jueves, 12 de noviembre de 2015

Sergio Vidal


SERGIO VIDAL, EL HOMBRE TRANQUILO

Sergio Vidal tiene en su preparación diez caballos, más o menos el mismo número que ha tenido siempre. Los éxitos obtenidos por El Topo no parecen haber cambiado la vida de este hombre tranquilo y afable, pero también franco y directo. Sergio reflexiona con nosotros sobre su larga trayectoria profesional, los acontecimientos recientes del turf en España y el futuro de las carreras de caballos.

DE ASPIRANTE A VETERINARIO A JOCKEY PROFESIONAL

El turf apareció en su vida de repente, como un fogonazo, siendo todavía un crío: “El padre de un amigo nos llevó a Lasarte una tarde a las carreras y me quedé prendado. Era verano, no tenía colegio y cada día me levantaba temprano para coger el autobús y ver los galopes. A los mozos y preparadores les hacía gracia ver allí a un chaval con cronómetro y prismáticos y pronto me hice amigo de todos. Ellos me daban soplos y yo se los pasaba a mi padre, al que fui aficionando poco a poco, y gracias a esos soplos acertó dos quíntuples”.



Con las 600.000 pesetas cobradas por una de ellas, su padre compró a Tantum, un caballo que había sido de Rosales, y con él aprendieron a montar Sergio y sus hermanos en el Club de Hípica. Un día le presentaron a Christian Délcher y después a su padre, Mauricio, que le subió a un caballo nada más verle, le puso los estribos cortos y le pidió que hiciese un cánter: “Al regresar me dijo que estaba listo para montar y me contrató. Mauricio se convirtió en una especie padre hípico para mí. Fue el mejor verano de mi vida. En septiembre nos fuimos al sudoeste francés, toda una excursión entonces, con Atlético, Carvin d’Auge y Jet Plane, a los que yo galopaba por las mañanas, y ganamos el Gran Premio de Biarritz. Estaba como loco con los caballos y decidí que ya no estudiaría Veterinaria, mi plan hasta entonces. Les dije a mis padres y a Mauricio que quería marcharme a Madrid para trabajar de mozo. Menudo revuelo se montó en casa y hasta el propio Mauricio me aconsejó que no lo hiciese, que éste era un oficio muy duro. Pero no le hice caso, en otoño me presenté en Madrid y él mismo acabó dándome trabajo”.



Debutó como gentleman con una yegua de Lorenzo Sanz llamada Écija y tardó en alcanzar su primera victoria. Fue con Bella Davina, preparada por Alfonso Pérez, en una tercera parte de hándicap: “Fue mi mayor alegría como jinete. A partir de ahí preparadores como Miguel Alonso y Enrique Bedouret me dieron bastantes oportunidades, en poco tiempo gané 14 carreras y entonces la Sociedad de Fomento, a petición de los jockeys de entonces, redujo a 15 el número de triunfos a partir de los cuales se perdía el descargo. No me quedó más remedio que hacerme profesional”.

A pesar de sus dudas iniciales, Vidal se convirtió entonces en jockey de la poderosa cuadra Alborada y su palmarés cobró lustre: Gobierno Vasco (cuatro veces), Gran Premio de San Sebastián, Cimera, Valderas y Oaks en solo unos años: “Tengo clavada la espina de no haber ganado la Copa de Oro a pesar de que estuve cerca varias veces, pero guardo muy buenos recuerdos de las victorias con Súa para la familia Font y con Wavy Run en un Gobierno Vasco donde batimos a Partipral, con Santiago Calle, y Alamtarah, con Walter Swimburn, en una de las mejores carreras que se han disputado jamás en España porque los tres primeros fueron ganadores de Grupo en Francia”.

Vidal fue de los primeros jockeys españoles en montar regularmente en Francia y llegó a ganar un listed con Okawango en Toulouse, pero las báscula y las secuelas provocadas por varias caídas le hicieron retirarse en 2006: “Cuando uno ya no pone toda la carne en el asador en cada la carrera por miedo a sufrir una caída más, significa que ha llegado la hora de dejarlo. Pienso que no logré todo lo que hubiese podido por falta de fortaleza mental. Era irregular. Cuando estaba en forma era capaz ganarlo todo, pero cuando las cosas no me salían sentía que paraba a los caballos. Fue mi gran limitación”.

Y APARECIÓ EL TOPO
 
Preparador desde el año 2000, Sergio siempre ha trabajado con pocos caballos. Algunos como Toledo, ganador de 15 carreras, o Bye Bye Blues, vencedor en Longchamp y del Gran Premio de la Teste, fueron notables ejemplares, pero ha sido El Topo el primer verdadero campeón que ha podido entrenar. Un caballo, curiosamente, por el que nunca hubiese apostado: “Nadie lo quiso en la subasta, sus propietarios se quedaron con él solo para sustituir a Crack y, cuando llegó a la cuadra, me encontré con un caballo que parecía inválido; era torcido, con unos aplomos horrorosos, además de vago y torpe; se tropezaba con todo. Llegué a pensar que jamás llegaría a correr. Pero en la pista, cuando empezó a entrenar con otros caballos, sacaba un buen golpe de riñones. Tenía motor. Y esa es la grandeza de los caballos. Nunca son una ciencia exacta”.

Durante el verano confirmó aquella impresión. Vizcaya le batió en el debut y un excelso Sir Andrew le metió nueve cuerpos en la siguiente, pero a la tercera se desquitó y a la cuarta humilló a sus rivales en el Gran Premio Milagro. Una nueva victoria en Francia en Cagnes-Sur-Mer, al principio de sus 3 años, le animó a disputar el Prix Montenica en Chantilly, un listed ante muy dignos caballos franceses: “Aprovechamos que El Topo ya tenía una carrera en el cuerpo y los demás reaparecían. Después de aquella victoria el caballo se vendió. Lo  comprendí y apoyé la decisión de los propietarios. Ahora se llama Celestial Nova y va a hacer cosas muy sonadas en Hong Kong. En Europa no llegó a demostrar lo bueno que era. O ganó fácil o perdió fácil. No tuvo ninguna carrera dura de verdad”.

El Topo ha sido hasta ahora el mejor caballo entrenado por Sergio Vidal


UN AÑO DIFÍCIL

A pesar de los triunfos de El Topo, Sergio Vidal ha vivido con amargura e incomprensión todo lo sucedido en el turf español durante la primera mitad del año: “No había argumentos válidos para suspender las carreras y el tiempo lo ha demostrado. No me parecía coherente desviar el dinero de LAE hacia los trotones y así lo manifesté, aunque después todo se llevó demasiado lejos y me entristeció que ambas partes no llegasen a un acuerdo. En San Sebastián entendíamos que se podían y debían dar carreras. Nos daba igual quién fuese el regulador y en eso coincidíamos con el Ayuntamiento, que hizo las gestiones necesarias, y después apareció el apoyo de LAE. Espero que al final no haya sido una temporada muy deficitaria”.
 
Sobre la creación del nuevo Jockey Club y el futuro del turf, reflexiona con cautela: “Sigo viendo incertidumbre. Un turf subvencionado por el Estado no puede durar toda la vida. Creo que la privatización no debe estar muy lejos y posiblemente eso fue lo que provocó la guerra por los derechos de imagen, la necesidad de tener el control de todo. La solución que se ha tomado ahora, si realmente funciona, habrá que darla por buena, pero se han corrido muchos riesgos y la fractura provocada en el turf ha sido muy grande. Se ha pagado un precio muy alto”.

A nivel deportivo, Sergio mantiene intacta la ilusión. Narru y Jai han viajado a Madrid para disputar las dos primeras jornadas del otoño: “El primero es claramente un caballo de distancia y el hijo de Gatz es mi ojito derecho. No correremos mucho más este año. Los caballos de menos nivel saldrán pronto de la cuadra. A cambio, espero amarrar tres o cuatro potros con orígenes a los que no estoy acostumbrado, entre ellos la hermana de Noozhoh Canarias y un hermano de Literato. Hasta ahora no he podido demostrarme a mí mismo lo bueno o malo que soy como entrenador, en parte por las limitaciones de Lasarte como centro de entrenamiento, pero tengo claro que no es el entrenador el que hace buenos a los caballos sino los caballos los que hacen bueno al entrenador”.

Octubre de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales






miércoles, 4 de noviembre de 2015

Jacinto Sánchez

JACINTO SÁNCHEZ, A LA SOMBRA DE LOS GRANDES

Jacinto Sánchez no se ha perdido una sola edición de la Copa de Oro. Desde 1966 viaja cada año desde el hipódromo de La Zarzuela, donde reside, hasta Lasarte para presenciar la carrera imprescindible del verano donostiarra. Tiene 74 años y una trayectoria profesional casi tan vasta como la historia del turf en España. Ha trabajado para los mejores entrenadores y propietarios de su época -Francisco Cadenas, Ramón Beamonte, Jesús Méndez, Villapadierna, José Luis de Salas, Ramón Mendoza, Bonifacio Vergara y Claudio Carudel, entre otros-, pero siempre ha figurado en segundo plano, como esos actores secundarios –y, sin embargo, indispensables- del mejor cine clásico.

EL NEGRO WILDSUN Y EL ALAZÁN RHEFFISSIMO

Jacinto nació en 1940, precisamente en San Sebastián, donde tuvieron que quedarse a vivir sus padres durante unos años, pues la sublevación militar del 36 les sorprendió en plena temporada de verano lasartearra. Perteneciente a la tercera generación de una familia dedicada al turf, se inició como aprendiz a los 16 años a las órdenes de Francisco Cadenas, preparador de la cuadra Beamonte: “No llegué a debutar en carreras porque en la cuadra había aprendices como Román Martín, Sabino Polo o Adolfo Barderas, que tenían mucho nivel”.

En 1958, los caballos de Ramón Beamonte, empresario de la construcción, pasaron a Jesús Méndez y Jacinto se marchó con él: “Comenzábamos a trabajar a las 5 de la mañana y terminábamos a las 10; así desde el 1 de enero al 31 de diciembre. Las únicas vacaciones que recuerdo son las que tuve cuando me casé. Todos los mozos vestíamos de uniforme: pantalón de montar y jersey verde, los colores de la cuadra. Don Ramón sabía mucho de caballos y era muy generoso. Cuando un caballo ganaba, el mozo que lo cuidaba recibía una propina de 200 pesetas. Ganábamos más en propinas que en sueldo”. Fue al año siguiente cuando Wildsun, montado por Claudio Carudel, ganó el Gran Premio de Madrid: “Era un caballo completamente negro, el mejor que teníamos, y yo era su cuidador. Gano el Gran Premio con 56 kilos, algo que no ha vuelto a hacer nunca un tres años”.

Con el negro Wildsun
Cuando su padre se retiró, Jacinto asumió las funciones de primer mozo en la cuadra: “Yo lo comparo con la tarea del segundo entrenador en un equipo de fútbol. Tienes que observar todos los días a cada caballo, comprobar que ha comido bien y que no sufre ningún percance. Los caballos son inteligentes y reconocen al mozo que les da cariño. Según los tratas, así te tratan ellos. A mediados de los años 70 llegamos a juntarnos con 85 caballos, todos los de Beamonte, Villapadierna y Mendoza, que eran muy distintos como propietarios. El Conde de Villapadierna era un señor, venía todos los días a la cuadra y tenía la costumbre de tocar el testero a los potros antes de debutar para saber si iban a ser buenos o no, y casi siempre acertaba. Ramón Mendoza, en cambio, no sabía de caballos, pero tenía buenos asesores y trajo muchos ejemplares de Chile que dieron un resultado fenomenal”.

Fue en 1976 cuando apareció Rheffissimo, precisamente el último fenómeno de Villapadierna, un alazán de apariencia nada llamativa, según recuerda Jacinto Sánchez, pero intratable en la pista: “No estaba bien criado; de potro lo vendían por 200.000 pesetas, que no era mucho dinero, y nadie lo quiso comprar. Estuvo un año escayolado y tardó mucho en debutar, pero yo confiaba en él y me lo confirmó ganando desde el primer día. En la pista era un monstruo. En España solo sufrió para ganar en el Gran Premio de Madrid. Luego encadenó la Copa de Oro, el Villamejor y el Memorial Duque de Toledo, y después se lo llevaron a Inglaterra, donde disputó varias carreras y fue tercero en Grupo III. Recuerdo el día que regresó a España; cuando llegó al box, le quité las vendas, acaricié sus tendones y le dije a Jesús con la mirada que nos habíamos quedado sin caballo. Creo que en Inglaterra le dieron mucha caña”.

Rheffissimo, el "monstruo" de Villapadierna


NUEVOS PATIOS

Después de 27 años de colaboración con Jesús Méndez, Jacinto dejó su cuadra para probar suerte con José Luis de Salas, que acababa de llegar de Estados Unidos: “Con él aprendí cosas nuevas. No forzaba a los caballos en los entrenamientos y tenía la costumbre de mantener sus extremidades vendadas dentro del box para evitar lesiones. Además utilizaba sueros y complejos vitamínicos que aquí no conocíamos. Antes los piensos eran muy simples. Solo contenían avena, habas y algo de cebada. La alimentación es lo que más ha cambiado en todo este tiempo”.

Después pasó varios años como primer mozo de Bonifacio Vergara, con quien ganó las Poules (Pepes y Caruchita, ambos en 1985) y el Derby (Adriático, en 1987); tuvo un breve encuentro con Gerardo Villarta y cerró su ciclo en el hipódromo con Claudio Carudel, con quien volvió a ganar el Derby gracias a Cumbrales (1994). Después llegó el mazazo: la noticia del cierre del hipódromo: “Pude ir a San Sebastián, incluso como preparador, pero mis hijos estaban estudiando y decidí quedarme. Me dieron trabajo en la Venta de la Rubia como cuidador de caballos de hípica, pero no me gustaba cómo se trataba a los caballos; trabajaban horas y horas sin descanso y lo dejé después de unos meses. Al final encontré trabajo como conserje de un edificio y allí estuve hasta que me jubilé”.

UNA CASA JUNTO A LA CURVA DEL PARDO

Desde entonces ha permanecido aferrado a su pequeño pedazo de tierra junto a la curva del Pardo, a escasos cien metros de la pista de hierba, observando con pesar cómo las 34 familias que en 1996 vivían en el recinto del hipódromo de La Zarzuela iban, una tras otra, abandonando sus casas: “Era triste ver cómo se tenían que marchar y los jabalíes entraban en los jardines y lo destrozaban todo. A muchos los realojaron en el barrio de San Fermín, pero a mí aquello no me gustaba. Vivo en esta casa desde el 7 de junio de 1958 y aquí espero seguir viviendo. Ya solo quedamos Gerardo Villarta y yo. He tenido tres juicios, he ganado dos y he perdido uno. Puede que un día de estos yo también me tenga que ir”.


Aunque no apuesta jamás, en Madrid Jacinto Sánchez no se pierde una sola jornada de carreras; solo tiene que abrir la verja de su casa, caminar unos metros y asomarse a la curva del Pardo; y en San Sebastián siempre estará esperándole su querida Copa de Oro.

Agosto de 2014 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

Finalmente Jacinto se tuvo que marchar del hipódromo y, desde hace unos meses, vive en Pozuelo de Alarcón. Pero no se pierde un solo día de carreras y acude entre semana siempre que puede. Continúa siendo uno de los mejores y más entendidos aficionados al turf que conozco.

Noviembre de 2015