lunes, 18 de enero de 2016

Hermanos Bolaños


Juan Carlos y José Luis Bolaños. 
Siempre Noozhoh, siempre Canarias
 
Dos años después de rozar el cielo (Prix Jean-Luc Lagardere, París, octubre 2013) Noozhoh Canarias y los hermanos Juan Carlos y José Luis Bolaños vuelven a pisar la tierra. El hijo de Caradak repitió en el Premio Ruban el mismo segundo puesto alcanzado entonces en Longchamp, pero entre ambas carreras media un abismo. Lo importante el pasado domingo, dicen los Bolaños, no consistía en ganar la carrera sino en recuperar al caballo. Y el caballo, al menos, luchó hasta el final por la victoria. Para unos propietarios acostumbrados a ver cómo sus ejemplares renacen de las cenizas –de Noozhah a Cielo Canarias- la confianza en el futuro de su caballo estrella parece seguir intacta.


José Luis y Juan Carlos Bolaños, junto a Noozhoh y Cielo Canarias. Imagen: Gran Premio


NOOZHAH, LA YEGUA DE FELIPE RAMÍREZ

Felipe Ramírez murió hace un año, pero en Gran Canaria todos le recuerdan. Era un aficionado al turf que solía comprar caballos en Inglaterra para sus paisanos de la isla. Los hermanos Bolaños le deben su afición del turf. Le deben, por supuesto, a Noozhah, el comienzo de todo: “Había traído a la yegua para un cliente de Las Palmas que después se aburrió de ella. Nosotros no sabíamos entonces nada de turf pero teníamos un par de caballos de paseo y nos ofreció cambiarle uno de ellos por Noozhah. Recuerdo –cuenta Juan Carlos- que el día de su debut con nuestros colores estaba temblando de los nervios en el paddock. Fue segunda, pero me di cuenta de lo que era vivir la emoción de una carrera de caballos”.

Juan Carlos y José Luis, dos de los ocho hermanos Bolaños, llevan desde entonces las riendas de la cuadra. En el hipódromo de Santa Lucía de Tirajana, la localidad de donde procede la familia, se divirtieron mucho con Noozhah –ganadora de siete carreras seguidas después de aquel debut de infarto- y Bellabellini, su siguiente fichaje: “En Gran Canaria hay muchísima afición. En todas las fiestas de los pueblos hay carreras. Antes eran de caballos cruzados pero ahora son todos purasangres. La gente compra caballos en Tattersalls para correr sobre el asfalto. A muchos no les importa no cobrar los premios. Lo único que quieren es correr”.

Noozhah, en Santa Lucía. Imagen: Simplementeuncaballo1

Noozhah se lesionó el día de su última victoria en Santa Lucía y los Bolaños pensaron que no volvería a correr, pero se recuperó y Felipe Ramírez les animó a probar suerte con ella en la península: “Nos parecía una cosa de locos, con la edad que tenía y lo delicada que estaba, pero al final hicimos el desplazamiento y contactamos con Enrique León. No le conocíamos pero él también estaba empezando como entrenador, era paisano nuestro y decidimos ayudarnos mutuamente. Ganamos en Madrid –la primera victoria de Pablo Gredilla- y San Sebastián y nos colocamos en el Benítez de Lugo. Estábamos preparando a Noozhah para correr la Mijas Cup cuando, un día que recuerdo muy bien, nos llamó Marta Varela para decirnos que se había roto definitivamente y no volvería a correr más. Venderla no fue fácil. Llamamos a varias puertas hasta que José Hormaeche decidió quedarse con ella para la Yeguada Milagro”.


CIELO CANARIAS, DE PEACEMAKER A CABALLO DE GRAN PREMIO

Bellaside fue la siguiente adquisición del Grupo Bolaños. La potra quedó segunda en su debut en un reclamar en Madrid y a José Luis le gustó especialmente: “Me enamoró en cuanto la vi. Comprarla fue una especie de impulso. Queríamos tener un dos años y acabamos divirtiéndonos mucho con ella”. Excelente velocista, Bellaside fue ganadora de listed en Italia y del Covarrubias en España, además de escoltar a Silverside en el Hispanidad, una carrera que acabaría ganando Cielo Canarias para Bolaños por partida doble: Cielo nos sorprendió a todos. Como al principio no destacaba mucho, le matriculamos en el Gobierno Vasco con la intención de marcar el paso para Stratvs Canarias, en quien confiábamos de verdad; pero perdimos a Stratvs por culpa de una simple castración y eso nos dejó una amargura muy grande. Nunca sabremos hasta dónde habría llegado. El caso es que al final Cielo corrió el Gobierno Vasco y ganó la carrera”.

Juan Carlos Bolaños recuerda también la victoria de Cielo en el Carudel, por el significado de la carrera que rinde homenaje al jockey más célebre del turf español, y la frustración que supuso no poder repetir triunfo al año siguiente: “Estaba preparando la carrera cuando se fracturó un menudillo. Decidimos operarle porque era Cielo y queríamos darle una vida digna, pero parecía imposible volver a correr. Se lo enviamos a Alberto Remolina y, sorprendentemente, se recuperó muy bien. Tiene dos tornillos que le acompañarán toda la vida pero, después de descansar este invierno, si el caballo quiere, seguirá corriendo un año más”.

NOOZHOH, LA GRAN APUESTA

Días antes de la subasta de Milagro celebrada en el otoño de 2012, los hermanos Bolaños visitaron los yearlings con la intención de comprar alguno de ellos, pero Noozhoh solo llamó su atención por ser hijo de Noozhah: “Otros nos gustaban más, la verdad, pero al final tiramos por el lado sentimental y el precio (11.000 euros) nos pareció bastante correcto”.

En la pista asombró desde que plantó sus cascos sobre ella, encadenando victorias en el Primer Paso, Martorell y Criterium de Bequet (Listed) antes de afrontar el Jean-Luc Lagardere, todo un Grupo I en el mejor escenario posible: “Después de ganar el Criterium, empezaron a llegar algunas ofertas, los medios de comunicación se interesaron por el caballo y recibimos muchos mensaje de ánimo de gente sin especial interés por el turf. El Lagardere lo afrontamos como una aventura. Solo estar allí era un sueño, pero en la recta –confiesa Juan Carlos- cuando apareció primero y parecía que ganaba, casi me da algo, fueron unos segundos de muerte. No fue posible, quizás por el tropezón o quizás Soumillon no tuvo su mejor día, pero no se puede criticar a un jockey de esa categoría”. El caballo se revalorizó y las ofertas por él se multiplicaron. Los Bolaños reconocen que alguna llegó a rondar el millón y medio de euros: “Lo pensamos, dudamos mucho pero dijimos que no. Teníamos un proyecto con Noozhoh y había una afición que respaldaba al caballo. La oferta era muy tentadora pero confiábamos en él”.

El Torre Arias, en la primavera del año pasado, Noozhoh recibió de esa afición todo el cariño posible y él respondió con una exhibición sobre la pista antes de atacar, de nuevo, las grandes carreras europeas. Aquella fue, sin embargo, su última victoria: “Corrió muy bien las Dos Mil Guineas. Los primeros 1400 metros, cuando los puso a todos en fila a un ritmo impresionante, fueron inolvidables. Pero aquella carrera y, sobre todo, la July Cup que disputó después, acabaron pasándole factura. Decidimos dejar el caballo en Francia para evitarle viajes, pero cuando llegó a Carlos Laffón no estaba en las mejores condiciones. Las cosas no han salido como queríamos pero a Carlos no hay nada que reprocharle, siempre nos ha tenido al día de todo. Intentó, creo que de manera inteligente, cambiar su manera de correr, llevarlo tapado para que respirase mejor, pero el caballo no lo aceptó, a Noozhoh le gusta sentirse líder y hay que dejarle galopar. Simplemente, en Francia no ha tenido suerte y por eso ha vuelto a España”.




Como preparador, los Bolaños han elegido a Alberto Remolina, cuyo centro de operaciones está en Laredo: “Conocimos su manera de trabajar cuando le llevamos a Cielo y nos gustó. Nos ha demostrado que se pueden ganar carreras entrenando en el mar, en un entono donde los caballos también disfrutan. Tenemos cuatro caballos con él y tres de ellos –Cielo, Tara y Destino- ya han ganado. Noozhoh solo lleva con Alberto 47 días y están conociéndose. Correr el Ruban ha sido decisión suya y también decidirá él si corre el Blasco. También ha elegido él que lo monte José Luis Martínez y lo compartimos. José Luis será su jockey siempre que quiera serlo. Lo importante ahora es que Noozhoh pase el invierno con buenas sensaciones. A veces hay que bajar el listón de los caballos para recuperarlos moralmente. Queremos que Noozhoh siga corriendo, que vuelva a ser el caballo que fue”.
 
Noozhoh Canarias. Invierno en Laredo. Imagen: Gran Premio



Un deseo posible todavía, sobre todo porque –a pesar de la relativa decepción que supuso no ganar el domingo- Noozhoh es todavía un caballo de cuatro años que no ha sufrido lesiones. Los Bolaños, además, saben que será difícil encontrar un ejemplar de su categoría en el futuro, aunque ya apuntan algunos nombres: “Estamos muy ilusionados con Destino Canarias, que es muy grande y no para de crecer. Ha salido de maiden y correrá la Copa de Criadores. Vamos despacio con él porque será todavía más interesante el año que viene. Y también nos gusta mucho el yearling Paraíso Canarias, un hijo de Bellaside (por Caradak), que ya está en las manos de Alberto Remolina”.

El apellido Canarias acompaña siempre al nombre de todos los caballos de Bolaños como homenaje a su tierra, pero nadie olvidará nunca que fue, sobre todo, Noozhoh quien puso el nombre de Canarias en la élite del turf mundial.

Octubre de 2015 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

lunes, 4 de enero de 2016

Fernando Savater


Fernando Savater, el turf sin filosofía


Cuando el pasado domingo Fernando Savater le entregó a Anthony Forde el trofeo por la victoria de Trywalkinmyshoes en la primera carrera, era difícil saber cuál de los dos sentía más orgullo. Para el propietario de Safsaf significaba la celebración de una nueva victoria en Madrid después de mucho tiempo. Para Savater era el merecido homenaje a su labor como divulgador del turf en España desde hace décadas: “El reconocimiento de mis amigos siempre lo he tenido y este premio lo considero un detalle, pero es verdad que me hace ilusión. ¡Qué caramba!, prefiero que una carrera de caballos lleve mi nombre a que me den, qué sé yo, un premio de Química. Siempre he tratado de echarle una mano el turf, pero en parte ha sido por puro egoísmo, porque es lo que me gusta y quiero que siga funcionado”.


UN LUGAR PARA LA EVASIÓN

Cuenta Fernando que a los 4 o 5 años ya iba al hipódromo de Lasarte de la mano de su padre y que le gustaba ver la primera carrera, que solía ser de vallas, pegado al seto: “De pronto, un jinete se cayó justo delante de mí. Era el Duque de Alburquerque, que montaba a Lady Chacolí y con el tiempo se convertiría uno de mis héroes hípicos. Es el primer recuerdo diáfano que tengo del turf. Después empecé a aficionarme a ciertos caballos. Me emocionó, por ejemplo, la victoria de Todo Azul en el Gran Premio de Madrid con 60 kilos encima, pero también me gustaban mucho Caporal, Reltaj y Quita, una velocista fabulosa que llegó a ganar muy buenas carreras en Francia. En aquella época era habitual encontrarse en el hipódromo de La Zarzuela con actores como Jack Palance y Eddy Constantine o futbolistas como Di Stéfano. Ahora se echan en falta ese tipo de personajes conocidos que ayudan a promocionar el turf” reconoce quién en la actualidad es, junto al cocinero Abraham García, el aficionado al turf más célebre de este país.

Entre los mejores caballos a los que ha visto correr en sus viajes por el planeta hípico, Savater cita los nombres de Sea Bird, Nijinsky, Frankel, Sea the Stars, Zarkava y Tréve, pero el domingo, durante el premio dedicado a Gonzalo Griñán, le sorprendí animando en plena recta final –a su manera, con suma discreción- al más humilde y viejo Argaly, que finalmente acabaría segundo: “Hay caballos que me caen muy bien y siempre apuesto por ellos. Argaly es uno de ellos. Le juego ahora que lleva una buena temporada igual que le jugaba cuando no estaba tan bien. Apostar forma parte del ritual del turf, pero juego muy poco dinero y, a veces, si la carrera es muy bonita, incluso se me olvida. No tengo ningún criterio especial. Me gusta ver los caballos en el paddock y fijarme en sus padres. De muchos he visto correr a los abuelos y tatarabuelos. Prefiero perder con un caballo que me resulta simpático antes que ganar con uno que no me dice nada”.


Fernando y Abraham en el paddock de La Zarzuela

Un domingo de carreras para Savater consiste en una placentera jornada de ritos más o menos repetidos. Suele acompañarle su hermano -y fiel compañero de aventuras hípicas- y le gusta ver las carreras frente al espejo de meta, sin apartar los ojos de sus prismáticos. En el hipódromo procura olvidarse de todo lo demás: “Es mi mundo, mi pequeño paraíso. Para las carreras no aplico ninguna ciencia y menos aún la filosofía. Solo el corazón, como hizo Shakespeare en sus ’Trabajos de amor perdidos’. Hay quién se toma el turf muy en serio desde el punto de vista crematístico, pero a mí eso me aburre. Me siento distante de la gente que dice entender mucho de algo porque yo nunca he entendido mucho de nada”.

LA GLORIOSA INCERTIDUMBRE DEL TURF

Autor de dos joyas literarias dedicadas al turf –‘El juego de los caballos’ y ‘A caballo entre milenios’, en 2008 obtuvo el premio Planeta por ‘La hermandad de la buena suerte’, novela de aventuras ambientada en un hipódromo inconcreto que se cerraba abruptamente cuando los caballos participantes en la Gran Copa abordaban la recta final y el héroe, Espíritu Gentil, ocupaba la cuarta posición. Resolvió el enigma cuatro años después en su novela ‘Los invitados de la princesa’, pero el clímax alcanzando en ‘La hermandad’ y su incierta conclusión resumen una idea a la que Savater siempre recurre, la gloriosa incertidumbre del turf. Lo hace también para hablar del último Arco: “Si estuviéramos seguros de la victoria de un caballo, no tendría ninguna gracia. Ni siquiera el origen es a veces importante. Mira Golden Horn. Sus padres eran velocistas puros y hasta es difícil encontrar en su genealogía un caballo que llegue a la milla. Pues resulta que él hace maravillosamente 2.400 metros. Lo doloroso de aquella carrera no es que la perdiese Tréve sino que en el futuro nos acordemos de Tréve por su derrota, olvidando todo lo que había ganado antes. Las derrotas de los caballos que parecen invencibles son parte del encanto del turf”.

Una trilogía imprescindible para cualquier aficionado al turf

El País fue –gracias, por supuesto, a Savater- uno de los poquísimos medios españoles que informó sobre la gran carrera de Longchamp, lo que invita a otra reflexión: “Cuando les envié la columna, me dijeron: pero bueno, ¿quién es Tréve? Y les respondí que no se preocupasen por eso, que los interesados seguro que lo sabían. Me gusta escribir sobre las carreras pero en España lo difícil es que te dejen hacerlo. Resulta inaudito que los periódicos informen sobre una regata en Nueva Zelanda y ni tan siquiera den los resultados del domingo en el hipódromo. Tampoco hablan de Ioritz Mendizábal, un chico de Oyarzun que ha ganado varias veces la Fusta de Oro en Francia, o de los éxitos de caballos españoles en carreras de Grupo. Es como si hace cincuenta años nos hubiesen ocultado los triunfos de Manolo Santana y solo pudieran enterarse quienes iban a las pistas de tenis”.

En semejantes circunstancias, Savater sale en defensa del desamparado aficionado español al turf: “Ser turfista en Irlanda, con una tradición tan antigua y arraigada, no tiene mucho mérito. Defender las carreras en España sí que lo tiene, como demuestra que hayamos sobrevivido a diez años de parón y la gente haya seguido invirtiendo en caballos. Aquí la afición es mucho más dura y combativa que en ninguna otra parte. Cuando se ha hecho una promoción acertada de las carreras, permitiendo la entrada libre, el hipódromo se ha llenado. Así pasó el primer día de la temporada, aunque paradójicamente nos sentíamos algo incómodos de tanta gente como había”.

La incertidumbre del turf resulta menos gloriosa cuando, en lugar de las carreras, tenemos que hablar de las estructuras que sostienen las carreras. Aunque el escritor, elegido presidente del Consejo Asesor del Jockey Club Español, confía en su porvenir: “Espero que se resuelvan los problemas legales que ha habido y avancemos en lo positivo. En España hay caballos, profesionales y propietarios muy decididos, aunque parece que también hay gente más dedicada a enredar que a resolver las cuestiones. Si nos dejan y no aparece ningún cernícalo empeñado en cerrar otra vez el hipódromo, habrá futuro”.

A Fernando Savater, que ya busca con la mirada a los participantes en la siguiente carrera, le hago una última pregunta: ¿Por qué, después de 60 años de afición, nunca ha sido propietario?. “Es algo que siempre me ha atraído. Lo que me ha retraído es la ausencia de dinero (dice entre risas). Además, de este modo siento que todos los caballos son míos y puedo elegir al que yo quiera”.

Octubre de 2015 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales