miércoles, 24 de septiembre de 2014

Jacinto Santos. Rosa de Lima.

JACINTO SANTOS: LA AFICIÓN, LO PRIMERO.

Casi cuatro décadas separan la victoria de Turín en el Premio Héctor Licudi, disputado en La Zarzuela en 1972, del de Aka Bay en una carrera celebrada en Pau en 2008. Ambos caballos defendieron los colores de la cuadra Rosa de Lima, cuyo propietario es Jacinto Santos, uno de los mayores aficionados a las carreras de caballos que existe en España. La chaquetilla roja con lunares blancos permanece ahora guardada en un armario, esperando que el viento sople a favor del turf para vestirla de nuevo.

HISTORIA DE UNA CUADRA.

Jacinto Santos comenzó a frecuentar el hipódromo a mediados de los años 60, pero fueron los duelos que en 1967 mantuvieron dos enemigos íntimos, Maspalomas y La Scandalossa, –Ferial se sumaba en algunas ocasiones- los que terminaron por apuntalar su afición: “Se hablaba mucho de caballos; no solo el domingo, sino todos los días de las semana. Íbamos de cola en cola para recoger las listas de pesos, participantes y el programa definitivo en Fernanflor, la Puerta del Sol y el hotel Mindanao. Los sábados siempre teníamos poule”.

Convertirse en propietario fue solo un paso más: “Uno de mis amigos era, a su vez, amigo de la Duquesa de Valencia. Le compré dos caballos, Turín -que ganó la primera carrera de amazonas que se disputó en España- y Ánsar; La cuadra Aragón nos vendió a Pamour y empezamos a criar con ella. Resultó ser una excelente reproductora”. En efecto, del cruce con su admirado Maspalomas nació Yuppi Du, y del emparejamiento con Todo Azul surgió Melody, dos de los caballos que más alegrías le dieron. En sus tiempos de bonanza, la cuadra Rosa de Lima –cuyo nombre, por cierto, hace referencia a la Santa Patrona de la capital del Perú- llegó a tener doce caballos: “Uno de los mejores fue El Brujo. Se lo compré a Ramón Mendoza, con quién tenía una buena amistad. Llegó a correr el Gran Premio de Madrid en 1987. Con Milord corrimos la Copa de Oro en 1986. Paulino García, que fue su jockey aquel día, me confesó mucho después que podía haber ganado la carrera de no haberse cebado en punta con Hunting Star. Vino a pedirme disculpas y todo”.

Melody Singer logró posiblemente la victoria más importante de la cuadra al imponerse, con solo dos años, en el Premio Blasco de 1991. El vídeo de la carrera –cortesía, una vez más, de Príncipe Duero y Fylo- muestra cómo Melody Singer, conducida por Mariano Hernández, apareció como un misil en los últimos doscientos metros para arrebatarle la victoria a Don´t Leave Me y Fon Ruler en un electrizante final: “Me hizo mucha ilusión, pero vi la carrera muy tranquilo. Cuando llevas tanto tiempo viendo correr a tus caballos, ya no te pones nervioso. Además, Conchita Mínguez, su preparadora, me había dicho que con ese peso no podía perder”.

Melody Singer, ganadora del Antonio Blasco para la cuadra Rosa de Lima.


Hacer inventario de nombres cuando se han disputado tantas carreras es tarea imposible, pero Jacinto hace memoria y menciona ciertas preferencias: “Entre los caballos, recuerdo mucho a Bolshoi Kosack, que era vallista, negro y poderoso; Solid Phase, que batió a Pentágona después de disputar tres carreras en una sola semana; o Atlético, que ganó el Gran Premio de Biarritz; Entre los jockeys, siempre he tenido especial cariño por Tolo Gelabert, pero Medina, Ceferino Carrasco, Mariano Hernández y Mongelluzzo también han montado mucho para mí. La lista de preparadores es igual de larga: Luis Maroto, Jesús Méndez, Gualberto Pérez, Mauricio Délcher, Julio César Martínez, Claudio Carudel… Y, entre los hipódromos, me gustaba mucho correr en Lasarte, donde nos han tratado siempre de maravilla”.

MÁS ALLÁ DE LA AFICIÓN.

Con su familia, después de recibir un trofeo.
Si tuviese que escribir una biografía de su propia vida, las carreras de caballos ocuparían una parte esencial. Pero, tal como les sucede a otros aficionados veteranos, las carreras trascienden lo personal para convertirse en algo más que un hobby: “Cuando nuestros hijos eran pequeños los traíamos. Era una manera de convivir con ellos los fines de semana. Siempre he oído decir que el hipódromo es clasista, pero quienes dicen eso no lo conocen. Es el sitio más apolítico que he conocido en mi vida”.

Además de gran cinéfilo, Jacinto Santos es productor cinematográfico. El hipódromo le ha servido para ampliar su círculo de amigos y colaboradores. Con uno de ellos, Fernando Savater, ha filmado Lugares con Genio (2011), una serie documental a caballo entre el viaje y la literatura. Y en el propio recinto madrileño ha rodado escenas de algunas de sus películas, tales como La zorra y el Escorpión (1983), La avispita Ruinasa (1983) y un peculiar Otelo (1982) con Tony Curtis como protagonista. “No tenían nada que ver con el turf, pero cualquier excusa es buena para rodar en el hipódromo. Es un escenario fantástico”.

Uno de los tesoros que mejor guarda es su colección de películas de temática hípica, lo que sirve para recordarnos el excelente material que ha proporcionado el universo del turf a la historia del cine, tanto cuando ha adaptado hechos reales -Reto al destino (1984), Seabiscuit, más allá de la leyenda (2003), Secretariat (2010)- como cuando ha servido para ambientar magníficas ficciones –Saratoga (1937), Atraco Perfecto (1976), El corcel negro (1979)-, por citar solo algunos de los títulos más relevantes.

Ahora, como todos los buenos aficionados, se siente preocupado por la situación que atraviesa el turf en España: “La apuesta exterior no llega y a los grandes hipódromos cada vez acude menos gente porque las apuestas se hacen en internet. Lo que pediría es un poco más de cariño por parte de los hipódromos hacia los propietarios y profesionales que llevamos 40 años contribuyendo a que haya carreras en España”.


Jacinto, que fue miembro de la Sociedad de Fomento hace muchos años, lamenta también su situación actual: “Me da mucha pena, pero la Sociedad ya había entrado en estado vegetativo en 1992, cuando el contrato que había con Patrimonio Nacional paso a manos del hipódromo de la Zarzuela. Espero que ahora las cosas mejoren. Me gusta hacer tablas y apostar. Pero no descarto volver a tener caballos algún día, aunque el simple hecho de poder venir a las carreras cada domingo es para mí un motivo de alegría”.

febrero de 2014 (publicado en A Galopar).

Carlos Guiñales

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