domingo, 22 de febrero de 2015

Gonzalo Pineda.

GONZALO PINEDA, APRENDIZ DE CABALLERO.

Gonzalo y Marcos, su maestro.
Imagen: Turf Digital
El 17 de julio se disputó en La Zarzuela el premio Tinto de Toro. Gonzalo Pineda montaba al favorito, Ciriaco; su tío, Marcos Carmena, lo hacía sobre Jevenese One, uno de sus principales rivales. Durante toda la semana, como hacen siempre que se enfrentan en la pista, se habían retado: te voy a ganar, decía uno; ya verás como no, respondía el otro. Cuando los caballos enfilaron la recta, Ciriaco se lanzó con firmeza hacía la victoria. Al final del duelo entre caballeros (maestro y aprendiz), ambos jinetes se bajaron de sus monturas y se fundieron en un abrazo. No hicieron falta palabras.

Después llegaron las demás felicitaciones familiares (en las tribunas estaban esa noche su y cuatro de sus siete hermanos) y el joven jinete comenzó a hablar: “Mi abuelo fue quién empezó con la afición, como criador y propietario, y luego se la transmitió a mi madre y a mi tío, y aquí seguimos Con Marcos tengo un gran pique, pero siempre como amigos. Tiene mucha experiencia y es difícil luchar contta él. ¿El mejor consejo que me ha dado? La humildad. Me ha enseñado a ser humilde y responsable. Con los caballos y también en la vida”.

UN ESTUDIANTE DE SALAMANCA.

Gonzalo Pineda vive en Salamanca. Allí estudia Ciencias Ambientales, pero en verano, cuando acaban las clases, se instala en Madrid. Empezó a montar a los 12 años y, casi desde entonces, pasa sus vacaciones estivales en el hipódromo de La Zarzuela: “Ahora estoy con Guillermo Arizkorreta, montando a diario, pero cuando empiece el curso solo podré venir los fines de semana. Compaginarlo con los estudios no es fácil. Los primeros años lo vivía con demasiado ajetreo. Eran muchos viajes en tren todas las semanas, pero ahora me organizo mejor, aunque en época de exámenes no puedo venir y pierdo algunas montas”.

Su victoria con Ciriaco fue la undécima de su carrera. Han pasado cuatro años desde la primera, con Selamy, también en la arena madrileña: “Un recuerdo impresionante porque gané a jockeys profesionales. Urbina y yo tuvimos un mano a mano durante toda la recta, le pasé a 50 metros y casi no me lo creía. Pegué un grito al cruzar la meta. Dije: no es un sueño, es verdad”.

Selamy estaba en la preparación de Jorge Rodríguez, otro de sus mentores: “Mi tío Marcos me había enseñado a montar en Salamanca, pero mis primeros maestros en el hipódromo fueron  Ovidio y Jorge Rodríguez. Con ellos aprendí a dominar los caballos, a montar en diferentes posturas y a conocer las tácticas en carrera. Aprendí, sobre todo, a disfrutar. Jorge tenía un caballo, Flow Boy que era magnífico para un amateur. Lo monté cinco veces y siempre fuimos segundos o terceros. Me lo pasaba bomba con él. Era muy noble. Y luego estaba Cabo Cañaveral, que era otro caballo mágico, aunque perdí con él una carrera que no me perdonaré nunca. Fue en Mijas y era el gran favorito. Jorge había intentado quitarme presión antes de la carrera, pero yo tenía solo 15 años y me sentía como si tuviese que montar al hijo de Dios. Nos ganó Ministro por una cabeza. Si lo monto ahora, seguro que no pierdo”.

Ganando con Belate en La Zarzuela, su pista favorita.
Gonzalo Pineda se considera un jinete con mucha sangre fría. Ha ganado carreras en Lasarte, Dos Hermanas, Mont de Marsán y La Teste, pero su pista favorita es la de Madrid. “Me encanta. Me chifla la hierba y creo que le tengo pillado el truquillo. En La Zarzuela tengo tiempo para pensar durante la carrera y me gusta esperar al último momento, pero sin llegar tarde. La primera vez que gané con Belate me ordenaron ir cuarto, pero los demás salieron a toda leche y yo, como la pista estaba muy embarrada, decidí quedarme atrás. En la recta abrí a Belate y nos fuimos. Fue una de mis mejores victorias. Me gustan las carreras tácticas”.

ESPÍRITU AMATEUR.

Resulta curioso que los tres principales maestros de Gonzalo (Marcos Carmena, Jorge Rodríguez y Guillermo Arizkorreta) sean o hayan sido jinetes aficionados. Aunque él no se plantea esta etapa como un trampolín hacia el profesionalismo, básicamente porque quiere seguir disfrutando: “Pienso que si algo te gusta de verdad es mejor hacerlo por placer, porque si se convierte en una obligación puede dejar de gustarte y no quiero que eso me pase. Ser jockey implica mucha responsabilidad. Además, peso 62 kilos, así que lo tendría difícil. Mi objetivo es continuar montando como amateur”.

Aunque no participa mucho en carreras -este año solo ha montado en siete ocasiones- cree que formar parte del equipo de Arizkorreta ha sido un paso adelante en su trayectoria: “Llego al hipódromo a las seis de la mañana y cada día monto a cuatro lotes. Sé que tengo que mejorar con las riendas y arrear con más fuerza. No pregunto mucho pero me fijo en todo, especialmente en todo lo que hace Janacek. Es muy serio, muy profesional; si tiene que regañar a un caballo, lo regaña sin vacilar, pero luego también es muy divertido. Y Guillermo, cuando voy a montar en carreras, siempre me transmite mucha calma”.

A pesar del gran número de caballos que hay en la cuadra, a Gonzalo no le cuesta elegir sus preferidos, y lo hace en función del carácter: “Me gustan los caballos nobles y un poco juguetones, como Indiano; o algunos un poco difíciles, como S Grillo, a los que al final acabas cogiendo cariño. Ciriaco, por ejemplo, también era muy pesado y nervioso de potrito, siempre había que estar con él. Con caballos así hay que tener mucha paciencia y educarlos, igual que se hace con los niños”.

Imponiéndose a los profesionales con Deseado, una de sus últimas victorias.

En el premio Tinto de Toro, Ciriaco debió acordarse de las horas que Gonzalo había pasado con él, entreteniéndolo y educándolo, y en la última recta se puso a galopar con más fuerza que nunca para dejar muy atrás a sus rivales, especialmente a Jevenese One y Marcos Carmena. Al menos, hasta la próxima carrera. Hasta el próximo duelo entre caballeros.

Julio de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

En 2015 Gonzalo Pineda representa a España en el campeonato internacional de amazonas y gentlemen (Fegentri). En la primera carrera, celebrada el 14 de febrero en Cagnes-Sur-Mer, ocupó la séptima posición. Mucha suerte y, sobre todo, un deseo: que el 17 de mayo pueda participar en el Premio Andrés Ramós Covarrubias, la prueba del campeonato que debe disputarse en el hipódromo de La Zarzuela. Sería una gran noticia para todos. 

Febrero de 2015

Finalmente, el 10 de diciembre de 2015 y tras 22 pruebas distputadas, Gonzalo Pineda se ha proclamado en Doha campeón del mundo de jinetes aficionados. El aprendiz de caballero se ha convertido con solo 21 años en un auténtico maestro. ¡Enhorabuena, Gonzalo!

Diciembre de 2015

jueves, 12 de febrero de 2015

Amigos del Moyate

PEPE SÁNCHEZ Y LOS AMIGOS DEL MOYATE. EL TURF EN LA SANGRE.

Los Moyates, junto a Teo Callejo y Crocquevieille.
El primer recuerdo nítido de Pepe Sánchez en el hipódromo de La Zarzuela es el Gran Premio de Madrid de 1958. Ganó Terre de France, de José Luis Carrera, montada por Antonio Balcones y entrenada por Jesús Méndez, a cuyas órdenes trabajaría desde el año siguiente como primer mozo Jacinto Sánchez, precisamente el padre de Pepe, iniciando la cuadra una racha formidable de victorias -con Wildsun, Nembutal y Nertal, todos de Ramón Beamonte- en la carrera magna de primavera. Años después el hermano mayor de Pepe, Jacinto, siguió los pasos de su padre como primer mozo; otro hermano, Mariano, se hizo aprendiz. Él, en cambio, se hizo electricista, pero nunca desde entonces ha dejado de asistir a las carreras como aficionado. Hasta que ahora, 56 años después de ver ganar a Terre de France y casi sin quererlo, se ha convertido en propietario. Y todo porque, en el fondo, “los caballos han sido mi vida”, resume en una frase.

HISTORIA DE DOS GENERACIONES.

Pepe es el socio de más edad de la cuadra Amigos del Moyate, pero la culpa de esta aventura la tienen los jóvenes: su hijo José, Óscar Blázquez y Luis Alberto Martín. Los tres son amigos desde niños y le animaron a unirse a los moyates, como se llamaban amistosamente entre ellos. El padre de Óscar es Segundo Blázquez, quien también fue mozo y jinete de carreras de vallas; y el padre de Luis Alberto trabajó a las órdenes de Román Martín, así que los tres crecieron prácticamente en el hipódromo: “Vivíamos en las casas que había en La Zarzuela –rememora Óscar- y estábamos siempre rodeados de caballos. Cuando era niño, mi padre trabajaba con José Luis de Salas y me impresionaba estar al lado de campeones como Akelarre o Primer Amor. Tenía 15 años cuando La Zarzuela cerró, seguimos viviendo allí unos años más, pero al final nos tuvimos que marchar. En ningún sitio he vivido mejor que en el hipódromo”.

Luis Alberto fue un poco más lejos y se convirtió en jockey: Román Martín me enseño a montar. En aquella época llegué participar en quince carreras, pero tenía problemas con el peso, el hipódromo cerró y lo dejé”.

Terre de France, ganador del Gran Premio
de Madrid en 1957, primer recurdo hípico
de Pepe Sánchez, en una de las fotos que
podemos encontrar en la web de
los Amigos del Moyate.
Con la reapertura, los moyates volvieron a engancharse. Promovieron una cuadra multipropiedad de ocho o nueve socios, compraron a Cuba y disputaron con ella tres carreras, pero la sociedad se disolvió pronto: “El resto de socios se quedó con la yegua. Nosotros nos quedamos con el nombre de la cuadra –Amigos del Moyate- y los colores –blancos y amarillos- para más adelante”, recuerda Óscar Blázquez, quien precisamente por aquella época ya andaba enfrascando en su otra gran pasión, la fotografía, y cada domingo registraba, cámara en ristre, todo lo que sucedía en el hipódromo. Crearon la web (www.amigosdelmoyate.es) que alimentaron con las fotos del presente aportadas por Óscar y las imágenes del pasado conservadas por Pepe Sánchez: “Tenía bastantes de mi propia familia, pero la mayoría pertenecían a un aficionado que murió hace unos años. Habían estado guardadas en el maletero del coche de un amigo suyo y se encontraban en muy mal estado. Las estamos restaurando y digitalizando poco a poco para subirlas a las web. Conocemos a mucha gente en el hipódromo y seguimos recopilando fotos de mundo”. Óscar Blázquez calcula que poseen más de un millar de viejas instantáneas, lo que convierte su colección en un archivo fotográfico apasionante para cualquier aficionado al turf, un patrimonio histórico que merece la pena visitar.

Cada semana, de hecho, encontramos viejas imágenes nuevas para nosotros: “Me da mucho trabajo –dice Pepe- pero es rara la semana que no subo alguna foto. Solo fallo cuando se corre Arco del Triunfo, porque desde hace nueve años siempre vamos a verlo”. Ese día es especial para los moyates, que mantienen una buena amistad con Luis Alberto Urbano y el jockey Christophe Lemaire: “Nos tratan fenomenal. Siempre nos regalan entradas. Allí los caballos no sudan. Entran solos en los cajones”, relata Pepe con cierta fascinación. “Es el único día al año que me pongo corbata”, sintetiza su hijo José.

AL FIN, PROPIETARIOS.

Luis Alberto Martín, ganando con Corcubión.
El 6 de abril de 2012 los moyates se fueron a Mijas. Ese día Luis Alberto Martín reaparecía montando a Corcubión en una carrera para jinetes aficionados. “Gracias a Lopera, Manuel Pereira nos alquiló el caballo para la carrera”, recuerda Óscar. Corcubión, con Luis Alberto enfundado en la chaquetilla blanca y amarilla, ganó por algo menos de un cuerpo rematando por el exterior: “Lo había pasado muy mal porque me tuve que quitar muchos kilos, pero fue una alegría tremenda. Mereció la pena”. Óscar lo resume así: “El día más feliz de todos. Como amigo y como propietario, no se puede pedir más”.

Luis Alberto ha montado poco desde entonces, pero hace tiempo que trabaja en la preparación de Teodoro Callejo: “Conozco a Dromeos desde que entró por la puerta de la cuadra. Venía de Francia. Era muy renegado y con mucho carácter, así que tuvimos que trabajar bastante con él, pero cuando Teo me dijo que estaba en venta, no lo dude, se lo propuse a Óscar, Pepe y José, y volvimos a montar la cuadra. El caballo ha madurado mucho desde entonces”. Los resultados lo confirman. Dromeos, que era maiden, ha corrido cinco veces con los colores de Amigos del Moyate, una sociedad en la que también participa Teo Callejo, siendo dos veces primero y tres veces segundo: “Ha corrido cinco hándicaps y ha hecho buena caja –dice Óscar-. Sabíamos que iba a mejorar a cuatro años y subirá de valor en el futuro. El trabajo de Teo está siendo fantástico”.

Después de una de sus victorias, Luis Alberto se enteró de que otro de los caballos de la cuadra, Dos Tumbos, también había sido puesto en venta: “Vino de rebote. Estábamos eufóricos y nos lo quedamos. Es un caballo que tiene dinero. Se ha colocado las tres veces que ha corrido con nosotros. La cuadra está teniendo poco gasto y bastante beneficio”.

El último en llegar ha sido Hidden Fire, caballo que comparten a medias con otra propietaria: “Viene de Noruega, donde corrió en pistas difíciles, y estamos enseñándole a galopar mejor. Vamos a ver si nos divertimos con él”.


Quien seguramente no esperaba divertirse tanto como lo está haciendo es Pepe Sánchez: “Nunca pensé en convertirme en propietario, fueron ellos quienes me animaron y ahora reconozco que es una ilusión muy grande. Ver ganar a Dromeos, quedarme afónico de tanto gritar, recoger el trofeo y que luego me felicite tanta gente a la que conozco desde hace tantos años…”. Algo tan extraordinario, seguro, como ver ganar a Terre de France aquel día de imborrable recuerdo de 1958.

Julio de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales



Espectacular y reciente imagen de Dromeos 
Los Amigos del Moyate afrontan la temporada 2015 con un solo caballo en sus boxes, Dromeos, que tras unos meses de descanso ha regresado al hipódromo, según cuenta Oscar Blázquez: "Tuvimos que vender a Dos Tumbos e Indykova, pero estperamos que éste sea el año de Dromeos. Se ha hecho más caballo y probablemente lo veamos correr en los grandes premios". 

Más singular es la historia de Corcubión, el caballo que estenó los colores de la cuadra. En noviembre Óscar logró comprar en subasta pública al caballo de Pereira con el objetivo de concederle un digno retiro después de una vida dedicada a la competición. Numerosos aficionados al turf contribuyeron con pequeñas donaciones y ahora Corcubión les pertenece a todos ellos: "Desde entonces está descansando en una finca de El Boalo. Se encuentra muy bien, se le está reeducando para su nueva vida. El objetivo final es que en el futuro pueda ayudar a personas con problemas. Todos están alucinados con él"

Febrero de 2015

lunes, 2 de febrero de 2015

Román Martín A.

ROMÁN MARTÍN ARRANZ, UN JINETE DE ALTURA.

Lo primero que llama la atención de Román Martín Arranz es su estatura. Mide 1’83. Demasiado alto para ser jockey –le han repetido muchas veces- pero él no abandona el empeño. Pesa 59 kilos, de modo que su figura a caballo se asemeja a la de un Quijote cabalgando contra los elementos. Las pocas oportunidades que tiene las aprovecha. Hace solo unas semanas hizo con Argaly -el caballo de Kaela, la cuadra familiar- una monta precisa y muy inteligente, muy digna del apellido que lleva. Fue la décima victoria de su palmarés como jinete.

LA TERCERA GENERACIÓN.

Su padre es Román Martín Vidania, doble vencedor de la Copa de Oro de San Sebastián –una  como aprendiz, otra como jockey- y preparador desde hace casi una década; su madre es Ana Isabel Arranz, quien también fue jocketta profesional; y su abuelo es nada menos que Román Martín Sánchez, uno de los mejores jockeys españoles –si no el mejor- de todos los tiempos, con un palmarés también espléndido como preparador. Con semejantes antecedentes, el destino de Román Martín Arranz parecía escrito desde el primer biberón: “Puede decirse que lo he mamado desde pequeñito. Entre todos me han inculcado este mundo. Con siete u ocho años, cuando iba a veranear a San Sebastián, ya montaba a los caballos de carreras que tenía mi abuelo –Jumbotron, La Cibeles, Jafar-. Al principio toda la familia me animaba a ser jockey, aunque después, como veían que no paraba de crecer, me lo intentaron quitar de la cabeza. Pero yo insistía e insistía y al final volvieron a darme todo su apoyo”.

De niño, aprendiendo a llevar las riendas
Su debut en carreras se produjo, de hecho, sobre una yegua de su padre, Divine Reine. Fue en Lasarte en el verano de 2006, Román tenía 16 años y apenas recuerda nada: “Se me pasó volando. Mi padre y mi abuelo me dijeron que lo fundamental era que estuviese tranquilo y monté sin presión, pero me di cuenta de que si quería dedicarme a esto tenía que prepararme muy bien. Mi primera victoria fue con Lil One, en Orense. Fue muy emocionante. El caballo era de mi abuelo y le dediqué del triunfo a mi abuela”.

Las victorias continuaron. Con Speed Emperor se estrenó en La Zarzuela, con Balata venció por primera vez para otro preparador (Alberto Carrasco) y con Smasher ganó tres carreras casi seguidas, pero su pelea contra la báscula ya había comenzado: “De 59 kilos no puedo bajar. Es mi límite. Hago mucho ejercicio, voy a la sauna y sigo una dieta equilibrada, aunque en general como de todo. De lo único que me privo es de la Coca Cola, que me encanta pero engorda bastante”.

Con ese peso tenía muy complicado dar el salto de amateur a profesional, pero Román seguía absorbiendo como una esponja todo lo que veía a su alrededor, y no solo de su abuelo o de su padre -de quien dice haber heredado la sangre fría en carrera- sino de otros jinetes: “Me gusta mucho como monta José Luis Borrego, pero en general aprendo de todos los jockeys. En cierta ocasión, estando en los cajones de salida un día de lluvia en Dos Hermanas, arrojé al suelo la capa de plástico de las gafas y José Luis Martínez me advirtió que eso no debía hacerlo porque el caballo podía asustarse. Son detalles de los que tomo nota. Casi todos los jockeys me conocen desde que era un niño y siempre me he sentido muy arropado. Ser hijo y nieto de jockeys tiene su lado bueno y su lado malo”.

LAS CARRERAS DE VALLAS.

A principios de 2013 surgió una oportunidad que pudo haber cambiado su vida. El hipódromo de La Zarzuela programó en su calendario de primavera varias carreras de obstáculos y Román no se lo pensó demasiado: “Fue Alberto Carrasco quien me animó a probar, aunque antes del primer entrenamiento le dije que, si en algún momento sentía miedo, lo dejaba. Eso no pasó, el tema me gustó y durante tres meses estuve saltando con Sandoval para preparar el debut”.

Saltando con Sandoval, antes de la tragedia.
El día de la carrera, desgraciadamente, todo salió mal. En una de las vallas de la recta de enfrente Sandoval recibió mal, cayó y derribó a su jinete. El caballo tuvo que ser sacrificado y Román se fracturó la clavícula izquierda: “Sentí mucha rabia e impotencia porque tenía mucha ilusión, llegué a creerme que podía convertirme en jinete profesional de obstáculos y todo se acabó en un momento. Supongo que las cosas se hicieron con demasiada precipitación. Las vallas no eran las adecuadas y, desde mi punto de vista, ni los caballos ni los jockeys estábamos preparados al cien por ciento. Por culpa de aquella caída he tenido que pasar dos veces por el quirófano, pero estoy dispuesto a volver a intentarlo. No en España, dado que aquí no se dan las condiciones óptimos, sino en el extranjero. Sería una aventura, así que tendré que pensarlo muy bien”.

LOS CABALLOS DE KAELA.

Durante un tiempo estuvo fuera del hipódromo, trabajando en oficios que nada tenían que ver con los caballos, pero su verdadera vocación acabó llevándole de vuelta a La Zarzuela. Ha trabajado en las preparaciones de Roberto López, Yan Durepeyre y Francisco Rodríguez, y en la actualidad monta muchas mañanas para Eduardo Buzón, pero su padre continúa siendo para él la referencia: “No tiene muchos caballos y la mayoría son de la cuadra Kaela. Contamos con Kirilovich, con el que nos vamos a divertir mucho en el futuro; Argaly, que es muy honrado; Happy Few, del que esperamos buenas cosas en la arena; Steeler, Capitán Drake y, por supuesto, Smasher, que ya está retirado de la competición, pero sigue con nosotros porque es la mascota de la cuadra y también un caballo especial del que, personalmente, he aprendido muchas cosas. Bastante bien lo está haciendo mi padre con el material que tenemos. Es una pena que no haya más propietarios”.


En la cuadra no hay ningún dos años. Por eso Román, a sus 23 años, y al igual que muchos otros aficionados y profesionales del hipódromo mira al futuro con inquietud; con la esperanza de que la situación mejore pronto, pero con la maleta a medio hacer por si decide dar un nuevo salto en su carrera. Un salto de altura. Porque, aunque su objetivo es seguir montando en liso, ya ha comprobado que los obstáculos no le dan ningún miedo. 

Junio de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales