viernes, 30 de diciembre de 2016

Más allá del paddock

El tweet cayó como una losa. No me lo esperaba. Algunos se agarraban a la posibilidad de que se tratase de una inocentada, pero yo sabía que eso no era posible. Julio nunca hubiese bromeado con un asunto tan serio. La decisión estaba tomada.

Conozco a Julio y Fernando desde principios de los años 90, cuando me animé a participar en el concurso de pronósticos de prensa y radio. En aquella época hacía mis prácticas en pequeños medios de comunicación al tiempo que estudiaba Periodismo en la UCM. La calle Lérida donde se imprimía Recta Final estaba a mitad de camino entre la Facultad y mi casa, así que cada martes a mediodía les hacía una visita, leía con detenimiento los partants del domingo e intentaba afinar mis pronósticos (generalmente fallidos), mientras observaba cómo trabajaban a toda velocidad para poder tener la revista en la calle cuanto antes. Un día, armado de valor, me ofrecí a echarles una mano. Fernando me señaló con ironía el lugar dónde estaba la escoba. Después me explicó que, a pesar de la larga lista de redactores y colaboradores que aparecían en la primera página, la revista la hacían básicamente entre tres personas. Aquello no daba para más.

Recta Final desapareció y apareció A Galopar. La Zarzuela cerró y durante un tiempo me olvidé del turf. Cuando volví, unos años después, allí seguían. No sé cómo, pero habían resistido. Y, 20 años después del tímido escarceo de la calle Lérida, fueron ellos quienes me ofrecieron colaborar en la revista. Julio me propuso escribir un artículo semanal de opinión. Dudé si debía aceptar porque siempre he creído que para opinar sobre un tema es imprescindible manejar muchísima información -y yo, que siempre me he acercado al turf más como aficionado que como periodista, nunca la he tenido- así que le propuese una alternativa más modesta: escribir una serie de reportajes sobre personajes del mundo de las carreras a partir de charlas más o menos informales. Le pareció una buena idea. La sección se llamaría Más allá del Paddock.

Nos pusimos manos a la obra. Algunos nombres los sugería yo. Otros los proponía Julio. Buscábamos el consenso, descartando de entrada a los entrevistados habituales y a los que acaparaban las portadas de la revista –generalmente, jockeys y preparadores en los puestos de honor de la estadística- para dar entrada a personajes menos conocidos del mundo del turf o, en ocasiones, injustamente olvidados: jinetes amateurs, profesionales retirados, criadores modestos, propietarios de diversa índole, jóvenes promesas, mozos de toda la vida, aficionados singulares, fotógrafos, periodistas… La idea era saber algo más de esas personas con las que nos cruzábamos cada domingo en el hipódromo. Poder compartir sus historias. Recordar cómo llegaron al turf. Descubrir sus sueños. Desvelar a veces su desencanto.

Por Más allá del paddock pasaron Jaime Gelabert antes de logar su primera victoria como aprendiz y Félix Sanz cuando ya solo tenía un caballo en competición. Valentina Burgueño cuando comenzó a preparar y Mauricio Délcher cuando dejó de hacerlo. A Marcos Carmena lo entrevisté en la misma Tribuna Norte donde ambos habíamos presenciado miles de carreras. A Fernando Savater, siempre pendiente de cada detalle de las carreras, le perseguí por medio hipódromo hasta que por fin nos sentamos y respondió con amabilidad, modestia y sentido del humor a cada pregunta. La charla más larga la tuve con Carlos Pellón, aunque Abraham García debió quedar a menos de un cuello de distancia. La más escueta e improvisada fue con Uma, que al día siguiente compensó la brevedad con una generosa misiva. La más emotiva se produjo, sin duda, con Miki y Fernando Font porque el recuerdo de su hermano Pablo sobrevoló cada frase que se dijo aquella soleada mañana. La memoria de José Carlos Fernández también estuvo muy presente durante la distendida conversación que mantuve con Eduardo Fierro

Si algo siento es no haber podido dedicar más reportajes a turfistas de otras latitudes, aunque a veces aprovechaba los viajes a Madrid de Sergio Vidal, Alberto Remolina o Ramón Avial para robarles parte de su tiempo. Sería imposible mencionar a todos los personajes que han pasado por la sección, pero quiero agradecer a todos, sin excepción, tanta generosidad y paciencia. He reproducido en esta web muchos de los textos publicados en la revista porque siento que es la manera de que perduren en el tiempo y puedan ser consultados con facilidad por cualquiera que lo desee. Debo dar las gracias también a los lectores. 26.000 visitas recibidas desde que comencé a publicar artículos me parecen muchísimas para un blog de turf.


Soy consciente de que muchas historias del turf están todavía por contar y me gustaría continuar la tarea algún día. Pienso, por ejemplo, que Julio Díez y Fernando González, siempre discretos pero siempre inasequibles al desaliento, devotos de esa misteriosa religión llamada turf, merecen un gran capítulo. Y espero que no sea el último.

(Un hipódromo sin revista de turf sería como una película sin guion)

Carlos Guiñales

jueves, 15 de diciembre de 2016

Ignacio Melgarejo

Ignacio Melgarejo: El joven Señor Fegentri

Ignacio Melgarejo. Imagen: Fegentri
Aunque solo tiene 18 años, Ignacio Melgarejo lleva muchas horas de turf en la mochila. Cuando habla de caballos –con ese desparpajo sevillano tan convincente- parece un veterano. Los meses compartidos con Carlos Laffón en París le han hecho madurar muy rápido como jinete y como persona, y aunque él dice que le gustaría tomarse el turf con más calma, reconoce que apenas piensa en otra cosa. Liderar a su edad el Camepeonato del Mundo de la Fegentri parece motivo más que suficiente.


DOS DE DOS

Los caballos siempre han formado parte de su vida. Desde que su padre le llevaba en la silla cuando salía a montar y él se quedaba allí dormido, hasta que empezó a ir a los hipódromos de Pineda y Mijas con su primo Alvarito Soto y su tío Álvaro, y alucinaba viendo los nombres de Jorge Horcajada, Borja Fayos o José Luis Borrego grabados en los breeches. Entre los diez y los catorce años estuvo jugando al polo y llegó a participar en algún raid, pero lo que le hizo ver el futuro con claridad sucedió cuando le subieron a lomos de Guambiano, el caballo de Roberto Cocheteux, y sintió que no lo podía parar: “Tenía 13 años y aquella sensación era totalmente diferente. No sabría explicarlo. Era adrenalina pura, ¡tanta velocidad…! Aquel día tuve claro que quería ser jockey”

Durante tres años se preparó para ello. Manuel Álvarez y Álvaro Soto le enseñaron todo lo que debía saber antes de su debut: “Me decían que lo más importante era mantener al caballo relajado, poder hacer un cánter y no pelearte con él. Yo me fijaba sobre todo en Alvarito. No conozco persona con mejores manos que él para los caballos. Del debut apenas me acuerdo. Fue en enero de 2104 con Usaquen, que era como el niño mimado de la cuadra, pero pasó todo muy rápido. Solo recuerdo cruzar la meta y darme cuenta de que había ganado”.

El día de su debut. Imagen: Andalucíadeporte,org


Fue una carrera contra jockeys y la monta de Ignacio Melgarejo llamó la atención. Usaquen, que no partía como favorito, remontó de último a primero. Fue en Dos Hermanas y allí estaba toda su hinchada sevillana, la misma que dos semanas después regresó para verle montar a David’s Divina en una carrera de aficionados. Volvió a ganar: “Ese día lo hicimos de punta a punta. Ganar otra vez en mi casa, delante de mi familia y mis amigos, fue algo increíble”.

EN PARÍS CON LAFFÓN

Imposible mantener el listón a ese nivel. La tercera victoria no llegó hasta bien entrado el verano –Fue con Finley Connolly, también de su preparador y mentor, Manuel Álvarez- en la playa de Sanlúcar. Fue durante el primer verano que Melgarejo estuvo en Francia con Carlos Laffón: Carlos es muy amigo de mi familia y me acogió muy bien. Pasé con él los meses de verano en 2014 y 2015 para preparar la temporada de Sanlúcar. Y después volví entre noviembre del año pasado y junio de este año porque, al terminar el colegio, decidí tomarme un año sabático para aprender francés. Por las mañanas montaba en los galopes y por las tardes iba a una academia”. Meses bien aprovechados. Ignacio mejoró su estilo a caballo, absorbió cómo una esponja todo lo que Laffón le transmitía, aprendió mucho de Peslier: Carlos me ha enseñado desde cómo tratar a los caballos a cómo vestirme para un día de carreras. En galopes me dio la oportunidad de montar a grandes caballos como Attendu (ganador de Grupo III), Left Hand (2ª del Diane) o Aktoria (ganadora de listed). En carreras monté en Saint Cloud, Chantilly y Maissons-Laffitte, y estuve dos veces tercero y una vez cuarto. Creo que he mejorado mucho mi sentido del paso. La forma de arrear y la colocación son horas de vuelo, pero el sentido del paso es lo más importante. Me gustan mucho Soumillon, Demuro y, sobre todo Olivier Peslier, que además de un fuera de serie es un tío muy simpático. Es un turf que está a años luz del nuestro”.

Cuando regresaba a España, intentaba mejorar su formación. Una frase define bien su inconformismo: “Aprendo más de las derrotas que de las victorias. Con Komedy, por ejemplo, me equivoqué al montarle en el Santiago Galaz. Tiraba mucho, se fue hacia adentro, me golpeé con otro y al final tuve que sacarla demasiado hacia fuera. Y la carrera de Kurdo en la Fegentri me la comí con papas”. De su victoria con Lince, en cambio, se muestra orgulloso: “Fue la primera en La Zarzuela y es un caballo al que tengo mucho cariño. Yo entonces estaba más verde que ahora y la sensación de ganar en Madrid fue increíble. Además no es un caballo fácil de montar. Lo conocía de los galopes y sé que siempre tira y tiende a irse hacia afuera. A los caballos intento transmitirles tranquilidad. Creo que es mi principal cualidad”.

El joven jinete sevillano en Sanlúcar de Barrameda. Imagen: Turfsanlúcar.blopstpot.com


EN LA FEGENTRI

Ignacio Melgarejo tiene ahora el difícil reto de igualar lo conseguido el año pasado por Gonzalo Pineda, campeón mundial de la Fegentri en 2015: “Fue Don Rafael Martínez, presidente de AEGRI, quien contactó con Manuel Álvarez para saber si yo estaba interesado en representar a España y desde el principio les dije que estaría encantado. Por ahora voy primero en la clasificación”. Melgarejo, ya familiarizado el turf inglés y francés, está conociendo hipódromos muy diferentes gracias a la experiencia: “He montado en Cagnes-Sur-Mer, Zurich, Hamburgo, Nápoles y Strömshold, que me gustó mucho porque me recordó a Sanlúcar. Hacen la pista de carreras en mitad de un bosque cercano a Estocolmo y el ambiente es muy familiar y festivo. Allí coincidí con José Lopera, que me atendió divinamente. En la carrera estuve tercero pero me divertí mucho”. Algo parecido habrá vivido este fin de semana en Loredo, donde ha logrado su primer triunfo en el campeonato con Cielo Canarias y las carreras tienen también ese colorido que a veces se echa en falta en los hipódromos, un toque popular que congenia muy bien con el amateurismo de amazonas y gentleman: “Pero en la Fegentri –advierte Melgarejo- hay mucho nivel. Fabris, el checo que me batió en Madrid, es muy alto y tiene problemas de peso, pero montando es un fuera de serie. Schiergen, el alemán, tiene mi edad y ya ha ganado 82 carreras. Y luego está el francés, que sabe leer muy bien las carreras”.

Melgarejo reconoce, sin embargo, que le gusta más montar con jockeys: “Se aprende más y siempre te dan buenos consejos. José Luis, Vaclav, Borja o Urbina, con el que también he montado, no tienen nada que envidiar a muchos grandes jockeys que montan en el extranjero”. De sus palabras podría interpretarse que ya piensa en dar el salto al profesionalismo, aunque por ahora prefiere tomárselo con calma: “En otoño empiezo a estudiar Dirección y Administración de Empresas, lo que me tendrá ocupado cuatro o cinco años, pero no quiero cerrarle puertas a nada. Quiero seguir montando todos los días porque –como dice Manolo Álvarez- para montar en carreras antes hay que montar a diario en galopes”. Con el peso además no parece tener muchos problemas: “Puedo montar a 55’5 kilos, me cuido bastante porque soy comilón, pero nunca lo llevo a límites que puedan perjudicar mi salud”.


Antes de acabar nuestra charla (mantenida poco después de ganar con Risby en Madrid el pasado jueves) le pregunto por su mayor ilusión como jinete: “Me gustaría mucho ganar una carrera en París para Carlos Laffón por todo lo bien que me ha tratado siempre. Y bueno, también me gustaría ganar este año la Fegentri”. Dos deseos que muy bien podrían cumplirse.

Julio de 2016 (publicado en A Galopar)

Carlos Guiñales

NOTA: Hoy, 15 de Diciembre de 2016, Ignacio Melgarejo se ha proclamado Campeón del Mundo de Jinetes Aficionados. La mitad del sueño se ha hecho realidad. ¡Felicidades, campeón!