miércoles, 29 de abril de 2015

Paulino García

PAULINO GARCÍA. LA VIDA DESPUÉS DE JOCKEY.

Verano de 2014. Cajones de salida del hipódromo de la Zarzuela. Un operario sostiene una bandera blanca a la espera de que el Juez de Salida de la orden de partir, las puertas se abran y los caballos pasen junto a él como centellas. Es Paulino García, el jinete español que durante más tiempo ha permanecido en activo de forma interrumpida: 43 años sobre los estribos. Ahora, después de sufrir una lesión cardiaca que le ha bajado definitivamente del caballo, ha encontrado una ocupación que le permite seguir en contacto con las carreras: “Les estoy agradecido, pero es triste tener que estar a pie de pista. No me queda otro remedio” dice con evidente resignación al comenzar nuestra charla.

MARCANDO EL PASO.

Paulino debutó en carreras en 1967, con solo 14 años. Venía, como Florentino González, de El Vellón, un pueblo cercano a la sierra de Madrid. Allí aprendió a montar, en burro y a caballo, casi al mismo tiempo que a caminar: “El día que llegué al hipódromo, Emilio Ceca me ordenó subir a una yegua difícil, para probarme. Yo nunca había utilizado montura y menos aún estribos; Emilio, al ver que me acoplaba muy rápido, hizo una especie de alharaca, la yegua se asustó y me di un porrazo tremendo, pero al año siguiente ya estaba montando en carreras. Mi primera victoria fue con Kerry II –con solo 40 kilos, frente a los 62 de Farnesio, el favorito-. Salí en punta y gané de lejos”.

Con el tiempo iría puliendo su estilo, pero ese primer triunfo reveló una de sus principales cualidades como jockey: el sentido del paso, la capacidad de liderar la carrera de salida a meta sin desfondar al caballo. Con esa táctica logró muchas de sus 315 victorias: “Para mí, si sabes administrar el ritmo, la carrera en punta es la más bonita y la más sencilla”. Así ganó también el Gran Premio de San Sebastián de 1981 con Guilford, uno de sus triunfos más espectaculares: Gualberto Pérez, el preparador, me ordenó salir como si la meta estuviese a 200 metros… ¡y eran 2800! Así que pusimos un ritmo infernal. Al salir de la primera curva hice ademán de quitarme las gafas, el caballo pensó que le iba a atizar con la fusta y salió disparado; y luego, cada vez que levantaba la mano para tratar de quitarme las gafas, volvía a dar un arreón. Batimos el record. Guilford ha sido el caballo más impresionante que he montado. Mejor incluso que Rheffissimo o Vichisky”.

Aunque nunca venció en la estadística, Paulino García ha ganado la mayoría de los grandes premios que se disputan en España. El Memorial con Geisha en 1973 y Seis Doble en 1976: “Un caballo de los de antes; el pobre se adaptaba a todo”. El Gran Premio de Madrid con Príncipe Duero en 1979: “Un castaño oscuro muy bonito y fácil de montar”. La Copa de Oro con Sacara en 1980: “Corríamos tres Rosales y tres Mendozas. Llevaba una de las bandas y fui cómodo detrás, ataqué en la recta y batimos a El País. En su palmarés solo echa de menos una victoria en el Derby: “Es mi espinita clavada, aunque el único año que tuve un buen caballo me faltó suerte. Fue en el 75 con Taj Scandal, de Villapadierna. Iba en cabeza y al salir de la curva de Perdices no quiso girar. Nos fuimos contra los aligustres y me caí”.

Más heroica fue la derrota que sufrió en la Copa del Rey de 1985, montando a Trazo. Un estribo se rompió al abrirse los cajones y Paulino libró toda la carrera en punta, botando sobre la silla al tiempo que empleaba la fusta y arreaba como podía. De manera increíble acabó segundo a un cuello de Mayorazgo, que lo cazó en la misma meta: “Hasta la hermana del Rey, que había visto la carrera en el hipódromo, bajó a felicitarme. Estuve dos días casi sin poder moverme”.



Con otro de sus caballos predilectos, Indian Prince, puntero intratable en sus mejores días, ganó también el Gran Premio de San Sebastián y el Gladiateur de 1986; y con Chikawa se impuso en el Hispanidad del 87, la única vez en su vida que tuvo que ponerse a dieta: “Tenía que montar a 53 kilos, así que me vi obligado a perder más de dos kilos en una semana. Me pusieron un régimen tan estricto que prometí no volver a hacerlo nunca más. Siempre he preferido hacer ejercicio antes que perderme una buena comida”.

HASTA LOS 57, A CABALLO.

Cuando el hipódromo de La Zarzuela cerró, Paulino tenía 43 años y decidió continuar. Se marchó primero a San Sebastián y después a Mijas: “Aguanté a trancas y barrancas. Fue una época difícil en la que nos gastábamos más de lo que ganábamos. Al final, si montas poco y malo, el círculo se cierra cada vez más”. Su última victoria fue con Celestial Star en Mijas en 2005, pero siguió montando en carreras hasta junio de 2009. Los preparadores confiaban en él por su tacto con los potros inexpertos -
El día de su despedida volvió a vestir la chaquetilla
de la cuadra Dominó. Imagen: Gaceta Hipódromo
Suances, Equiano o Faramir pasaron por sus manos antes de convertirse en grandes campeones- hasta que, a los 57 años, no le quedó más remedio que colgar la fusta. Le diagnosticaron un problema cardiaco y desde entonces un marcapasos controla el ritmo de su corazón. En marzo de 2010, el mundo del turf le tributó un homenaje en el hipódromo de La Zarzuela. Se subió por última vez a un caballo, Opal of Fire, y volvió a vestir la chaquetilla de la cuadra Dominó de su querido Seis Doble.

Su retiro forzoso ha venido acompañado de cierto desencanto personal con el turf. Paulino lamenta la desaparición de la caja de socorro –una especie de hucha solidaria, producto de la donación del 1% de los premios, que servía para ayudar a jockeys en apuros-: “Si ese dinero que entregué durante 43 años lo hubiese invertido en un plan de pensiones ahora todo sería distinto, pero se lo llevaron entre cuatro”, dice con amargura; y su última etapa como mozo con Yan Durepaire acabó –según sus propias palabras- “como el rosario de la aurora. Nos dejó tirados cuando se marchó”. Él mismo ha renunciado a hacerse preparador porque asegura que no se dan las condiciones: “Para que te quede un beneficio mínimo tienes que cobrar 1100 euros al mes por caballo y ahora mismo hay preparadores que están cobrando 700. Así no lo veo rentable. Y como mozo tampoco me van a dar trabajo, porque por el dinero que cuesto yo pueden contratar a dos en peores condiciones”.

Así, con la misma determinación que le impulsaba a tomar la punta desde la salida, se expresa ahora Paulino García, el hombre de la bandera blanca y los pies en la tierra.

Agosto de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

Manifestándose junto a sus compañeros ante la sede de SEPI,
hace solo unas semanas, para exigir la reanudación
inmediata de las carreras de caballos en España.