lunes, 7 de diciembre de 2015

Francisco y Nico de Julián

LA FORJA DE UN JINETE

Francisco de Julián ganó 7 carreras como gentleman entre 1977 y 1991. Su hijo Nicolás suma ya 28 victorias como amateur y está dispuesto a dar el salto al profesionalismo, algo que su padre nunca llegó a plantearse. En la trayectoria de ambos puede adivinarse la evolución vivida en las últimas cuatro décadas por la figura del jinete aficionado en España.

FRANCISCO DE JULIÁN, GENTLEMAN DEL SIGLO XX

Francisco de Julián descubrió el hipódromo gracias a Juancho Goyeneche, pero los secretos del oficio los aprendió de Ceferino Carrasco Ñolo: "Con él debuté montando a Odalisca en Pineda. Sólo tenía 17 años y de la carrera ni me enteré, pero allí, a mi lado en los cajones, estaban los señores Parladé, Simo, Terry, Urbano y Morán. En aquella época muchos amateurs eran militares y civiles con títulos nobiliarios. Había que tener un rango social muy elevado para ser gentleman".

Carlos Héctor (cuadra Dos Estrellas),
Gualberto Pérez y Francisco de Julián
Francisco se hizo un hueco entre aquella aristocracia del turf de la mejor manera posible: ganando con Farrista, del preparador uruguayo Gualberto Pérez, en su segunda carrera: "Fue muy emocionante. Luchamos durante toda la recta con Sulim, al que montaba Rafael Martínez, ahora presidente de AEGRI. Gualberto era un gran preparador. Llegamos a tener 83 caballos. Muchos eran de hándicap, pero a casi todos los hacía ganar. Yo montaba a diario en los galopes. Algunos domingos llegaba a primera hora a la cuadra y me decía: dale un galope a Revirado. Yo respondía: el caballo corre por la tarde. Él insistía: entonces no le apures demasiado. Y solo unas horas después de entrenarlo, Revirado ganaba la carrera principal. Lo hizo más de una vez".

Con Ferrista, batiendo a Sulim en La Zarzuela.
Después de 14 años como jinete aficionado, la báscula le obligó a colgar la fusta, pero entonces ya había creado su propia cuadra. Debutó como propietario con Zachi en 1980 y continuó con Dharmakaya, Princesa Carana, Personelle, Rivefissimo, Amaltea y Silver Plate, sin duda el mejor de todos: "Fue un regalo de Lorenzo Sanz. Se había lesionado y lo iban a sacrificar. Me quedé con él y Julio César Martínez fue capaz de recuperarlo. Ganamos el Gladiateur y llegamos a correr el Gran Premio de Madrid, donde fue sexto. Era un caballo fantástico".

NICOLÁS DE JULIÁN, GENTLEMAN DEL SIGLO XXI.

Con solo 4 años Nicolás de Julián montaba ponis en la Venta de la Rubia, con 8 lo hacía sobre caballos de hípica y con 14 ya estaba en la Escuela de Aprendices que dirigía Florentino González en el hipódromo de La Zarzuela: "Empecé a montar con José Carlos Lopera y después estuve 5 años con Ovidio y Jorge Rodríguez. Al principio lo compaginaba con los estudios y el fútbol. No pensaba dedicarme a esto y me saqué la licencia de amateur, pero al final he llegado a la conclusión de que montar es lo que más gusta”.

Su padre no oculta su satisfacción al escucharlo: "Compramos a Desert Run para que pudiese debutar. Después hemos tenido a Forth King, Chitón, Castellana...". Con esos caballos y muchos otros, Nico se ha curtido como jinete en todos los hipódromos y playas de España: "Me costó dos años ganar la primera carrera. Fue con Turrialba en Dos Hermanas. Nunca había estado tan nervioso. Era el favorito y estaba impaciente porque no llegaba la victoria, pero ese día el caballo lo hizo muy bien. Ganamos por 6 o 7 cuerpos". Desde aquel 15 de enero de 2012 todo ha sucedido muy
Nico de Julián, ganando con Turrialba
deprisa. El año pasado ocupó el puesto 11º en la estadística de jinetes y en 2014 busca hacerse un hueco en el Top 10: "Al principio el descargo me abrió bastantes puertas. Ahora estoy con Guillermo Arizkorreta, que suele dar oportunidades a la gente de la cuadra y ya he ganado para él. Pero sé que tengo que ganármelo. En carrera siempre hago lo que me dice el entrenador, pero a veces es difícil medir el ataque y lo hago un poco pronto o un poco tarde. En eso debo mejorar", afirma con talante crítico.

Francisco, que durante bastante tiempo estuvo involucrado en el proyecto de la cuadra Altamira para seguir apoyando la carrera de su hijo, confía en él sin dudar: "Es muy obediente con las órdenes, pero además tiene otras cualidades y mucha fuerza en las piernas de haber jugado tanto al fútbol. De Altamira solo puedo decir que le deseo mucha suerte a su propietario, Alfonso Núñez. Sigue siendo un buen proyecto".

Por segundo año consecutivo, Nicolás ha sido el representante español en el Mundial de la FEGENTRI, donde ha logrado tres victorias, la última este septiembre en Dalaware: "Ha sido mi mejor triunfo. Montar en Estados Unidos era para mí un reto increíble. Y el caballo pagó 40 a 1. Fue inolvidable. Es una gran experiencia montar en grandes hipódromos y compartir vestuario con Soumillón, Dettori, Barzalona o Peslier".

LA EVOLUCIÓN DE LA AEGRI

Francisco de Julián, directivo de la AEGRI desde 1985 recuerda los nombres de grandes profesionales actuales que han pasado por la Asociación, convertida en una especie de cantera del turf: "Sergio Vidal fue el primero en pasar de amateur a jockey profesional, pero de aquí han salido también preparadores como Carlos Laffón, Mauri Délcher, Ioannes Osorio, Arizkorreta, Enrique León y Eduardo Buzón, jockeys como Horcajada y Álvaro Gómez, criadores como Luis Alberto Urbano, veterinarias como Marta Varela y hasta directores de carreras como el tristemente desaparecido Pablo Font".

Actualmente hay en España 61 licencias de jinetes aficionados -más de la mitad, amazonas- y el número continúa creciendo, aunque Francisco admite que el concepto de amateur ha cambiado en los últimos tiempos: "Estamos casi doblando en licencias a los jockeys profesionales. Cada vez hay más jóvenes que vienen a montar. Lo único que les pedimos a los socios es que no vivan de los caballos, pero eso es algo que no podemos controlar. Se dice que algunos cobran, pero hay que demostrarlo. Nosotros no somos policía de nadie".

Francisco de Julián (el primero a la izquierda)
y otros jinetes de la AEGRI a principios de los 80

Algunos de los actuales amateurs –recuerda Francisco- montan habitualmente en carreras con profesionales: “Hay un gran nivel: Diego Sarabia, Marcos Carmena, Nico, Pablo Laborde, Gonzalo Pineda, Melgarejo, Lucía Gelabert… El problema es que al final casi siempre montan los mismos; por eso intentamos que haya pruebas reservadas a amateurs que no hayan ganado cinco veces. La desaparición de algunos hipódromos también nos ha perjudicado”.

Padre e hijo miran al futuro con cierto optimismo. Francisco cree que "se está consiguiendo traer mucha gente nueva al hipódromo, aunque de poco sirve si luego no se acercan a las taquillas" y recuerda que "esto se nutre de los propietarios”. Nicolás, por su parte, ya ha lanzado su apuesta: "El próximo año quiero sacarme la licencia de profesional". Con solo 20 años y 53 kilos de peso, su recorrido como jockey promete ser muy largo.

Noviembre de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

Tal como anunció entonces, en 2015 Nicolás de Julián ha dejado de montar como jinete aficionado, iniciando una nueva etapa como aprendiz, paso previo a convertirse en jockey profesional. Junto a Jaime Gelabert, es la mayor promesa como jinete de un turf español más necesitado que nunca de fustas jóvenes. Al mismo tiempo, Francisco de Julián ha vuelto a asociarse con Alfonso Núñez, propietario de la cuadra Altamira, para sentar las bases de un proyecto muy interesante para el turf español (una historia, por cierto, que publicaré muy pronto en este mismo blog).

Diciembre de 2015

jueves, 12 de noviembre de 2015

Sergio Vidal


SERGIO VIDAL, EL HOMBRE TRANQUILO

Sergio Vidal tiene en su preparación diez caballos, más o menos el mismo número que ha tenido siempre. Los éxitos obtenidos por El Topo no parecen haber cambiado la vida de este hombre tranquilo y afable, pero también franco y directo. Sergio reflexiona con nosotros sobre su larga trayectoria profesional, los acontecimientos recientes del turf en España y el futuro de las carreras de caballos.

DE ASPIRANTE A VETERINARIO A JOCKEY PROFESIONAL

El turf apareció en su vida de repente, como un fogonazo, siendo todavía un crío: “El padre de un amigo nos llevó a Lasarte una tarde a las carreras y me quedé prendado. Era verano, no tenía colegio y cada día me levantaba temprano para coger el autobús y ver los galopes. A los mozos y preparadores les hacía gracia ver allí a un chaval con cronómetro y prismáticos y pronto me hice amigo de todos. Ellos me daban soplos y yo se los pasaba a mi padre, al que fui aficionando poco a poco, y gracias a esos soplos acertó dos quíntuples”.



Con las 600.000 pesetas cobradas por una de ellas, su padre compró a Tantum, un caballo que había sido de Rosales, y con él aprendieron a montar Sergio y sus hermanos en el Club de Hípica. Un día le presentaron a Christian Délcher y después a su padre, Mauricio, que le subió a un caballo nada más verle, le puso los estribos cortos y le pidió que hiciese un cánter: “Al regresar me dijo que estaba listo para montar y me contrató. Mauricio se convirtió en una especie padre hípico para mí. Fue el mejor verano de mi vida. En septiembre nos fuimos al sudoeste francés, toda una excursión entonces, con Atlético, Carvin d’Auge y Jet Plane, a los que yo galopaba por las mañanas, y ganamos el Gran Premio de Biarritz. Estaba como loco con los caballos y decidí que ya no estudiaría Veterinaria, mi plan hasta entonces. Les dije a mis padres y a Mauricio que quería marcharme a Madrid para trabajar de mozo. Menudo revuelo se montó en casa y hasta el propio Mauricio me aconsejó que no lo hiciese, que éste era un oficio muy duro. Pero no le hice caso, en otoño me presenté en Madrid y él mismo acabó dándome trabajo”.



Debutó como gentleman con una yegua de Lorenzo Sanz llamada Écija y tardó en alcanzar su primera victoria. Fue con Bella Davina, preparada por Alfonso Pérez, en una tercera parte de hándicap: “Fue mi mayor alegría como jinete. A partir de ahí preparadores como Miguel Alonso y Enrique Bedouret me dieron bastantes oportunidades, en poco tiempo gané 14 carreras y entonces la Sociedad de Fomento, a petición de los jockeys de entonces, redujo a 15 el número de triunfos a partir de los cuales se perdía el descargo. No me quedó más remedio que hacerme profesional”.

A pesar de sus dudas iniciales, Vidal se convirtió entonces en jockey de la poderosa cuadra Alborada y su palmarés cobró lustre: Gobierno Vasco (cuatro veces), Gran Premio de San Sebastián, Cimera, Valderas y Oaks en solo unos años: “Tengo clavada la espina de no haber ganado la Copa de Oro a pesar de que estuve cerca varias veces, pero guardo muy buenos recuerdos de las victorias con Súa para la familia Font y con Wavy Run en un Gobierno Vasco donde batimos a Partipral, con Santiago Calle, y Alamtarah, con Walter Swimburn, en una de las mejores carreras que se han disputado jamás en España porque los tres primeros fueron ganadores de Grupo en Francia”.

Vidal fue de los primeros jockeys españoles en montar regularmente en Francia y llegó a ganar un listed con Okawango en Toulouse, pero las báscula y las secuelas provocadas por varias caídas le hicieron retirarse en 2006: “Cuando uno ya no pone toda la carne en el asador en cada la carrera por miedo a sufrir una caída más, significa que ha llegado la hora de dejarlo. Pienso que no logré todo lo que hubiese podido por falta de fortaleza mental. Era irregular. Cuando estaba en forma era capaz ganarlo todo, pero cuando las cosas no me salían sentía que paraba a los caballos. Fue mi gran limitación”.

Y APARECIÓ EL TOPO
 
Preparador desde el año 2000, Sergio siempre ha trabajado con pocos caballos. Algunos como Toledo, ganador de 15 carreras, o Bye Bye Blues, vencedor en Longchamp y del Gran Premio de la Teste, fueron notables ejemplares, pero ha sido El Topo el primer verdadero campeón que ha podido entrenar. Un caballo, curiosamente, por el que nunca hubiese apostado: “Nadie lo quiso en la subasta, sus propietarios se quedaron con él solo para sustituir a Crack y, cuando llegó a la cuadra, me encontré con un caballo que parecía inválido; era torcido, con unos aplomos horrorosos, además de vago y torpe; se tropezaba con todo. Llegué a pensar que jamás llegaría a correr. Pero en la pista, cuando empezó a entrenar con otros caballos, sacaba un buen golpe de riñones. Tenía motor. Y esa es la grandeza de los caballos. Nunca son una ciencia exacta”.

Durante el verano confirmó aquella impresión. Vizcaya le batió en el debut y un excelso Sir Andrew le metió nueve cuerpos en la siguiente, pero a la tercera se desquitó y a la cuarta humilló a sus rivales en el Gran Premio Milagro. Una nueva victoria en Francia en Cagnes-Sur-Mer, al principio de sus 3 años, le animó a disputar el Prix Montenica en Chantilly, un listed ante muy dignos caballos franceses: “Aprovechamos que El Topo ya tenía una carrera en el cuerpo y los demás reaparecían. Después de aquella victoria el caballo se vendió. Lo  comprendí y apoyé la decisión de los propietarios. Ahora se llama Celestial Nova y va a hacer cosas muy sonadas en Hong Kong. En Europa no llegó a demostrar lo bueno que era. O ganó fácil o perdió fácil. No tuvo ninguna carrera dura de verdad”.

El Topo ha sido hasta ahora el mejor caballo entrenado por Sergio Vidal


UN AÑO DIFÍCIL

A pesar de los triunfos de El Topo, Sergio Vidal ha vivido con amargura e incomprensión todo lo sucedido en el turf español durante la primera mitad del año: “No había argumentos válidos para suspender las carreras y el tiempo lo ha demostrado. No me parecía coherente desviar el dinero de LAE hacia los trotones y así lo manifesté, aunque después todo se llevó demasiado lejos y me entristeció que ambas partes no llegasen a un acuerdo. En San Sebastián entendíamos que se podían y debían dar carreras. Nos daba igual quién fuese el regulador y en eso coincidíamos con el Ayuntamiento, que hizo las gestiones necesarias, y después apareció el apoyo de LAE. Espero que al final no haya sido una temporada muy deficitaria”.
 
Sobre la creación del nuevo Jockey Club y el futuro del turf, reflexiona con cautela: “Sigo viendo incertidumbre. Un turf subvencionado por el Estado no puede durar toda la vida. Creo que la privatización no debe estar muy lejos y posiblemente eso fue lo que provocó la guerra por los derechos de imagen, la necesidad de tener el control de todo. La solución que se ha tomado ahora, si realmente funciona, habrá que darla por buena, pero se han corrido muchos riesgos y la fractura provocada en el turf ha sido muy grande. Se ha pagado un precio muy alto”.

A nivel deportivo, Sergio mantiene intacta la ilusión. Narru y Jai han viajado a Madrid para disputar las dos primeras jornadas del otoño: “El primero es claramente un caballo de distancia y el hijo de Gatz es mi ojito derecho. No correremos mucho más este año. Los caballos de menos nivel saldrán pronto de la cuadra. A cambio, espero amarrar tres o cuatro potros con orígenes a los que no estoy acostumbrado, entre ellos la hermana de Noozhoh Canarias y un hermano de Literato. Hasta ahora no he podido demostrarme a mí mismo lo bueno o malo que soy como entrenador, en parte por las limitaciones de Lasarte como centro de entrenamiento, pero tengo claro que no es el entrenador el que hace buenos a los caballos sino los caballos los que hacen bueno al entrenador”.

Octubre de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales






miércoles, 4 de noviembre de 2015

Jacinto Sánchez

JACINTO SÁNCHEZ, A LA SOMBRA DE LOS GRANDES

Jacinto Sánchez no se ha perdido una sola edición de la Copa de Oro. Desde 1966 viaja cada año desde el hipódromo de La Zarzuela, donde reside, hasta Lasarte para presenciar la carrera imprescindible del verano donostiarra. Tiene 74 años y una trayectoria profesional casi tan vasta como la historia del turf en España. Ha trabajado para los mejores entrenadores y propietarios de su época -Francisco Cadenas, Ramón Beamonte, Jesús Méndez, Villapadierna, José Luis de Salas, Ramón Mendoza, Bonifacio Vergara y Claudio Carudel, entre otros-, pero siempre ha figurado en segundo plano, como esos actores secundarios –y, sin embargo, indispensables- del mejor cine clásico.

EL NEGRO WILDSUN Y EL ALAZÁN RHEFFISSIMO

Jacinto nació en 1940, precisamente en San Sebastián, donde tuvieron que quedarse a vivir sus padres durante unos años, pues la sublevación militar del 36 les sorprendió en plena temporada de verano lasartearra. Perteneciente a la tercera generación de una familia dedicada al turf, se inició como aprendiz a los 16 años a las órdenes de Francisco Cadenas, preparador de la cuadra Beamonte: “No llegué a debutar en carreras porque en la cuadra había aprendices como Román Martín, Sabino Polo o Adolfo Barderas, que tenían mucho nivel”.

En 1958, los caballos de Ramón Beamonte, empresario de la construcción, pasaron a Jesús Méndez y Jacinto se marchó con él: “Comenzábamos a trabajar a las 5 de la mañana y terminábamos a las 10; así desde el 1 de enero al 31 de diciembre. Las únicas vacaciones que recuerdo son las que tuve cuando me casé. Todos los mozos vestíamos de uniforme: pantalón de montar y jersey verde, los colores de la cuadra. Don Ramón sabía mucho de caballos y era muy generoso. Cuando un caballo ganaba, el mozo que lo cuidaba recibía una propina de 200 pesetas. Ganábamos más en propinas que en sueldo”. Fue al año siguiente cuando Wildsun, montado por Claudio Carudel, ganó el Gran Premio de Madrid: “Era un caballo completamente negro, el mejor que teníamos, y yo era su cuidador. Gano el Gran Premio con 56 kilos, algo que no ha vuelto a hacer nunca un tres años”.

Con el negro Wildsun
Cuando su padre se retiró, Jacinto asumió las funciones de primer mozo en la cuadra: “Yo lo comparo con la tarea del segundo entrenador en un equipo de fútbol. Tienes que observar todos los días a cada caballo, comprobar que ha comido bien y que no sufre ningún percance. Los caballos son inteligentes y reconocen al mozo que les da cariño. Según los tratas, así te tratan ellos. A mediados de los años 70 llegamos a juntarnos con 85 caballos, todos los de Beamonte, Villapadierna y Mendoza, que eran muy distintos como propietarios. El Conde de Villapadierna era un señor, venía todos los días a la cuadra y tenía la costumbre de tocar el testero a los potros antes de debutar para saber si iban a ser buenos o no, y casi siempre acertaba. Ramón Mendoza, en cambio, no sabía de caballos, pero tenía buenos asesores y trajo muchos ejemplares de Chile que dieron un resultado fenomenal”.

Fue en 1976 cuando apareció Rheffissimo, precisamente el último fenómeno de Villapadierna, un alazán de apariencia nada llamativa, según recuerda Jacinto Sánchez, pero intratable en la pista: “No estaba bien criado; de potro lo vendían por 200.000 pesetas, que no era mucho dinero, y nadie lo quiso comprar. Estuvo un año escayolado y tardó mucho en debutar, pero yo confiaba en él y me lo confirmó ganando desde el primer día. En la pista era un monstruo. En España solo sufrió para ganar en el Gran Premio de Madrid. Luego encadenó la Copa de Oro, el Villamejor y el Memorial Duque de Toledo, y después se lo llevaron a Inglaterra, donde disputó varias carreras y fue tercero en Grupo III. Recuerdo el día que regresó a España; cuando llegó al box, le quité las vendas, acaricié sus tendones y le dije a Jesús con la mirada que nos habíamos quedado sin caballo. Creo que en Inglaterra le dieron mucha caña”.

Rheffissimo, el "monstruo" de Villapadierna


NUEVOS PATIOS

Después de 27 años de colaboración con Jesús Méndez, Jacinto dejó su cuadra para probar suerte con José Luis de Salas, que acababa de llegar de Estados Unidos: “Con él aprendí cosas nuevas. No forzaba a los caballos en los entrenamientos y tenía la costumbre de mantener sus extremidades vendadas dentro del box para evitar lesiones. Además utilizaba sueros y complejos vitamínicos que aquí no conocíamos. Antes los piensos eran muy simples. Solo contenían avena, habas y algo de cebada. La alimentación es lo que más ha cambiado en todo este tiempo”.

Después pasó varios años como primer mozo de Bonifacio Vergara, con quien ganó las Poules (Pepes y Caruchita, ambos en 1985) y el Derby (Adriático, en 1987); tuvo un breve encuentro con Gerardo Villarta y cerró su ciclo en el hipódromo con Claudio Carudel, con quien volvió a ganar el Derby gracias a Cumbrales (1994). Después llegó el mazazo: la noticia del cierre del hipódromo: “Pude ir a San Sebastián, incluso como preparador, pero mis hijos estaban estudiando y decidí quedarme. Me dieron trabajo en la Venta de la Rubia como cuidador de caballos de hípica, pero no me gustaba cómo se trataba a los caballos; trabajaban horas y horas sin descanso y lo dejé después de unos meses. Al final encontré trabajo como conserje de un edificio y allí estuve hasta que me jubilé”.

UNA CASA JUNTO A LA CURVA DEL PARDO

Desde entonces ha permanecido aferrado a su pequeño pedazo de tierra junto a la curva del Pardo, a escasos cien metros de la pista de hierba, observando con pesar cómo las 34 familias que en 1996 vivían en el recinto del hipódromo de La Zarzuela iban, una tras otra, abandonando sus casas: “Era triste ver cómo se tenían que marchar y los jabalíes entraban en los jardines y lo destrozaban todo. A muchos los realojaron en el barrio de San Fermín, pero a mí aquello no me gustaba. Vivo en esta casa desde el 7 de junio de 1958 y aquí espero seguir viviendo. Ya solo quedamos Gerardo Villarta y yo. He tenido tres juicios, he ganado dos y he perdido uno. Puede que un día de estos yo también me tenga que ir”.


Aunque no apuesta jamás, en Madrid Jacinto Sánchez no se pierde una sola jornada de carreras; solo tiene que abrir la verja de su casa, caminar unos metros y asomarse a la curva del Pardo; y en San Sebastián siempre estará esperándole su querida Copa de Oro.

Agosto de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

Finalmente Jacinto se tuvo que marchar del hipódromo y, desde hace unos meses, vive en Pozuelo de Alarcón. Pero no se pierde un solo día de carreras y acude entre semana siempre que puede. Continúa siendo uno de los mejores y más entendidos aficionados al turf que conozco.

Noviembre de 2015

viernes, 9 de octubre de 2015

Cielo de Madrid

JULIÁN LÓPEZ, PROPIETARIO DE LARGO RECORRIDO

Julián López, junto a Bohemian Rhapsody
A Julián López, propietario de la cuadra Cielo de Madrid, le gusta visitar la cuadra a menudo. Asiste a los galopes, charla con los mozos, saluda cariñosamente a sus siete magníficos (los caballos) y departe largo y tendido con Ovidio, su preparador desde hace más de 30 años. Bohemian Rhapsody corre este domingo el Premio Benítez de Lugo, la carrera que lleva preparando desde principios de año: “Tenemos la esperanza de ganar”, dice con cautela. Si lo consigue, pondrá la guinda a su trayectoria como propietario, marcada a veces por la mala suerte, pero siempre por una fidelidad al turf constante y duradera.

LOS ORÍGENES

Fue su padre –también llamado Julián- quien le transmitió el amor por el turf: “Se aficionó a través de un amigo suyo, el propietario de la cuadra Navacerrada, y compró cuatro yearlings en la subasta de otoño de 1983. Eran Gugú, Bracamonte, Papi y Sentimental. Seguramente son los cuatro caballos que recuerdo con más cariño. Fue Gugú el que nos dio la primera victoria, en el verano del año siguiente en Lasarte. No pudimos ir y vimos la carrera por televisión. Fue muy emocionante. Nunca había visto a mi padre llorar hasta aquel día”.

Julián López ha recopilado desde entonces todos los datos de la cuadra: 1754 carreras, 108 victorias y 576 colocaciones. 99 caballos han debutado con los colores verdes y amarillos de la cuadra de Alcobendas en 31 años de presencia ininterrumpida en las carreras: “Salvo la Yeguada Militar, ninguna otra cuadra lleva tanto tiempo corriendo al menos una carrera cada año. A veces hemos tenido más caballos y otras menos, pero siempre hemos estado ahí”.

En 1993 su padre cayó enfermo y tuvo que coger personalmente las riendas de la cuadra, pero entonces ya estaba plenamente enganchado al turf: “El primer caballo que compré fue Gran Visir, que llegó a correr la Copa de Oro. Fue muy importante para mí. Después llegó el cierre del hipódromo. Teníamos cuatro caballos y decidimos continuar”.

LUCES Y SOMBRAS

Fueron tiempos difíciles, pero reconoce que aprendió a disfrutar del turf de otra manera: “Pasaba muchas mañanas en el hipódromo, viendo los galopes con Leopoldo Michelena y otros propietarios ya desaparecidos. Solo quedábamos tres o cuatro cuadras y un par de entrenadores, pero había carreras en Lasarte y Pineda y manteníamos la ilusión. Lo más duro fue cuando empezaron las obras y Ovidio tuvo que llevarse los caballos a Sevilla. Yo me escapaba en el AVE siempre que podía para pasar el día con ellos”.

La espera duró casi una década. El 23 de octubre de 2005 un potro llamado Diurno, de la cuadra Cielo de Madrid, ganó la primera carrera de la jornada de reapertura: “Me la perdí. Estaba de espaldas a la pista, hablando con Juanma Loro. Falló la megafonía y no sabía que los caballos ya estaban corriendo. Cuando por fin me giré vi a Diurno casi cruzando la meta. Juanma me felicitaba y yo no entendía nada. Disfruté de la victoria después, durante la entrega del trofeo, viendo cómo mi madre lloraba de emoción”.

Diurno, Alfred y Satélite ganaron cinco carreras; La Rubia ganó siete. Pero si hay un caballo imposible de olvidar ese es Cambalache GR. Venció en cuatro de sus seis salidas a la pista, incluido el Gran Premio Nacional: “Era el patito feo. No se vendió en la subasta, pero me gustaba, tenía una cuadra con varios amigos y les propuse que lo comprásemos. No quisieron y les dije: vale, entonces me lo quedo yo y voy a ganar el Derby con él… Y sigo convencido de que lo habría ganado, pero un día antes de la carrera el caballo se rompió un tendón. Intentamos recuperarlo con una técnica que nunca se había empleado antes, pero sus tendones eran tan débiles que, cuando parecía recuperado, volvía a lesionarse. Al final desistimos, pero ahora está feliz, otra vez en la yeguada GR donde nació”.


Cambalache GR se lesionó antes de correr el Derby
Imagen: Cortacabeza.wordpress


La mala suerte persiguió también a otros futuribles campeones de la cuadra: “Perdimos a Isla Rubia, una compra especial que hicimos en Irlanda; a Diamant du Soleil y a otro hijo de Solina (por Gentlewave) que habría sido un campeón pero sufrió un accidente fatal en la yeguada. Las desgracias se olvidan cuándo ves a un caballo tuyo ganar una carrera, aunque sea un hándicap de tercera parte, o cuándo un potro que has criado llega por primera vez al hipódromo”.

Esa faceta, la de criador, es la que más le ilusiona últimamente. Actualmente tiene a Solina en Francia y a La Rubia en España: “A Solina la perseguí por toda Francia hasta que conseguí comprarla en un reclamar. Me gustan los orígenes alemanes porque dan caballos de distancias clásicas. Tiene un yearling (por Desert Style) que va a quedarse estabulado en Francia. Me encantaría conseguir la negrita algún día. Y con La Rubia estamos muy ilusionados. Tiene una yearling por Della Francesca, una foal por My Boy Charlie y está preñada de Caradak. Antes elegía yo mismo los cruces después de estudiarlo mucho. Ahora me asesora Rafael Rojano”.

MIRANDO AL FUTURO.

Su predilección por Bohemian Rhapsody es indisimulable. Llega en el mejor momento a la carrera clave: “Está muy bien, con la edad ha cogido fondo y este es su objetivo del año. Aunque me asustan Infinity One, que lleva mucho tiempo escondida, y Charosca. Espero buenas cosas de la cuadra este otoño. Innuendo ha vuelto después de una castración y está más tranquilo. De los potros el que más me ilusiona es The Miracle, aunque también tenemos un tordo (hijo de Pilarika) con buena pinta y una potra, Borntoloveyou, que ha mejorado bastante y seguramente debutará este domingo”.

El futuro del hipódromo lo vive con la misma inquietud de siempre: “Salvo algún breve episodio de gloria, la salud del turf en España siempre ha sido muy delicada. No podemos compararnos con Francia o Inglaterra porque aquí no existe tradición; siempre hemos sido cuatro románticos. Fomento debería haber desaparecido hace muchos años porque no pueden regular las carreras quienes están dentro de ellas, incluso como propietarios. Aunque me da miedo y pavor que queden en manos de la Real Federación Hípica. El turf debe de estar regulado por un órgano independiente, formado por muy pocas personas, que dependa directamente del Consejo Superior de Deportes”.


Nuestra charla concluye. Julián López se queda hablando un largo rato más con su amigo Ovidio Rodríguez: “Es una relación muy familiar. Siempre hemos confiado en él. Como preparador, toma las decisiones, pero muchas las consensuamos”. El domingo, cuando Borntoloveyou salga a la pista, cien caballos habrán debutado en el hipódromo con los colores de Cielo de Madrid.


Septiembre de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

P.D: El gran Cambalache GR murió pocos meses después de la publicación de este reportaje y el turf español estuvo al borde de la desapareción a causa del conflicto entre Hipódromo de La Zarzuela y Sociedad de Fomento. Ovidio Rodríguez se retiró y la cuadra Cielo de Madrid emigró a Francia con Enrique León como preparador de sus caballos. Ahora, por 32º año consecutivo, sus colores vuelven a correr en España. The Miracle ha ganado esta misma semana en Dos Hermanas y Bohemian Rhapsody, la adorada yegua de Julián López, buscará el domingo en Madrid la anhelada negrita en el Listed Gran Premio de la Hispanidad. El turf siempre concede segundas -y hasta terceras oportunidades- a quienes persiguen sus retos con ahinco.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Pablo Font



In Memoriam


Edu tenía un feeling especial con los caballos y yo era el que mejor sabía colocarse, pero el que más se lo curró fue Pablo. Venía todos los días a montar y peleaba como nadie contra la báscula. Fue el que mejor acabó montando de los tres y el que más carreras ganó”. Así recuerda Fernando Font el espíritu de sacrificio y la fuerza de voluntad de su hermano Pablo, fallecido hace ahora 16 meses y en cuya memoria se celebra este domingo la carrera inaugural del otoño. Pablo Font, que tanto hizo por la reapertura del hipódromo de La Zarzuela hace ahora una década, será de nuevo protagonista en esta segunda reapertura.

PRIMEROS PASOS

Cuentan los hermanos Font Valle que su abuelo frecuentaba el hipódromo de La Castellana y siguió yendo durante toda su vida al de La Zarzuela, y que un día decidió llevar allí a su hijo Juan Miguel y éste no tardó en renunciar a su abono al Bernabéu para, desde entonces, poder acompañarle cada domingo a las carreras. Y cuentan que los cinco hermanos (Pablo, Fernando y Edu, nacidos en los 70; y después Juan y Miki, en los 80) descubrieron el hipódromo en carrito de bebé y celebraron allí su primera comunión, una tarde de Oaks o de Derby: “No nos jugábamos mucho, 50 pesetas a lo sumo, casi siempre a Claudio y a la Rosales, pero devorábamos la revista. Y eso que mi padre compraba dos para que evitar peleas porque todos queríamos ser los primeros en leerla”.

Un día, a mediados de los 80, la familia fue a una subasta de caballos en la Venta de la Rubia. Solo para mirar, pero fue como viajar a un territorio mítico. Tanto que los chavales se perdieron recorriendo sus boxes y pistas de entrenamiento y cuando volvieron la subasta había terminado: “Chicos, os lo habéis perdido, acabo de comprar una yegua. Se llama La Vega, les dijo su padre, y casi ni se lo creían, pero fue así como se hicieron propietarios. Después llegaron muchos más –Nino, Amanecer, Kuyaway, Octubre, Irish Stew, caballos de hándicap y a mucha honra- y el turf se convirtió para ellos en una fiesta: “En invierno, cuando había carreras en Lasarte, íbamos y volvíamos en el mismo día, pero eran viajes muy amenos porque Manolo García, nuestro preparador, sabía un montón de historias y las contaba muy bien. Todos nuestros domingos han estado ligados a las carreras”, recuerda Fernando.

Los tres hermanos mayores, todavía unos niños, empezaron a pasear caballos en el patio de Manolo, hasta que un día Pablo se dio un buen trastazo con Nino y decidieron hacer las prácticas con caballos de picadero: “Fue Pablo quien nos retó. Edu y yo habíamos pasado el verano en Estados Unidos y, al volver, descubrimos que Teodoro Callejo le había enseñado a montar. Nosotros aprendimos con Luis Alberto Urbano padre y Christian Délcher. Estuve montando a Partipral hasta su debut y todavía no me lo creo cuando pienso que aprendí el oficio con un caballo que llegó a correr el Arco del Triunfo”.

VALLE DE ANLEO Y SANLÚCAR DE BARRAMEDA

En el verano de 1990 los tres hermanos mayores estaban listos para debutar. Al final fue Edu el primero en estrenarse y su padre decidió crear una nueva cuadra, Valle de Anleo. La ocasión lo merecía y el jinete hizo el resto. Edu ganó la carrera con Benavente batiendo a la amazona Rita Azcárraga por una cabeza. Fue el día perfecto y la excepción que confirma la regla: “Todos los demás hermanos, -salvo Juan, demasiado grande para intentarlo siquiera- fuimos últimos en el debut”, comenta Miki.

El día de su debut, con los colores de Valle de Anleo

Sanlúcar de Barrameda se convirtió en territorio Valle de Anleo. Durante el verano los hermanos Font se instalaban en la playa y gestionaban ellos mismos la cuadra: “Nos sentíamos preparadores. Pablo había pasado una temporada con Mauricio Délcher y Sergio Vidal en Chantilly y había aprendido mucho. Nos ocupábamos de todo, desde hacer las camas hasta planificar la competición. En una carrera llegamos a montar los tres hermanos juntos, en otra hicimos gemela y un año Pablo consiguió ganar la ensaladera (la estadística sanluqueña, con cinco triunfos). Ganar el Gran Premio de Sanlúcar se convirtió precisamente en el sueño de nuestro padre y, para conseguirlo, intentó comprar a King Cobra en una subasta, pero la puja subió demasiado y tuvo que conformarse con una potra mucho más barata llamada Súa, recuerda Fernando con una sonrisa porque, paradojas del turf, Súa llegó a ganar la Poule y el Oaks, convirtiéndose en el ejemplar más valioso de la historia de la cuadra. Sarasola había cerrado La Zarzuela y aquellos grandes premios se disputaron en Lasarte en la temporada organizada por la Asociación de Propietarios. Nunca llegamos a cobrarlos pero nadie nos quitará la alegría de haberlos ganado”.

REGRESOS, PROMESAS Y DESPEDIDAS 

Conocí a Pablo Font unos días antes de la reapertura de La Zarzuela, en el otoño de 2005. Personalmente no llegué a tratarle demasiado, pero pude entrevistarle entonces y en un par de ocasiones más y recuerdo su gran amabilidad, su entusiasmo contagioso. El turf iniciaba en España una etapa nueva y el futuro parecía inmenso, como recuerdan Fernando y Miki: “Estaba muy ilusionado. Carlos Rodulfo, al frente del proyecto, había consultado a Fernando Guijarro y Fernando le recomendó a Pablo, que entonces trabajaba para él. No le importó perderlo. Fueron años muy duros, agridulces, nos decía, pero se sentía orgulloso de haber ayudado a poner en marcha el hipódromo. Después de tres años lo dejó porque necesitaba un cambio, pero al final le quedó el reconocimiento de toda la gente del turf”.

La enfermedad llegó tiempo después y en diferentes fases. Pablo vivió recuperaciones y recaídas. Tras una de ellas, sus amigos Carlos Zuma y José Carlos Lopera tuvieron la idea de resucitar la cuadra Valle de Anleo, como recuerda Miki: “Aquello le dio vida. Lopera habló con Manuel Pereira, pudimos quedarnos con Covelo y Pablo convenció a muchos de sus amigos para formar una cuadra multipropiedad de 30 socios. Llegamos a pensar que Pablo o yo mismo podríamos montarlo”. Covelo se portó como un campeón y volvió a ganar para la cuadra Valle de Anleo en las nocturnas madrileñas catorce años después del triunfo de Narrichkin en Sanlúcar. Y en la carrera de su despedida, el 1 de agosto de 2013, acabó segundo. Aquella fue también la última carrera que Pablo vio en el hipódromo, rodeado de todos los suyos.

De nuevo en el paddock, despidiéndose de Covelo

Covelo se retiró -cuenta Miki- porque le habíamos prometido a Lopera un final digno para un caballo noble como él y ahora está feliz en una finca, pero Pablo sabía que yo había estado montándole en galopes y un día, ya en el hospital, me dijo que quería verme debutar y le prometí que lo haría. Perdí diez kilos y me saqué la licencia, pero ya no teníamos a Covelo y empezamos a buscar un caballo para alquilar por un solo día. Lopera vio matriculado a Libretrasto en una carrera de aficionados y se lo comentó a Diego Sarabia, su propietario y jinete. Diego se portó como un caballero, nos dejó el caballo gratis y se quedó sin montar para que yo pudiese cumplir mi promesa. Quedé último, pero recuerdo la sonrisa cómplice de Pablo, que había visto la carrera junto a nuestra madre en el hospital, cuando fui a visitarle”.

Pablo murió dos meses después de aquella tarde. La última carrera que vio fue las Dos Mil Guineas de Noozhoh Canarias, desde la cama del hospital junto a su hermano Fernando: “Y justo cuando Noozhoh iba en cabeza, a 500 metros de la meta, apareció la enfermera, se cruzó por delante de la pantalla y los dos nos pusimos a gritar. La pobre no entendía nada…”

De haber podido vivir la crisis que ha paralizado al turf durante tanto tiempo, seguramente Pablo tampoco habría entendido nada: “Sé que, antes de la última recaída, los actuales dirigentes del hipódromo de La Zarzuela habían hablado con él, querían que fuese una especie de asesor externo; y en Fomento tenía muy buenos contactos. No lo puedo asegurar, pero creo que si Pablo hubiese podido mediar no se habrían parado las carreras. No había motivos para ello. Solo tenían que negociar, llegar a acuerdos. Y Pablo era muy conciliador, habría ayudado mucho”, reflexiona Fernando, quien el domingo, junto al resto de la familia Font, entregará el primer premio de la nueva temporada: “La idea fue de Gerardo Torres, que nos ofreció incluso la posibilidad de elegir carrera. Es algo que nos hace mucha ilusión”. Sería fantástico –y ésta es una opinión personal- que el Gran Premio Reapertura, huérfano hasta ahora de nombre propio, pueda estar en futuros otoños dedicado también a la memoria de Pablo Font, que ojalá reciba el domingo la más grande de las ovaciones.

septiembre de 2015 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales