar sobre un tema es imprescindible manejar muchísima información -y yo, que siempre me he acercado al turf más como aficionado que como periodista, nunca la he tenido- así que le propuese una alternativa más modesta: escribir una serie de reportajes sobre personajes del mundo de las carreras a partir de charlas más o menos informales. Le pareció una buena idea. La sección se llamaría Más allá del Paddock.

Nos pusimos manos a la obra. Algunos nombres los sugería yo. Otros los proponía Julio. Buscábamos el consenso, descartando de entrada a los entrevistados habituales y a los que acaparaban las portadas de la revista –generalmente, jockeys y preparadores en los puestos de honor de la estadística- para dar entrada a personajes menos conocidos del mundo del turf o, en ocasiones, injustamente olvidados: jinetes amateurs, profesionales retirados, criadores modestos, propietarios de diversa índole, jóvenes promesas, mozos de toda la vida, aficionados singulares, fotógrafos, periodistas… La idea era saber algo más de esas personas con las que nos cruzábamos cada domingo en el hipódromo. Poder compartir sus historias. Recordar cómo llegaron al turf. Descubrir sus sueños. Desvelar a veces su desencanto.

Por Más allá del paddock pasaron Jaime Gelabert antes de logar su primera victoria como aprendiz y Félix Sanz cuando ya solo tenía un caballo en competición. Valentina Burgueño cuando comenzó a preparar y Mauricio Délcher cuando dejó de hacerlo. A Marcos Carmena lo entrevisté en la misma Tribuna Norte donde ambos habíamos presenciado miles de carreras. A Fernando Savater, siempre pendiente de cada detalle de las carreras, le perseguí por medio hipódromo hasta que por fin nos sentamos y respondió con amabilidad, modestia y sentido del humor a cada pregunta. La charla más larga la tuve con Carlos Pellón, aunque Abraham García debió quedar a menos de un cuello de distancia. La más escueta e improvisada fue con Uma, que al día siguiente compensó la brevedad con una generosa misiva. La más emotiva se produjo, sin duda, con Miki y Fernando Font porque el recuerdo de su hermano Pablo sobrevoló cada frase que se dijo aquella soleada mañana. La memoria de José Carlos Fernández también estuvo muy presente durante la distendida conversación que mantuve con Eduardo Fierro

Si algo siento es no haber podido dedicar más reportajes a turfistas de otras latitudes, aunque a veces aprovechaba los viajes a Madrid de Sergio Vidal, Alberto Remolina o Ramón Avial para robarles parte de su tiempo. Sería imposible mencionar a todos los personajes que han pasado por la sección, pero quiero agradecer a todos, sin excepción, tanta generosidad y paciencia. He reproducido en esta web muchos de los textos publicados en la revista porque siento que es la manera de que perduren en el tiempo y puedan ser consultados con facilidad por cualquiera que lo desee. Debo dar las gracias también a los lectores. 26.000 visitas recibidas desde que comencé a publicar artículos me parecen muchísimas para un blog de turf.


Soy consciente de que muchas historias del turf están todavía por contar y me gustaría continuar la tarea algún día. Pienso, por ejemplo, que Julio Díez y Fernando González, siempre discretos pero siempre inasequibles al desaliento, devotos de esa misteriosa religión llamada turf, merecen un gran capítulo. Y espero que no sea el último.

(Un hipódromo sin revista de turf sería como una película sin guion)

Carlos Guiñales

jueves, 15 de diciembre de 2016

Ignacio Melgarejo

Ignacio Melgarejo: El joven Señor Fegentri

Ignacio Melgarejo. Imagen: Fegentri
Aunque solo tiene 18 años, Ignacio Melgarejo lleva muchas horas de turf en la mochila. Cuando habla de caballos –con ese desparpajo sevillano tan convincente- parece un veterano. Los meses compartidos con Carlos Laffón en París le han hecho madurar muy rápido como jinete y como persona, y aunque él dice que le gustaría tomarse el turf con más calma, reconoce que apenas piensa en otra cosa. Liderar a su edad el Camepeonato del Mundo de la Fegentri parece motivo más que suficiente.


DOS DE DOS

Los caballos siempre han formado parte de su vida. Desde que su padre le llevaba en la silla cuando salía a montar y él se quedaba allí dormido, hasta que empezó a ir a los hipódromos de Pineda y Mijas con su primo Alvarito Soto y su tío Álvaro, y alucinaba viendo los nombres de Jorge Horcajada, Borja Fayos o José Luis Borrego grabados en los breeches. Entre los diez y los catorce años estuvo jugando al polo y llegó a participar en algún raid, pero lo que le hizo ver el futuro con claridad sucedió cuando le subieron a lomos de Guambiano, el caballo de Roberto Cocheteux, y sintió que no lo podía parar: “Tenía 13 años y aquella sensación era totalmente diferente. No sabría explicarlo. Era adrenalina pura, ¡tanta velocidad…! Aquel día tuve claro que quería ser jockey”

Durante tres años se preparó para ello. Manuel Álvarez y Álvaro Soto le enseñaron todo lo que debía saber antes de su debut: “Me decían que lo más importante era mantener al caballo relajado, poder hacer un cánter y no pelearte con él. Yo me fijaba sobre todo en Alvarito. No conozco persona con mejores manos que él para los caballos. Del debut apenas me acuerdo. Fue en enero de 2104 con Usaquen, que era como el niño mimado de la cuadra, pero pasó todo muy rápido. Solo recuerdo cruzar la meta y darme cuenta de que había ganado”.

El día de su debut. Imagen: Andalucíadeporte,org


Fue una carrera contra jockeys y la monta de Ignacio Melgarejo llamó la atención. Usaquen, que no partía como favorito, remontó de último a primero. Fue en Dos Hermanas y allí estaba toda su hinchada sevillana, la misma que dos semanas después regresó para verle montar a David’s Divina en una carrera de aficionados. Volvió a ganar: “Ese día lo hicimos de punta a punta. Ganar otra vez en mi casa, delante de mi familia y mis amigos, fue algo increíble”.

EN PARÍS CON LAFFÓN

Imposible mantener el listón a ese nivel. La tercera victoria no llegó hasta bien entrado el verano –Fue con Finley Connolly, también de su preparador y mentor, Manuel Álvarez- en la playa de Sanlúcar. Fue durante el primer verano que Melgarejo estuvo en Francia con Carlos Laffón: Carlos es muy amigo de mi familia y me acogió muy bien. Pasé con él los meses de verano en 2014 y 2015 para preparar la temporada de Sanlúcar. Y después volví entre noviembre del año pasado y junio de este año porque, al terminar el colegio, decidí tomarme un año sabático para aprender francés. Por las mañanas montaba en los galopes y por las tardes iba a una academia”. Meses bien aprovechados. Ignacio mejoró su estilo a caballo, absorbió cómo una esponja todo lo que Laffón le transmitía, aprendió mucho de Peslier: Carlos me ha enseñado desde cómo tratar a los caballos a cómo vestirme para un día de carreras. En galopes me dio la oportunidad de montar a grandes caballos como Attendu (ganador de Grupo III), Left Hand (2ª del Diane) o Aktoria (ganadora de listed). En carreras monté en Saint Cloud, Chantilly y Maissons-Laffitte, y estuve dos veces tercero y una vez cuarto. Creo que he mejorado mucho mi sentido del paso. La forma de arrear y la colocación son horas de vuelo, pero el sentido del paso es lo más importante. Me gustan mucho Soumillon, Demuro y, sobre todo Olivier Peslier, que además de un fuera de serie es un tío muy simpático. Es un turf que está a años luz del nuestro”.

Cuando regresaba a España, intentaba mejorar su formación. Una frase define bien su inconformismo: “Aprendo más de las derrotas que de las victorias. Con Komedy, por ejemplo, me equivoqué al montarle en el Santiago Galaz. Tiraba mucho, se fue hacia adentro, me golpeé con otro y al final tuve que sacarla demasiado hacia fuera. Y la carrera de Kurdo en la Fegentri me la comí con papas”. De su victoria con Lince, en cambio, se muestra orgulloso: “Fue la primera en La Zarzuela y es un caballo al que tengo mucho cariño. Yo entonces estaba más verde que ahora y la sensación de ganar en Madrid fue increíble. Además no es un caballo fácil de montar. Lo conocía de los galopes y sé que siempre tira y tiende a irse hacia afuera. A los caballos intento transmitirles tranquilidad. Creo que es mi principal cualidad”.

El joven jinete sevillano en Sanlúcar de Barrameda. Imagen: Turfsanlúcar.blopstpot.com


EN LA FEGENTRI

Ignacio Melgarejo tiene ahora el difícil reto de igualar lo conseguido el año pasado por Gonzalo Pineda, campeón mundial de la Fegentri en 2015: “Fue Don Rafael Martínez, presidente de AEGRI, quien contactó con Manuel Álvarez para saber si yo estaba interesado en representar a España y desde el principio les dije que estaría encantado. Por ahora voy primero en la clasificación”. Melgarejo, ya familiarizado el turf inglés y francés, está conociendo hipódromos muy diferentes gracias a la experiencia: “He montado en Cagnes-Sur-Mer, Zurich, Hamburgo, Nápoles y Strömshold, que me gustó mucho porque me recordó a Sanlúcar. Hacen la pista de carreras en mitad de un bosque cercano a Estocolmo y el ambiente es muy familiar y festivo. Allí coincidí con José Lopera, que me atendió divinamente. En la carrera estuve tercero pero me divertí mucho”. Algo parecido habrá vivido este fin de semana en Loredo, donde ha logrado su primer triunfo en el campeonato con Cielo Canarias y las carreras tienen también ese colorido que a veces se echa en falta en los hipódromos, un toque popular que congenia muy bien con el amateurismo de amazonas y gentleman: “Pero en la Fegentri –advierte Melgarejo- hay mucho nivel. Fabris, el checo que me batió en Madrid, es muy alto y tiene problemas de peso, pero montando es un fuera de serie. Schiergen, el alemán, tiene mi edad y ya ha ganado 82 carreras. Y luego está el francés, que sabe leer muy bien las carreras”.

Melgarejo reconoce, sin embargo, que le gusta más montar con jockeys: “Se aprende más y siempre te dan buenos consejos. José Luis, Vaclav, Borja o Urbina, con el que también he montado, no tienen nada que envidiar a muchos grandes jockeys que montan en el extranjero”. De sus palabras podría interpretarse que ya piensa en dar el salto al profesionalismo, aunque por ahora prefiere tomárselo con calma: “En otoño empiezo a estudiar Dirección y Administración de Empresas, lo que me tendrá ocupado cuatro o cinco años, pero no quiero cerrarle puertas a nada. Quiero seguir montando todos los días porque –como dice Manolo Álvarez- para montar en carreras antes hay que montar a diario en galopes”. Con el peso además no parece tener muchos problemas: “Puedo montar a 55’5 kilos, me cuido bastante porque soy comilón, pero nunca lo llevo a límites que puedan perjudicar mi salud”.


Antes de acabar nuestra charla (mantenida poco después de ganar con Risby en Madrid el pasado jueves) le pregunto por su mayor ilusión como jinete: “Me gustaría mucho ganar una carrera en París para Carlos Laffón por todo lo bien que me ha tratado siempre. Y bueno, también me gustaría ganar este año la Fegentri”. Dos deseos que muy bien podrían cumplirse.

Julio de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

NOTA: Hoy, 15 de Diciembre de 2016, Ignacio Melgarejo se ha proclamado Campeón del Mundo de Jinetes Aficionados. La mitad del sueño se ha hecho realidad. ¡Felicidades, campeón!

jueves, 27 de octubre de 2016

Fernando Calvet


 Fernando Calvet: el turf en tres tiempos

Jinete de saltos durante muchísimos años, Fernando Calvet ha sido además propietario de caballos de carreras desde hace décadas, aunque su relación con el turf no ha sido siempre constante. Los colores de la cuadra La Cincha han aparecido y desaparecido del hipódromo en varias ocasiones. Esta primavera ha regresado de la mano de José Carlos Cerqueira. Por ahora solo cuenta con Electra Voice, colocada en la Poule, pero tiene la intención de aumentar pronto el número de ejemplares para correr regularmente en España.

PRIMER TIEMPO: EL OAKS DE RAPACIÑA

Asiduo al hipódromo desde que era muy joven, Fernando Calvet debutó como propietario en 1987 con Kabonetto: “Mi mujer y yo lo compramos en una subasta de yearlings y recuerdo que en la primera carrera llegó último escapado, pero después se convirtió en un caballo muy divertido. Tenía un carácter complicado y, gracias al gran trabajo que hizo Juan Luis Maroto con él, acabó ganando bastantes carreras”. Su siguiente adquisición fue Rapaciña, la inolvidable yegua nacional que ganó el Oaks de 1989 por diez cuerpos de ventaja con Román Martín como preparador y su hijo Martín Vidania sobre la silla: “La compramos en una subasta. Me gustó en los boxes y pagamos por ella 800.000 euros, que no era mucho dinero entonces. Aquella carrera la viví con mucha tranquilidad. De salida se escapó una yegua de Rosales (Jara), pero en la recta Rapaciña vino muy fácil sobre ella y acabó ganando en mano. No sufrí nada. Después tuvo una lesión y se la vendimos a la yeguada Cortiñal para criar”. Con los colores de Cortiñal, por cierto, aún disputó el Gran Premio de Madrid del año siguiente, donde alcanzó el tercer puesto, pero su vida como reproductora fue corta y poco exitosa.

Después de aquello la cuadra La Cincha se marchó del hipódromo: “Tuvimos otro caballo, Kafire, que ganó tres carreras antes de lesionarse, pero nos cansamos principalmente porque había muchos problemas para cobrar los premios y acabé desconectando del turf, incluso como aficionado, mucho antes incluso del cierre de La Zarzuela”.

SEGUNDO TIEMPO: LA POULE Y EL OAKS DE LA GALERNA

En 2005, con la reapertura del hipódromo madrileño, Fernando Calvet volvió a ilusionarse con las carreras y regresó como propietario: “Hicimos un viaje a Francia, a las subastas de Saint Cloud, con César Alonso y varios propietarios más y compramos unos ocho o diez caballos”. Entre aquellos ejemplares estaba Girofolo, que corrió con los colores de La Cincha en Francia y España antes de ser vendido a la cuadra HV, para quienes fue segundo de Bannaby en la Copa de Oro, pero Fernando recuerda sobre todo a Victoryana, ganadora de dos carreras en Francia: “Era muy buena yegua. Nunca he chillado más en vida que el día de su victoria en Saint Cloud. En aquella época volvimos a contar con Juan Luis Maroto como entrenador. Estaba trabajando con Mauricio Délcher y hablamos con él para que se hiciese cargo de los caballos. También tuvimos a Double Mix. La compramos en un reclamar y también ganó en Francia. No nos importaba viajar. Corríamos principalmente allí por las primas. Siendo caballos franceses, eran más fáciles de rentabilizar”. Double Mix es hoy conocida como la madre del campeón Argüero y la cuadra La Cincha figura, de hecho, como su criadora, aunque el propio Calvet asegura que ellos no tuvieron mucho que ver, pues el potro se crió en la Dehesa Milagro y la madre fue vendida después a Rouget.

La Galerna. Foto: www.cortacabeza.wordpress.com


La Galerna, ya con Yan Durepeyre como preparador, se convirtió, al menos en España, en la gran estrella de la cuadra al ganar consecutivamente la Poule y el Oaks de 2008, un doblete que nadie ha repetido desde entonces: “La compramos sin verla siquiera, pero nos la habían recomendado y comprobamos que tenía un físico espectacular. La llevamos a Francia, pero vimos que no tenía nivel suficiente para correr allí, donde además es muy caro mantener un caballo, y decidimos probar aquí. La Poule fue muy emocionante, sabíamos que estaba muy bien pero no pensábamos en la victoria. El Oaks, en cambio, estábamos seguros de que lo ganaría. Era su distancia y estaba volando en los galopes, pero aquel día sufrimos de verdad. Sin saber el motivo, la yegua decidió salir en punta; Matías Borrego la intentó parar y pudo dejar que otra pasase delante, pero en la curva volvió a ponerse en cabeza, entró primera en la recta y resistió el final. Por poco pierde la carrera”. Después de su fulgurante aparición por nuestras pistas, La Galerna no volvió a correr en España, disputó cuatro carreras más en Francia y pasó a la yeguada, aunque solo uno de sus tres hijos, Holygal, ha conseguido hasta ahora debutar.

Aquella misma primavera La Cincha probó suerte en el Villapadierna con Smoke on the Water, otro ganador en Francia que aquel día se quedó en los cajones: “Es el mejor caballo que hemos tenido, pero no quería salir en los cajones y por eso se malogró un caballo fenomenal. Mi mayor alegría como propietario, por encima incluso de las victorias de Rapaciña y La Galerna, fue la victoria de otra yegua, Pride Dancer, en un listed en París. Empezó corriendo en el sudoeste y acabó ganando en Longchamp. Nos la compraron para correr en Estados Unidos”. Fue seguramente la última gran campeona de La Cincha. Caballos como Get Ready, Turn Around y Emotional Rescue lograron algunas victorias más para la cuadra, pero Calvet volvió a olvidarse del turf por un tiempo. Steeler, en agosto de 2011 y preparado, de nuevo, por Román Martín, fue el último corredor de su segunda etapa en el hipódromo.

TERCER TIEMPO: ELECTRA VOICE Y CERQUEIRA

Electra Voice. Foto: Equijar 2.0

El turf volvió a tentarle hace solo unos meses y no lo pudo evitar: “Es lo que nos gusta y al final acabamos volviendo –durante toda la entrevista, Fernando habla en plural, pues comparte con su esposa la afición y la propia cuadra-. Conocía bien a José Carlos Cerqueira, era el jockey de Double Mix cuando la compramos, fuimos con él a las subastas de Tattersalls y compramos a Electra Voice. Nos gustó a los tres. Es una velocista con un físico muy bueno, pero en Inglaterra había corrido diez carreras, de las que había ganado dos y venía muy castigada. Cerqueira ha hecho un trabajo fantástico con ella. Es un preparador muy metódico, diseña un plan y lo cumple. Electra ha ido mejorando cada semana. Es una suerte para el hipódromo que aparezcan entrenadores como él. Tiene un gran futuro, como demuestran sus resultados con los pocos caballos que tiene. Para mí ha sido un descubrimiento. Es fascinante ver su metodología de trabajo”.

A Fernando Calvet le gustaría, de hecho, ampliar pronto la cuadra: “Iremos a las próximas subastas. La idea es formar una cuadra de entre tres y cinco caballos para correr principalmente en España. Nos hemos divertido mucho con los caballos y queremos seguir haciéndolo”. ¿Optimista, por tanto, sobre el futuro de las carreras?: “El hipódromo es maravilloso. Si algo le falta es que haya una promoción real, pero podemos copiar de otros sitios y empezar a progresar. En Francia, por ejemplo, hay un organismo regulador que se preocupa de su desarrollo y allí las apuestas externas funcionan de maravilla. Además hay buenas primas para propietarios y criadores, mientras que aquí solo hay una propina para los criadores. Debemos involucrar más al Estado”.

Abril de 2016 (publicado en A Galopar)
 Carlos Guiñales


martes, 16 de agosto de 2016

Helder Pereira



Helder Pereira: empieza el espectáculo


Imagen: Luis Horcajada
Hasta hace apenas un año, Helder Pereira fabricaba y vendía pantalones en el pequeño negocio familiar que regentaba en Guimaraes. El turf era para él solo un hobby y su nombre apenas sonaba entre los aficionados españoles a las carreras. Ahora es el preparador de Flanders Flame, el potro de tres años que reta a sus mayores en cualquier gran premio del calendario nacional que se ponga a tiro: La Copa de Oro y el Gobierno Vasco son sus próximos objetivos.

PROFETA EN SU TIERRA

Aficionado a las carreras desde los doce años, Helder creció en los buenos tiempos del turf portugués, que coincidieron precisamente con los años oscuros del nuestro. Siendo todavía muy joven, se convirtió en uno de los grandes jockeys de su país: “Llegué a ganar 7 u 8 estadísticas consecutivas. La Zarzuela estaba cerrado y competía contra jockeys españoles como Fernando Ocón, Bárbara Valentí o Agustín López. En aquella época valía la pena correr en Portugal. Había dos buenos hipódromos en Ponte de Lima y Coimbra, pero hace diez años las cosas empezaron a ir cada vez peor y los hipódromos cerraron. Hoy día sigue habiendo carreras, pero los premios son de 200 0 300 euros. Ni ganándolas todas tienes para cubrir gastos. Llevo 4 o 5 años sin correr en mi país”.

Fue allí, sin embargo, donde se hizo preparador. En un viaje a Francia compró una yegua que jamás había corrido, Foxburgh, la entrenó y ganó con ella 14 carreras seguidas en Portugal. Con la licencia de preparador en la mano, empezó a probar suerte lejos de su tierra: “Al principio fue difícil. Tenía pocos caballos y casi todos eran míos (cuadra Espectáculo). Mis propietarios no tenían mucho dinero, pero comprábamos caballos por 5.000 o 10.000 euros, más de lo gastamos ahora; y, sin embargo, cuando salíamos a correr a España, Francia o Marruecos, nunca ganábamos. Poco a poco aprendimos a comprar mejor, buscando caballos como Illizmit, que ya era viejo y había disputado muchas carreras, pero siempre se colocaba. Y así nos fuimos animando”.

El TURF, EN PRIMER PLANO

Aparte de Illizmit, Pereira logró victorias en España con otros veteranos como Soir d´Irlande, River Monsieur y Hong Kong Boy, pero seguía prestándole más atención a su fábrica de pantalones que a la cuadra. Hasta que, hace ahora un año, hizo la gran apuesta: “Algunos propietarios –especialmente Nossa Sra. Do Vale, Coisas Doces, Dirosa y Sara Fervenza- me animaron a dar el paso y decidí centrarme en el turf. En verano dejé la empresa y me fui con los caballos a San Sebastián para hacer allí la temporada. Nos fue bastante bien. Ganamos tres carreras con Borysthene y Vale di Rosa, y también corrimos en Francia”. 

Con la continuidad de las carreras asegurada en Madrid y la moral elevada, en otoño viajó a Inglaterra para reforzar la cuadra. Tenía un presupuesto muy ajustado, pero logró cerrar cuatro compras y todavía le sobraron libras: “Tenía margen, pero no quise gastar todo el dinero de mis propietarios por si los caballos salían malos. De hecho, han salido buenos y dos malos. De Fast Cat esperaba mucho al principio. Entrena muy bien pero en carreras no le gusta galopar. Y Tara’s Quest es una yegua complicada. Come poco y corre mal. A ver si mejora con la edad. Half a Billion, en cambio, ha ganado una carrera y ha sido segundo varias veces. Lo compré para mí por solo 800 libras, pero después se lo ofrecí a un propietario español (cuadra A Granxa). Le comenté lo que me había costado y me dijo que, por ese precio, debía ser un caballo totalmente inútil, pero al final se lo quedó y ahora tengo a un propietario contento”.

La cuarta compra fue, por supuesto, Flanders Flame, que a dos años había disputado seis carreras en Inglaterra sin pasar del cuarto puesto: “Comprar caballos que no han debutado me parece demasiado riesgo. Intento sobre todo comprar caballos que estén sanos, hayan corrido y tengan margen de progreso. Suelo mirar vídeos de sus carreras. Flanders, en Inglaterra, estaba corriendo en 1200 o 1400 metros, siempre salía mal y luego tenía que ir a palos toda la carrera. Me pareció que sería mejor en más distancia y lo compré por 2.000 libras. De yearling había costado 130.000”. 

Con Sousa, ganando el Cimera



Por eso su primera carrera en España fue el Veil Picard sobre 1800 metros: “Ahí empezó la verdadera historia del caballo, aunque después no ha tenido mucha suerte. En Sevilla perdió una carrera por un fallo del jinete. Tiró de él demasiado y es un caballo al que hay que dejar galopar. Para correr la Poule me lo traje a Madrid diez días antes de la carrera, le hice un par de trabajos y me convenció. Es posible que la pista blanda le ayudase, pero la recta de Madrid, con la pendiente final, le va muy bien. Se lanza cuando ve pista. En el Carudel vino muy atrás, fue una mala estrategia, se quedó un poco encerrado y, cuando por fin vio pista, solo quedaban 150 metros. Y en el Gran Premio de Madrid tampoco tuvo la mejor monta, vino siempre por fuera. Al final de la carrera había hecho 200 metros más que el caballo que ganó. En general, Sousa monta muy bien y volverá a ser su jockey en la Copa de Oro, pero en el recorrido siempre hay que improvisar y a veces se equivoca".



EL NUEVO RETO DE FLANDERS FLAME

Como hizo el año pasado, Helder Pereira se ha trasladado en agosto a Lasarte. Una situación transitoria, porque su base de operaciones seguirá estando en Guimarães: “Me gustaría trasladarme a Madrid, pero mis propietarios –salvo A Granxa y Sara Fervenza- son todos portugueses y allí es todo un poco más barato. Además, en Guimarães están mi casa, mi familia, mis tres hijos y mi negocio, así que no puedo estar mucho tiempo lejos. Además, en mi finca tengo una pista de 800 metros para entrenar a los caballos y estoy a solo 520 kilómetros de Madrid, que es una distancia parecida a la que están los preparadores de Sevilla o San Sebastián. Y si te fijas en Francia, allí los entrenadores también están continuamente viajando”.

En Guimarães tiene 15 caballos en entrenamiento y dos mozos le ayudan a diario, pero a Flanders Flame siempre lo galopa él. Por eso conoce tan bien al caballo: “Estuve a punto de montarlo en el Veil Picard y no descarto hacerlo en alguna carrera. En la cuadra tengo que hacer de jinete, mozo, herrador y preparador, pero el día de la carrera prefiero estar pendiente del caballo y dejar que lo monte otro. En Sousa tengo plena confianza, está al nivel de Martínez, Janácek y Fayos, que son los mejores. Entre los demás, y ahí me incluyo, el nivel es muy parecido. Flanders correrá la Copa de Oro y el Gobierno Vasco. El caballo está como un toro y en Lasarte va a hacerlo todavía mejor que en Madrid. Su distancia ideal está en torno a 2.000 metros y este verano podría haber disputado un listed en Vichy, pero quiero ganar un gran premio en España. Su objetivo es la Copa de Oro. Tengo confianza en su victoria. Es un caballo que tiene nivel de listed y en otoño sí que me gustaría probarlo en Francia”.

Flanders Flame bate a Madrileño en la Copa de Oro. Imagen: Dabid Argindar


Lo más curioso de todo es que Flanders Flame no parece haber cambiado la vida de Helder Pereira. En septiembre este portugués tranquilo regresará a Guimarães, comprobará que en la fábrica textil todo funciona como siempre y en otoño hará una nueva incursión a Inglaterra para buscar, quizás con algo más de dinero en el bolsillo, el caballo más divertido de la próxima temporada.

Principios de Agosto de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales