martes, 31 de enero de 2017

Miguel Ángel Ribera

Miguel Ángel Ribera: el turf en varias dimensiones

Hace unos días Miguel Ángel Ribera regresó al hipódromo de La Zarzuela. Tenía varios pretextos para viajar desde Sevilla: reencontrarse con los viejos amigos, disfrutar del Gran Premio de la Hispanidad que ganó Almorox y ver correr a su caballo, Dalan Rey, en el Premio Revista Pura Sangre, la publicación que él mismo fundó en los años setenta. Aficionado, propietario, subastador, cronista hípico, criador, preparador, directivo en los órganos de gestión del turf. Salvo jockey, Ribera ha abarcado el mundo de las carreras de caballos en todas sus dimensiones. Este artículo no puede ser más que un simple esbozo de su trayectoria.

LA PRIMERA ESCAPADA

Primavera de 1957. Miguel Ángel Ribera estudia en El Escorial. Ha sido castigado junto a un amigo por escaparse de clase y se le prohíbe pasar pasar el fin de semana en Madrid. Su amigo resulta ser hijo de Luis Benítez de Lugo, Marqués de la Florida. Es domingo y Roque Nublo corre el premio Torre Arias: “Oye, Miguel, ¿has estado alguna vez en el hipódromo? ¿no, verdad?, pues hoy corre un caballo de mi padre, así que vamos a escaparnos otra vez. Te gustará” Aquel domingo, Roque Nublo, del Marqués de la Florida, gana el Torre Arias y Ribera descubre el poder adictivo del turf: “Conocí a Barreiros, el preparador, y a Ponciano Polo. Me dejé asesorar por ellos y gané dinero en casi todas las carreras. El hipódromo me pareció una bicoca y empecé a ir todos los días”.

De aficionado a propietario. En 1968 funda la cuadra Luchana y compra a Donegal, su primer caballo, al que hace ganar Claudio Carudel, aunque Miguel se declara abiertamente romanista: Carudel no exprimía a los caballos y yo, que era un propietario modesto, me enfadaba cuando perdía una colocación por ese motivo. Pero luego se bajaba de la silla y te decía: el caballo está bien, la próxima la pelea seguro. Román Martín, en cambio, era muy enérgico y, si te podía sacar un tercero o un cuarto, te lo sacaba. Acabó uniéndonos una gran amistad. Nos veíamos cada día en el bar de los jockeys de Aravaca y, cuando dudaba entre varias montas, solía pedirme que le enseñara mis tablas, que eran muy fiables. Aunque luego, con el carácter que tenía, siempre decidía él. Si conocía al caballo, no creo que nadie, ni siquiera Jesús Méndez, le haya dado nunca órdenes”.

Su mejor caballo de aquella época fue Adeje. Se lo vendió precisamente el Marqués de la Florida y ganó el premio Ayuntamiento de Madrid en 1969 y el Gran Premio de Sevilla en 1971. En aquellos años Ribera empieza a escribir en diferentes revistas hípicas.

PURA SANGRE Y LA ROSALES

Una de ellas es Gran Premio, del popular Quilates, fallecido en 1973; otra, de la que guarda un gran recuerdo, es La Zarzuela: “La fundó Gilerita y es la revista hípica más completa que he conocido. Cuando creé Pura Sangre, en 1974, sabía que sería deficitaria, así que empecé a buscar la imprenta más barata que hubiese en Madrid. En una de ellas conocí a su dueño, Lorenzo Sanz. Entonces no iba mucho al hipódromo pero se mostró interesado, se asoció conmigo y fue aficionándose poco a poco a las carreras. El primer artículo que escribió fue una crítica a Ramón Mendoza, mucho antes de que se hiciesen amigos. Pero es que en aquella época nosotros éramos “rosalistas”, mientras que Corta Cabeza, la revista de la familia Griñán, era “mendocista”. Había mucha rivalidad y el público compraba una u otra según sus preferencias, aunque los muy aficionados siempre compraban las dos. Tuvimos nuestros encontronazos, pero era una rivalidad amistosa. Recuerdo que Ota Griñán ayudó mucho a mi familia cuando me tuve que ir a Chile en 1980”

Años 70: la rivalidad de Rosales y Mendoza se traslada a las revistas hípicas.



Ribera disfruta como nunca de su rosalismo un fin de semana de 1976, cuando acompaña a Antonio Blasco al meeting del Arco para ver correr a Dona Barod en el Prix L’Opera: “Antes de la carrera quiso venderlo. Pedía 500.000 francos y un representante francés le ofreció 400.000. Rehusó la oferta, disputó el gran premio y lo ganó. Fue la carrera más espectacular que recuerdo. En aquella época no era habitual salir al extranjero y ganar, y menos aún una carrera de ese nivel. Por la noche, mientras cenábamos en un restaurante de París, se acercó de nuevo aquel representante y le ofreció a Blasco 800.000 francos por Dona Barod. Antonio le dijo: ayer te lo habría vendido por 500.000; hoy, ni por 800.000 ni por un millón”.

DE CHILE A ANDALUCÍA

En 1980 se marcha a Chile y le hace una promesa a Rosa, su mujer: a cambio de que ella y los chicos le acompañen en la aventura, él se comprometía a olvidarse de los caballos. La promesa se rompe al poco tiempo: “Al principio la cumplí, pero allí hay muchísima afición y carreras todos los días, así que íbamos al hipódromo. Un día fuimos a una subasta porque un cliente se empeñó en tener un caballo a medias conmigo y a Rosa le di algo de pena: vale, te dejo comprar uno, me dijo. Al final salí de la subasta con cuatro y todo volvió a empezar. Tuve caballos excelentes, como Akram, que fue tercero en el Derby de Chile después de ganar la preparatoria, y me dediqué también a la cría. A España traje caballos como Pier Luigi. La cuadra Luchana estuvo corriendo en Chile hasta 1993”.

De regreso a España, un amigo le anima a dar un paso que antes no se ha planteado pero que no considera una locura. Convertirse en preparador: “Yo siempre había estado muy encima de los caballos. Aprendí mucho de Paco Galdeano, de Miguel Alonso y de Ricardo Jurado, el mejor cuidador de caballos que he conocido. Y, aunque la última palabra siempre la tenían mis preparadores, me gustaba opinar de todo. Tenía mis caballos con Ricardo y no quise quitárselos, así que empecé con una yegua de Álvaro Soto llamada La Larga. Nos fue bien y empezaron a llegarme más caballos, hasta que decidí que nunca tendría más de quince. Con Ribeira, la mejor de todos, gané cuatro carreras seguidas en las playas –Gran Premio de Sanlúcar incluido- y fui dos veces campeón de la estadística de Sevilla. Tuve cuatro o cinco años muy buenos, coincidiendo con el cierre de Madrid. De todas las cosas que he hecho en el hipódromo, preparar es de la que más orgulloso estoy. Cuando ganas como propietario no piensas en el dinero de la carrera, sientes la misma alegría tanto si es un gran premio como una carrera pequeña. Pero cuando ganas como preparador -o como jockey- sabes además que parte del mérito es tuyo”.

Dalán Rey luciendo los colores de la cuadra Luchana medio siglo después de su creación.
Imagen: Trío Reversible



Como propietario, calcula que ha participado en cerca de 20 cuadras tanto en España como Chile. Actualmente tiene un pequeño porcentaje de Huerta Grande y los colores de la cuadra Luchana, próximos a cumplir 50 años, siguen luciendo en los hipódromos gracias a Dalan Rey: “Siempre tendré caballos. Moriré teniendo caballos”. ¿Y el presente del turf, como lo ve Miguel Ángel Ribera después de tantos años?: “Ha habido épocas mejores, pero también las ha habido peores. El futuro está difícil porque dependemos de la situación general del país y de Europa, que no es nada halagüeña. Y el turf es un hobby. El único deporte de reyes que queda en el mundo”.

Octubre de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales